The Hangover

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Sangre, sudor y lágrimas 

¿Qué harías si te despertaras en el Caesar’s Palace, con resaca, en una lujosa habitación, destrozada a más no poder, con un bebé en el armario, un tigre en el cuarto de baño y tu mejor amigo desaparecido?
Lo que suce en Las Vegas... se queda en Las Vegas!
Esta película contiene varios elementos que hacen que valga la pena sentarse durante 90 minutos y disfrutarla.
Todos los actores fueron convincentes dentro de lo que le correspondía a cada uno.
Cuatro tipos se dirigen a celebrar la despedida de soltero de uno de ellos a Las Vegas, a lomos de un precioso Mercedes-Benz 280 SE Convertible del 69 prestado para la ocasión por el padre de la novia, Tracy (Sasha Barrese), a saber: el novio, Doug (Justin Bartha), el maestro de escuela Phil (Bradley Cooper), Stu (Ed Helms), un dentista que tras 3 años de relación miente a su novia diciéndole que va a Napa Valley y no a Las Vegas, y por último el hermano de la novia, Alan (Zach Galifianakis), un tipo corpulento y loco, al que hasta ese momento sólo conoce a fondo el novio, y que ya desde los preparativos se huele a leguas que va a dar que hablar.
Dirigida por Todd Phillips es una película que llegó a ganar el Globo de Oro como mejor película comedia / musical del 2010, con ese resultado, vale la pena el visionado.
Es un producto que siempre nos mantiene animados gracias a sus circunstancias descomedidas donde la indisciplina y la liberación interior son la materia prima con que se elabora esta entretenida y pícara comedia de tinglados y barullos con gente y animales de lo más variopintos, hasta un tigre y una gallina forman parte de esta divertida gamberrada.
Unos personajes basados en clichés: El cínico, el formalito, el loco, etc.
Las actuaciones son convincentes, todo el elenco posee el carisma idóneo para sacar adelante desde lo gestual e histriónico, una cinta desvergonzada e irreverente.
Debo confesar que la mejor actuación, icónica, sublime, fundamental e inigualable es la del barbudo, freak y cuñado del novio: Zach Galifianakis como Alan.
Si hubiera un Oscar a mejor actuación cómica él se la gana con ojos cerrados. 
Nunca reí tanto y a la vez nunca sentí tanta desconfianza de un personaje que parece estar desquiciado, por demás enfermo mental con una tranquilidad incomparable.
Por culpa de Alan es que sucede toda la aventura de la película.
Si aun inicio del film el mismo menciona que se le prohíbe acercarse a las escuelas por una resolución judicial no puedo creer que sea él quien tenga que cargar al niño en su pecho y además le ponga las gafas de sol…
Todavía Alan se enfrenta a un niño en la comisaría y este se puede vengar con el taser!
Esta ha sido sin duda la mejor escena de toda la película, reí hasta llorar de ver a este psicópata expresar su trauma infantil interno.
Toda la película presenta a Alan como alguien mentalmente enfermo y peligroso, se corta la mano para un pacto de sangre y en el auto cuando van en medio del desierto, Alan de pronto se pone a cantar una canción 100% infantil: We’re the Three Best Friends…
Auguro un gran éxito futuro para este actor de apellido raro: Zach Galifianakis.
Los demás tampoco estuvieron mal, me gustó el papel del dentista, un hombre dominado por su pareja, con cara de santo, el más serio y nerd del grupo resulta ser el más divertido y loco cuando está borracho.
Muchos amigos son así, santos de sanos pero una vez entrados en copas son los peores borrachos del mundo.
El chino en la cajuela del auto no tiene precio y fue mejor aún al ver las fotos finales, resultó que este chino era muy amigo de todos, vaya cambio…
Un elemento valioso de esta cinta es que el espectador –paralelamente y junto a los personajes- va descubriendo de a poco qué fue lo que sucedió en esa noche de despedida de solteros en Las Vegas.
Así se suceden embrollos y jocosas complicaciones donde el desmadre, el descontrol y la excitación se apoderan de un filme muy dinámico, que cumple con hacer pasar un rato divertido gracias a las desprejuiciadas y zafadas alternativas que se van poniendo en pantalla.
