Yes, Giorgio
“Yes, Giorgio” (1982) de Franklin J. Schaffner con Luciano Pavarotti, Kathryn Harrold, Eddie Albert, Paolo Baroni, James Hong, Beulah Quo, Norman Steinberg, entre otros.
Comedia musical, basada en la novela homónima de Anne Piper, publicada en 1961; sobre un cantante de ópera que se enamora de una foniatra.
Producida al estilo de las comedias musicales clásicas de MGM, tuvo un presupuesto de $19 millones, recaudando solamente $2,279.543.
Este simple hecho, antecede lo que vamos a visionar:
Una selección de arias de ópera, adornadas en una trama romántica convencional; configurada como un vehículo comercial más, para el considerado entonces por muchos, como “el cantante de ópera más grande del mundo”; llena de momentos románticos y cómicos, en escenarios reales y bellos como El Metropolitan Opera House, y algunas tomas panorámicas donde el director se luce en los encuadres y en la fotografía, así como el vestuario, y naturalmente, la banda sonora.
Del reparto, se hace evidente el deseo ególatra de Pavarotti, pues nunca fue un gran actor, y sus interpretaciones operísticas, debido a su físico, eran más bien frías.
Hasta que abría la boca, hacía olvidar cualquier carencia; de hecho, como cantante lírico era bastante perezoso, tanto que en su profesión, era incapaz de leer una partitura; mientras Kathryn Harrold es el enganche romántico y feminista; Eddie Albert como el soporte profesional del protagonista; y la pareja de orientales sirvientes, sobresalen por el tramo de comedia que aportan.
Una nota de producción, revela que muchas actrices rechazaron el protagonismo en esta película ¿?; una curiosidad confirma que el final fue grabado de una actuación real, en vivo de Luciano Pavarotti en “Turandot” de Giacomo Puccini en El MET; y que por encima de todo, El Divo demostró ser toda una “prima donna”, insistiendo en que sólo se rodara en ángulos que ocultasen su infame gordura, haciendo tantas exigencias, que los miembros del equipo de producción, comenzaran a apodar la película “No, Luciano”
De la historia, si bien hay romance, también está pasada de tono, respecto al trato hacia la mujer, la fidelidad, el machismo, el ego, y alguno que otro trastorno freudiano, tanto que no debería ser catalogada PG, debido a las insinuaciones sexuales evidentes en el guión, de hecho, La Iglesia Católica en EEUU, la incluyó en su “Lista Negra” por la trama de adulterio. Sin embargo, como musical funciona, y hasta es recomendable para cualquier amante de la ópera, para ver a Pavarotti en el mejor momento de su carrera, aunque esta haya sido su primera, final y única aparición en una película.
Nos quedamos con su prefacio:
“Me gustaría ser recordado como cantante de ópera”
RECOMENDADA.
Comedia musical, basada en la novela homónima de Anne Piper, publicada en 1961; sobre un cantante de ópera que se enamora de una foniatra.
Producida al estilo de las comedias musicales clásicas de MGM, tuvo un presupuesto de $19 millones, recaudando solamente $2,279.543.
Este simple hecho, antecede lo que vamos a visionar:
Una selección de arias de ópera, adornadas en una trama romántica convencional; configurada como un vehículo comercial más, para el considerado entonces por muchos, como “el cantante de ópera más grande del mundo”; llena de momentos románticos y cómicos, en escenarios reales y bellos como El Metropolitan Opera House, y algunas tomas panorámicas donde el director se luce en los encuadres y en la fotografía, así como el vestuario, y naturalmente, la banda sonora.
Del reparto, se hace evidente el deseo ególatra de Pavarotti, pues nunca fue un gran actor, y sus interpretaciones operísticas, debido a su físico, eran más bien frías.
Hasta que abría la boca, hacía olvidar cualquier carencia; de hecho, como cantante lírico era bastante perezoso, tanto que en su profesión, era incapaz de leer una partitura; mientras Kathryn Harrold es el enganche romántico y feminista; Eddie Albert como el soporte profesional del protagonista; y la pareja de orientales sirvientes, sobresalen por el tramo de comedia que aportan.
Una nota de producción, revela que muchas actrices rechazaron el protagonismo en esta película ¿?; una curiosidad confirma que el final fue grabado de una actuación real, en vivo de Luciano Pavarotti en “Turandot” de Giacomo Puccini en El MET; y que por encima de todo, El Divo demostró ser toda una “prima donna”, insistiendo en que sólo se rodara en ángulos que ocultasen su infame gordura, haciendo tantas exigencias, que los miembros del equipo de producción, comenzaran a apodar la película “No, Luciano”
De la historia, si bien hay romance, también está pasada de tono, respecto al trato hacia la mujer, la fidelidad, el machismo, el ego, y alguno que otro trastorno freudiano, tanto que no debería ser catalogada PG, debido a las insinuaciones sexuales evidentes en el guión, de hecho, La Iglesia Católica en EEUU, la incluyó en su “Lista Negra” por la trama de adulterio. Sin embargo, como musical funciona, y hasta es recomendable para cualquier amante de la ópera, para ver a Pavarotti en el mejor momento de su carrera, aunque esta haya sido su primera, final y única aparición en una película.
Nos quedamos con su prefacio:
“Me gustaría ser recordado como cantante de ópera”
RECOMENDADA.



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