The Fighter

Cuando la familia pega más fuerte.

Es que The Fighter es una película que no trata del boxeo, el cual representa un McGuffin, sino que es una película maravillosa sobre la lucha, por no dejarse vencer contra sus propios demonios y seguir adelante.
Representa una de las mejores películas, tanto deportivas como dramáticas, vista en mucho tiempo por su servidor.
Nos presenta la vida de un luchador resistente y leal que peleó la batalla más difícil de todos, por su familia.
Nos habla de la búsqueda de la consagración en lo profesional (boxeo), de la reinserción social y familiar de un individuo que ha tocado fondo por el consumo de drogas, de cómo los sentimientos y los afectos tienen mucho que ver en la preparación y el rendimiento de un deportista.
Además de ser una cinta de boxeo, con las típicas alternativas que siempre vemos dentro de ese tópico cinematográfico (superación personal, conflictos personales, duro entrenamiento, bajones anímicos, allegados al boxeador que dan sus consejos, peleas que parecen que se pierden y se terminan ganando por el corazón y la voluntad) también es una cinta sobre las complejas relaciones familiares y sus influencias sobre el rendimiento deportivo del contendiente.
En plano paralelo y de manera bastante contundente se aborda el tema de los estragos que causan las adicciones a drogas ilegales.
Pienso que por allí la cinta no se define ni busca centrar su enfoque en un personaje.
A decir verdad uno se termina preguntando si se nos cuenta sobre el boxeador joven que persigue un sueño o si la trama principal es la del exboxeador venido a menos por las drogas que quiere reaparecer.
El espectador decide.
Pero más allá de esta historia real del boxeo, también nos involucra muy pronto en ese camino a la individualización e identificación de ciertas cosas de la vida, la familia y los afectos irresolutos en la vida de todos los personajes (entre ellos Charlene Fleming, Alice Ward, etc.).
Pero también el film nos habla de todos aquellos quienes luchan cuerpo a cuerpo con la vida, y perseveran por alcanzar metas en el sentido de eslabones.
Dirigida con pulso y acierto por el hasta ahora prometedor David O. Russell cuya abundancia de planos cámara en mano y el tono semidocumental que imprime al desarrollo de la trama se revelan como todo un hallazgo a la hora de presentación de personajes y acción, con un inmenso actorazo como Christian Bale desarrollando uno de los mejores personajes, marca de la casa, jamás interpretado por él, un Mark Wahlberg que con su personaje contenido y lleno de intensidad dramática demuestra su versatilidad actoral y un par de excelentes actrices como la ya instalada en el Olimpo de las buenas interpretes Melissa Leo y Amy Adams. 
Estamos ante una historia con una interesante trama deportiva que suele ser una historia de boxeador alcanzando la cumbre a través de farragosos y cuasi crueles pasos desde orígenes suburbiales (tópico, pero tan real como la vida misma) se ve elevada a excelente función con las singularidades de ese hermano solapando su adicción al crack con su respeto y cariño por su familia, y el retrato de cómo esa a primera vista familia desestructurada que apunta a primar el interés crematístico derivado de las bolsas cobradas por el sufrido y desconcertado Mickey, acaba revelándose como todo un edificante ejemplo del poderío e indisolubilidad a que puede llegar una familia, de esos que llegan al espectador hasta el punto de humedecerte los ojos en más de una escena.
Ya desde el título se juega con la dualidad que ofrece la palabra.
No solo hay un solo luchador en el ring, si no que hay más de uno incluso fuera de el.
Los problemas de Dicky con las drogas, mostrados en pantalla como solo Christian Bale sabe, son uno de los muchos lastres que impiden que la carrera de su hermano boxeador despegue y sin embargo la relación de ambos es fundamental para lograr el tan ansiado éxito.
Igualmente ocurre con una familia posesiva y celosa de su única fuente de ingresos.
Siete hermanas que en realidad son siete arpías comandadas por una madre dominante y a la vez chantajista, consiguen llevar a pique el futuro del boxeador tanto en lo deportivo como en lo vital y cualquier incursión del exterior en ese cónclave, será mal vista y rechazada de inmediato.
El gran acierto de la película está en el tono que se ha elegido para su narración. 
En vez de optar por una línea más dramática se permitido que la historia se despliegue de la forma más natural, aprovechando cualquier ocasión para acentuar los momentos más divertidos de esta trágica premisa.
De esta manera se obtiene el retrato de un autentico campeón enfrentado a un gran número de adversidades con el que se puede disfrutar en vez de sufrir junto al héroe.
A pesar de que en el género pugilístico son las peleas los momentos más esperados, aquí la historia tiene tanta fuerza que si se hubieran eliminado los combates, el resultado habría sido el mismo y el conjunto sería mucho más valiente y en mi opinión mucho más redondo.
The Fighter resulta ser un retrato social sobre una familia.
Escasean los combates, las míticas peleas donde los planos cortos golpean a la cámara y al espectador, y se centra en el futuro de un luchador y lo que hace para llegar a donde llegó, a través de los problemas familiares.
Quizá sea peor superar todo lo que ello trae consigo, las dudas, la falta de confianza o el abuso de ella, ya que donde hay confianza hay más críticas y problemas.
Si bien el film se desarrolla en los tópicos del boxeo, y alguno que otro cliché, la historia llega al alma, ya que, con base en las “metas en el sentido de eslabones”, juega con la incertidumbre (debido a los fuertes sentimientos entre los interlocutores de la historia).
Un film que retrata en mi concepto, una meditación (si se quiere ver así), sobre los deseos de las oportunidades, no que brinda la vida, si no que nosotros nos forjamos.
Lo malo, Cristian Bale nominado como actor secundario, donde lo correcto debería ser: Ganador, por mayoría absoluta, del Academy Award como Mejor Actor Principal en la mejor película del año 2011 

A luchar!



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