La cinta nos muestra también –en forma liviana obviamente por el carácter chocarrero y procaz de la misma- la dualidad contradictoria entre la irresponsabilidad y el dejarse llevar por los impulsos versus el deber y la circunspección que se expresa claramente en esta oportunidad con el compromiso serio y adulto del matrimonio.
Curiosamente, durante el inicio de la película, mientras se muestra el desierto de Las Vegas, suena la canción Thirteen del álbum 6:66 Satan's Child, sexto disco de la banda Danzig.
Es una canción triste sobre una vida arruinada por la mala suerte y la miseria.
Luego, la habitación donde se hospedan los chicos es la 2452, cuya suma es igual a 13.
El trece es un número de muy mala suerte, por lo tanto ya estaban sentenciados a pasarla mal.
El diente perdido de Stu no requirió de efectos o maquillaje.
El actor Ed Helms, desde niño, nunca tuvo ese diente incisivo, así que sólo se sacó el diente falso que usa cada día en su vida y nada más.
El director Todd Phillips tiene un cameo, es el hombre que estaba con una chica en el elevador del hotel.
Para el bebé se emplearon 3 parejas de gemelos y un muñeco.
Siendo que muchos misterios son descubiertos durante el desarrollo de la película, en ningún momento, ni en el final de las fotos, se explica como la gallina terminó en el departamento.
El actor Ken Jeong improvisó salir en traje de Adán de la cajuela del auto, ya que el guión decía que Chow estaba con ropa, el prefirió salir sin nada y aumentar así la comicidad del momento.
Hay multitud de escenas para la posteridad:
El derechazo de Tyson.
El momento en que Stu conoce a su mujer.
El tigre en el baño y en el coche.
Alan!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!.
Un chino en pelotas en el maletero de un Mercedes clásico.
El Doug el negro.
El anillo del holocausto.
El bautizo de Carlos.
El incisivo lateral de Stu.
El anaranjado de Doug al final del film.
En fin, recomendada.
No le busquen moral, sólo diviértanse.
Y no se pierdan los mejores créditos finales de la historia del cine…

Mucho OJO:
Advertir que el uso del flunitrazepam puede provocar la posibilidad de amnesia anterógrada, lo que significaría el olvido de acontecimientos próximos.



The Hangover Part II 

“It happened again”

Una secuela es cualquier novela, película u obra de ficción producida después de otra obra completa y que se desarrolla en un mismo “universo”, pero en un tiempo posterior.
Normalmente suele contener elementos de la obra original, como escenarios y personajes aunque esto no siempre es así.
La continuación difiere de una serie, en donde un mismo personaje aparece en varias historias diferentes, aunque algunas veces esta diferencia es sutil.
La popularidad de las series viene motivada en parte por el hecho de que es más seguro tomar elementos de una obra exitosa que arriesgarse con nuevos argumentos y personajes.
El público a menudo demanda nuevas apariciones de sus personajes favoritos.
En la elaboración de una continuación es común que el autor o realizador tome los “cabos sueltos”, aspectos precedentes e inconclusos pertenecientes a una obra, en función de los que se puede continuar narrando la historia, dejados por el volumen anterior en orden de una saga.
Dentro de las películas suelen ser frecuentes las continuaciones.
A veces, las continuaciones tienen un título especial, pero en otros casos se limitan a poner un número al título de la obra original.
Las continuaciones son criticadas frecuentemente por simplemente repetir la fórmula de una obra anterior y comúnmente acusadas de ser inferiores a la obra original.
Cuando la obra anterior hablaba de un personaje que lograba resolver un conflicto, puede resultar difícil el justificar una continuación en donde los personajes vuelven a enfrentarse a un conflicto similar.
Cuántas veces hemos oído en el cine eso de:
“Para hacer esto que no hubieran hecho nada”, o “Deberían haberlo dejado en una sola película”, o el dicho de sobra conocido de “segundas partes nunca fueron buenas”
Demasiadas, ¿verdad?
Pero lo que no se ha oído muy a menudo es eso de:
“Me ha gustado más que la primera”
Todo amante del buen cine está ya cansado del ataque de “Secuelitis” que sufre Hollywood, ante su alarmante falta de ideas.
“We're in Bangkok?”
The Hangover Part II es una película de 2011 dirigida por Todd Phillips y protagonizada por Zach Galifianakis, Bradley Cooper, Ed Helms, Justin Bartha, Paul Giamatti, Jamie Chung, Ken Jeong, Todd Phillips, Mike Tyson, William A. Johnson, Jeffrey Tambor, entre otros y es la secuela de “The Hangover” (2009)
The Hangover Part II cuenta con un guión a cargo de Scot Armstrong, Craig Mazin y Todd Phillips; y se rodó íntegramente en Bangkok, Tailandia.
The Hangover Part II es exactamente igual que la primera, tiene el mismo esquema, tan parecido que incluso podría ser un remake de la primera, eso sí, la historia empieza después de los sucesos de “The Hangover” (2009), la cual era muy buena y original, y pensaba que esta sería más de lo mismo.
En parte no andaba equivocado, es exactamente lo mismo, pero con más gags graciosos, si aún más que la primera.
The Hangover Part II repite la fórmula aportando muy poco de novedoso a lo que ya viéramos en la primera parte, y además el nivel humorístico de los gags no tiene tanta lucidez y contundencia.
Nuevamente entran jocosamente en juego en The Hangover Part II el choque y el contraste que existe entre la responsabilidad que debería existir en personas maduras y las conductas desmadradas e irresponsables que van complicándose por efecto dominó.
Así las cosas, dos años después, el doctor Stuart “Stu” Price (Ed Helms) va a casarse en Tailandia con su nueva novia Lauren (Jamie Chung)
Pero por nada del mundo quiere una despedida de soltero fuera de control y sus amigos deciden beber unas cervezas en la playa del complejo hotelero.
Lo que no imaginan es que la mañana siguiente Phil Wenneck (Bradley Cooper), Alan Garner (Zach Galifianakis), y Stu despertarán en un motel de Bangkok sin recordar absolutamente nada y con un problema:
Han perdido a Teddy (Mason Lee), el hermano adolescente de la novia y deben encontrarle antes de la boda.
Mientras su otro amigo, el otrora extraviado Doug Billings (Justin Bartha) se encuentra sano y salvo en el hotel.
En fin, The Hangover Part II es una secuela que sigue el mismo patrón narrativo que la primera parte.
Nuevamente los personajes se dejan llevar por sus instintos y sus impulsos, aparecen los enredos y el descontrol, el olvido, la toma de conciencia, la incesante y dinámica búsqueda de la verdad y un sinfín de situaciones delirantes que buscan a toda costa el poner nuevamente todo en su lugar.
Dentro de lo burdo y lo gamberro, tan sólo la figura del infrautilizado Mr. Leslie Chow (Ken Jeong), supone un gracioso contrapunto ante el estereotipo de los tres personajes principales.
Zach Galifianakis y Ed Helms, las otras dos hojas del trébol, marchan perdidos y poco inspirados cómo acompañantes de Cooper.
Junto a ellos unos testimoniales e irrelevantes Paul Giamatti (Kingsley) y Justin Bartha en papeles fuera de trama.
Lo mejor de The Hangover Part II sin duda es Galifianakis, con su ya inmortal personaje de Alan y cómo no, los acostumbrados créditos finales.
Como es habitual en este tipo de productos, el despojo del factor sorpresa muestra todas las taras de un filme destinado, únicamente, a la rentabilidad económica.
Un factor evidente desde los títulos de crédito donde se demuestra un mayor presupuesto y quien será el protagonista de esta melopea cinematográfica.
Una mayor y mejor producción, localizaciones de lujo e incluso una gran persecución por las calles de Bangkok adornan una película hueca que busca servir de lucimiento para Bradley Cooper.
Las principales tomas y diálogos están destinados a su personaje.
Un foco impuesto que no tiene el efecto deseado ya que, al igual que The Hangover Part II, el actor de Philadelphia se diluye entre tacos y poses impostadas.
The Hangover Part II es una resaca ligera que viene acompañada de estrambóticos giros.
De este modo, si antes había gallinas correteando por la habitación del hotel, ahora hacen lo propio unas cucarachas gigantes.
Si antes el siempre duro despertar después de una borrachera estaba marcado por la desaparición del novio, ahora ocurre algo parecido... con el añadido de la amenaza de una muerte más que dolorosa.
Si antes se provocaba con cierta timidez al sagrado vínculo del matrimonio, ahora se pone en serio peligro la estabilidad en la sexualidad de un cuarentón, que vistos los tiempos que corren, es un tema de mucha más importancia.
Igual siguen las mutilaciones, actos de violencia, bromas y mucha mofa.
En el apartado de lo bueno está su ritmo endiablad, lo fácil que engancha, el rato ameno que pasas desconectado de la realidad, esto se agradece.
“Sit down I got this.
Sit down boy.
That was a great speech sir.
I like the comparisons between uh Stu and Rice.
I've also prepared a few words.
Hew everybody here are some fun facts.
The population in Thailand is 63 million people.
It is twice the size of Wyoming.
It's chief exports are textiles, footwear, and rice.
Each year approximately 13,000 people are killed in car accidents in Thailand.
The climate in Thailand is...”
The Hangover Part II es una repetición de la fórmula inicial carente de chispa y frescura, donde la malsonancia es el único recurso para evitar el tedio.
Sin dejar de lado la imagen que se da de Bangkok y de los asiáticos en general, una imagen llena de prejuicios y estereotipos que poco o nada divertirán a las personas que de allí provengan.
Eso de un lado, de otro los valores que transmite:
¿Acaso irse de borrachera justo antes de tu boda y acabar de la manera que acaban tiene alguna justificación?
Eso sin añadir que se ve como algo “normal” en The Hangover Part II.
Cabe añadir que se burlan de las tradiciones del país y que la imagen del mono fumándose un cigarrillo me parece muy patético...
Y si digo mal gusto me quedo corta, no es que sea un mojigato, pero me rechinaron los dientes cuando Alan recuerda lo que hicieron la noche anterior, pero en vez de salir ellos, lo hacen unos niños, y vemos como esos niños, consumen drogas, se van con prostitutas, se portan mal, etc.
Bordeando lo absurdo, en líneas generales, el largometraje de Phillips resulta entretenido y deja un buen sabor de boca.
Eso sí, efímero.
The Hangover Part II es un servicio de “fast food” cinematográfico con algún escaso buen momento y la sensación de que la fórmula está agotada incluso antes de su inicio.
Por desgracia, la vuelta de este malestar etílico dependerá de la economía por encima del talento.
Si la cosa funciona...
Y claro, 35 millones invertidos para recaudar casi 500 en todo el mundo y además ganar un Globo de Oro como la Mejor Comedía, dejaban claro que la cosa funcionaba, así que a la hora de repetir el experimento, para que quebrarse la cabeza, si la cosa funciona...
Y a la hora de planear esta secuela desde luego no buscaron nada diferente, el planteamiento era el mismo, hasta los sucesos eran los mismos, lo único que cambiaba era la ciudad.
De nuevo volvíamos al mismo juego detectivesco facilón, de recomponer la noche anterior que tuvimos en la primera entrega, y lo mejor de todo es que si, la cosa funciona.
Quizá el mayor problema que nos encontramos en The Hangover Part II es que tira demasiado por los excesos, y claro, excederse cuando tenemos por nivel de referencia todos los sucesos que ocurren en la primera entrega, parece complicado, así que en esta entrega tenemos sobre el mismo patrón actos más bestias aún, que incluyen sodomía o mutilación, pero aún con todos estos excesos, el chiste facilón y burro sigue funcionando perfectamente, tal y como ocurría en la primera entrega, sobre todo por que permanece el principal motor que da cuerda a la película.
Si en la tercera entrega, ni Ed Helms ni Bradley Cooper pudieran estar, y esta se cambiase el nombre a “Las Aventuras de Allan” no pasaría lo más mínimo, porque es muy posible que el producto siguiese funcionando como lo hace esta secuela, y no solo tiene culpa la estupenda interpretación de Galifianakis, si no la perfecta composición de un personaje que por derecho propio lleva todo el peso de The Hangover Part II.
Y es Allan/Galifianakis el que nos regala los mejores momentos de The Hangover Part II como esa fantástica despedida, o la lectura de las tarjetas en la mesa.
Y así tenemos lo que en una primera entrega era un descubrimiento, aquí se convierte en una confirmación.
Por supuesto la grandeza de uno no debe desmerecer al resto que se mantiene como en la primera a un gran nivel, pero al final, solo uno preside la mesa.
Veremos cuánto dura la formula y si de tanto estirar el chicle no les estallará en los morros en el momento menos pensado, de momento se han ganado una más que merecida tercera entrega, que con que llegue al nivel de esta será suficiente para dar exactamente por lo que se paga.
Simplemente constatar lo bien que se mueve Todd Philips entre las multitudes, la placidez con la que navegan los tripulantes de esta embarcación con el piloto automático puesto, y por encima de todo, lo placentero que puede llegar a resultar el desconectar el cerebro, para dejarse llevar por una marea de pedorretas diseñada para conectar con cuanta más gente mejor.
Porque como dio a entender Alan mientras orquestaba la simulación de una felación a un monje budista a manos de un simio, créanme, es más difícil escribirlo que verlo, el humor absurdo no entiende de fronteras, ni de diferencias culturales.

“Well we're living here in Allentown, and hes drivin our lives into the ground.
When we woke up we were wasted and drunk; phil got shot, we got beaten by a monk.
I was happy and my life was good.
Gettin married like a dentist should, roastin marshmallows on a stick.
I got fucked in the ass by a girl with a dick...
And we're livin here in Allentown, but they're takin Teddy’s finger now.
And I'm pretty sure I’m gonna lose my shit and shoot Allen in the face.
Then shoot myself”



The Hangover Part III

“I told myself, I would never come back”

Cuando una película obtiene unas elevadas recaudaciones en la taquilla, es difícil que un estudio de Hollywood, se resista a sacar adelante varias secuelas de la misma, y eso actualmente es una regla.
The Hangover Part III es una comedia, del año 2013, dirigida por Todd Phillips.
Protagonizada por Bradley Cooper, Ed Helms, Zach Galifianakis, Ken Jeong, Justin Bartha, John Goodman, Heather Graham, Melissa McCarthy, Jeffrey Tambor, Gillian Vigman, Sasha Barrese, Jamie Chung, entre otros.
El guión es de Todd Phillips y Craig Mazin; y representa la secuela de “The Hangover Part II” y es, espero, la última de la franquicia “Hangover”
En The Hangover Part III; Phil (Bradley Cooper), Stu (Ed Helms) y Doug (Justin Bartha) viven una vida tranquila y feliz.
Han pasado 2 años:
Ya no tienen tatuajes ni cuentas pendientes.
La última vez que oyeron hablar de Leslie Chow (Ken Jeong), un imán de los desastres, le habían encerrado en una cárcel de Tailandia y, gracias a ello, empezaban a recuperarse de sus noches locas en Las Vegas, y de los raptos, disparos, y persecuciones, a cargo de los traficantes y mafiosos de Bangkok.
El único miembro del “wolfpack” que no está satisfecho es Alan (Zach Galifianakis), la oveja negra del grupo, que sigue sin propósitos personales, ha abandonado su medicación, y se deja llevar por sus impulsos, lo que para él significa, no tener barreras, ni filtros, ni juicio.
Pero finalmente, una crisis personal, le obliga a buscar la ayuda que necesita.
¿Y quién mejor que sus 3 mejores amigos, para ayudarle a dar el primer paso?
Esta vez, no hay boda, no hay fiesta de despedida de soltero…
¿Qué desastre podría ocurrir entonces?
Pero cuando el grupo vuelve a viajar, cualquier cosa puede pasar…
The Hangover Part III se aleja completamente de sus antecesoras, en lo que a su esquema narrativo se refiere.
Por suerte, aquí no se repite el típico despertar de los protagonistas, en el que los observábamos en ciertas situaciones embarazosas.
De hecho, los guionistas han optado, por elaborar una trama que sirva para reunir a Phil, Alan, y Stu en una nueva aventura, sumándose al grupo, Chow.
Aunque no faltan las escenas zafias y escatológicas, sorprende que éstas no sean tan abundantes, como en sus predecesoras.
De hecho, muchos de sus pasajes, parecen sacados de un filme de acción, o de un thriller, a los que se les ha añadido, no pocos elementos humorísticos.
El resultado final, quizás no satisfaga a los incondicionales de la serie, sobre todo, a los que se lo pasan en grande, con las comedias más gamberras.
Y es que quizás, el aspecto que más ha perjudicado a The Hangover Part III, es el hecho de darle un tono demasiado dramático, prescindiendo de ese cinismo y locura que tanto gustaba, y que aquí está puesto a cuentagotas.
Lo que supone, que si ya de por sí vemos ciertos paralelismos de su trama con las anteriores, el hecho de mutilar casi por completo la comedia, hace que la duración se nos haga eterna.
The Hangover Part III es un punto y final que, no obstante, y como marcan los cánones industriales, se reserva la posibilidad de una 4ª por si acaso, lo que significa que, por favor, no se levanten en cuanto aparezcan los créditos…
Detesto este cliché, de poner escenas extras, hagan obligatoria, una entrega más de un “chicle demasiado estirado, ya sin sabor”
“So long, bitches!”
Lo peor que le puede pasar a una comedia, no es ya, el hecho de no hacer gracia, si no que los bostezos, sean mucho más frecuentes que las carcajadas.
Y es que The Hangover Part III es una película terriblemente aburrida, porque no hay un mínimo factor de sorpresa, no hay nada que te espabile para llamar tu atención, no hay ni un sólo momento, en el que de verdad, el chiste te resulte tan inesperado y gracioso, que te lleve a la carcajada real.
Si en “The Hangover Part II” había risas que llegaban por simple inercia, en The Hangover Part III no pasan de provocar una pequeña sonrisa en momentos puntuales, y realmente, sólo llegó a resultarme divertido, el gag que aparece después de los créditos, y ya no es que fuera tarde para eso, era tardísimo...
En cuanto a sus personajes, debo confesar que me empiezan a resultar odiosos:
Si nos fijamos en el reparto, llama la atención que Bradley Cooper, casi pasa a un segundo plano, siendo las verdaderas estrellas de la función:
Zach Galifianakis, Ken Jeong y, en menor medida, Ed Helms.
El peso emocional, recae enormemente, sobre el tremendo Zach Galifianakis, capaz de expresar lo que le venga en gana con un gesto, una mueca, un tono o, especialmente, esa mirada suya, entre lo infantil y lo deliciosamente torcido, y porque no sexualmente ambiguo.
Como némesis y gemelo, Ken Jeong tiene libertad total para hacer lo que le venga en gana, y regalar secuencias totalmente desarmantes.
Y es en realidad, la relación Alan-Mr. Chow, el motor de The Hangover Part III, la que posibilita que todo avance, dejando algo más de lado, al resto de personajes, seguramente conscientes de que tanto Galifianakis como Jeong, poseen un don para la comedia natural, física, y verbal, con la que es complicado competir.
Se agradece la incorporación de un actor de la talla de John Goodman, al igual que la presencia de intérpretes que aparecían en los otros largometrajes, por muy breve que ésta sea, como la bella Heather Graham.
Punto y aparte, merece el soso Justin Bartha, una vez más ninguneado, con total elegancia y naturalidad por parte de los guionistas.
Sin embargo, The Hangover Part III pierde la frescura, gracia, impacto, y sorpresa de las anteriores, recomendadas, por cierto.
Y es que The Hangover Part III es tan típica y tópica, que ni sorprende; resultó ser muy exagerada, ya que intentan sacar humor de donde ya no hay.
De hecho, sus mejores gags se pueden ver en el tráiler, así que ya nos podemos hacer un idea de cómo son el resto.
Cabe decir que The Hangover Part III cuenta con múltiples guiños a otras películas, lo cual es manido y tramposo:
“The Shawshank Redemption” (1994):
Al comienzo, la forma en la que escapa Chow de la cárcel de Bangkok, con el póster de la pared.
“Walk The Line” (2005):
Cuando Chow sale cantando en el karaoke la canción “Hurt” de Johnny Cash.
“Goodfellas” (1990):
Cuando los 3 protagonistas conducen de noche, con Chow en el maletero dando golpes.
“The Sixth Sense” (1999):
Cuando Alan y Carlos, el niño, están dentro de la cabaña improvisada con una sábana azul.
“Reservoir Dogs” (1992):
Por los enfoques de la cámara, desde el fondo del maletero del coche.
“The Great Race” (1965):
El nombre y la apariencia de Leslie Chow, creo que se basan en “El Gran Leslie” interpretado por Tony Curtis en esa película, quién también lleva la corta chaqueta blanca, como la que lleva Chow…
Y finalmente, la escena en la que los 4 amigos, cruzan una calle de Las Vegas, haciendo referencia a la famosa foto de los Beatles por Abbey Road.
Si The Hangover Part III se llama así:
¿Dónde está la resaca?
Si es que el nombre ya engaña… entonces, olvídense del humor soez y escatológico de las 2 primeras, porque en The Hangover Part III, se cambia por el chiste más simplón, por la imperiosa necesidad de hacer, que la siguiente situación, sea aún más burra que la anterior, y por un montón de chistes y gracias, ya vistas, que provocan verdadera vergüenza ajena, como Cassie, el personaje de Melissa McCarthy, es sencillamente demencial e innecesario; solo falta la sorpresa, de juntar The Hangover con “Bridesmaids” (2011)
Como detalle:
Hay ciertas escenas, que dan la impresión de ser muy gay, sobre todo por parte de Alan; y que provocó cierto rechazo de la butaca asistente…
Resultó curioso al inicio, cuando Alan de espaldas, su padre muriera, arrancara carcajadas en la audiencia, y por otro lado, cuando Cassie maltrata verbalmente a su madre, ya las personas no reían, porque los chistes resultaron groseros y soeces.
Una falta de respeto grave para el adulto mayor.
Por otro lado, será que los productores, no recaudaron lo suficiente, como para invertir unos cuantos dólares en un final verdaderamente épico, vaya palabra para una comedia de tonterías irresponsables, que en pantalla se vende como “cool”
Se nota que en The Hangover Part III, se ha realizado con cierta precipitación, sin darle demasiadas vueltas al producto, porque los creadores ya saben, que el producto se vende solo.
En definitiva, The Hangover Part III intenta exprimir una franquicia, que probablemente, no dé más de sí.
“I believe I can fly... I love cocaine!”
Confieso que la razón por la que me gustan estas comedias gamberras, en particular The Hangover, que JAMAS debió convertirse en saga, es que me fascina el tipo de mente desequilibrada, al que se le ocurre escribir ciertas locuras; ya saben, esas combinaciones:
Chino bisexual, mono fumador, borrachos, drogadictos, tiroteos…
Como si todos ellos merecieran que les pase lo que sea…
Increíble que lo diga… pero ustedes se preguntarán:
¿Dónde está el alcohol?
¿Dónde está la droga?
¿Dónde están las prostitutas?
Pues lo cierto es, que yo también me lo estuve preguntando durante un buen rato.
En The Hangover Part III te ríes bastante, pero es tal el esfuerzo por hacer reír, hasta en las situaciones más vergonzosas, que no te ríes al final, que se repite de más en algunas escenas.
Pero, si en algo The Hangover Part III es efectivo, es en su director, en saber retratar la amistad masculina, esta especie de hermandad, de fraternidad que pueden generar.
Y logra mostrar, por fin, un cambio, un crecimiento en un personaje, al que le llevó más tiempo de lo común madurar, o por lo menos, algo cercano a eso, y pudo hacerlo sólo con la compañía de estos amigos.
Concluyo diciendo que The Hangover Part III, finalmente ha quedado, en el atracón de los cientos de millones que pretenden acumular sus responsables… aunque los datos que está dejando, pueden consolidar un constatado resbalón.
La resaca, por supuesto, la paga en The Hangover Part III, el espectador.
El problema es obvio:
Si eres tan estúpido de eliminar el único punto original que tenía tu producto:
¿Qué queda?
Explotar a los personajes.
Y como todos son bastante planos, si les sacas del original contexto de la resaca, explotas al más imbécil.
Y no hay más.
Queda en entredicho, lo limitado de The Hangover.
¿Y al final?

“Don't worry, it all ends tonight...”



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