Suddenly, Last Summer

"La apariencia es trascendente, a veces la belleza es un ejercicio de la existencia.
Claro que la naturaleza es cruel, no está creada a imagen del hombre compasivo.
¡Claro que Dios es cruel!
Los dinosaurios eran vegetarianos, demasiado amables para su tamaño, y entonces las criaturas carnívoras, los devoradores de carne, los asesinos heredaron la Tierra, pero siempre ha sido así, ¿vedad?"

“You see, we all loved Sebastian.
Women, men, children, animal, mineral, vegetable…
Sebastian was a vocation, not a man.”

Suddenly, Last Summer, es probablemente uno de los filmes más oscuros y de trama más escabrosa que haya visto jamás.
La sutileza con la que da a entender las mayores perversidades humanas es de una exquisitez extraordinaria.
Hay épocas del año proclives a la locura.
Parece que la mente humana se resiente ante el calor y el frío excesivos.
El cerebro se dilata y la cordura se resquebraja.
Esta es la historia de un verano en que no todo salió como estaba previsto.
Tennessee Williams fue uno de esos escritores especializados en reflejar la dorada superficie de la clase media americana.
También era un experto en levantar la pintura que la cubría hasta mostrar el verdadero interior de las familias aparentemente normales.
Un interior que la mayoría de las veces estaba lleno de gusanos y podredumbre.
Suddenly, Last Summer cumple las pautas del escritor, y logra además un toque adecuado gracias a la mano maestra de su director, Joseph L. Mankiewicz.
El dramaturgo de Mississippi es uno de los literatos que en más ocasiones han visto sus obras llevadas al cine.
Supera el medio centenar el número de adaptaciones.
El carácter tórrido, perturbador y exacerbado de sus tragedias, tan conectadas con las griegas clásicas en temáticas y subrayados expresivos, proporcionó a los productores del Hollywood clásico pasiones sin límite, erotismo, transgresión, traumas, odios y amores desbocados, perversiones y provocación que a menudo van mucho más allá de lo que las mayorías bienpensantes están dispuestas a aceptar.
Más lejos que nunca llegó en la obra adaptada al cine por el gran Leo Mankiewicz en 1959, Suddenly, Last Summer: homosexualidad, prostitución masculina, turismo sexual, pederastia, puesta en entredicho de la psiquiatría convencional y hasta canibalismo… demasiado veneno para el Hollywood recién salido del MacCarthysmo.
A muchos disgusta profundamente Suddenly, Last Summer.
Hay críticos que la tachan de sensacionalista y gratuitamente provocadora.
De hecho es una de las cintas más escandalosas de la historia del cine, marcada además por la relación déspota y tempestuosa que el director Joseph L. Mankiewicz mantuvo con sus actores, sobre todo una Elizabeth Taylor a la que hizo la vida imposible y una Katharine Hepburn quien, asegura la leyenda, al acabar el rodaje no tuvo reparo en escupir a la cara al director.
Vidal Russo, un activista LGBT anota en su libro The Celluloid Closet y su posterior documental censurado en esos días, que la Legión Católica de la Decencia, obligó a modificar gran parte del diálogo para que el tema homosexual sea sólo sugestiva, y hacer del personaje homosexual, uno irreal, sin cara ni voz.
Russo afirma que Katharine Hepburn estaba tan molesta por la forma en la que el productor Sam Spiegel trataba a Montgomery Clift durante el rodaje de esta película - Spiegel le disgustaba Clift porque él era gay (de hecho y era publica la bisexualidad de Monty) – es por eso que, después de confirmar todos los hechos y una vez concluida la película, la Hepburn escupió en la cara de Spiegel.
Algunas fuentes afirman que el director Mankiewicz fue también blanco de la indignación de Hepburn.
Formalmente Suddenly, Last Summer anticipa la modernidad cinematográfica de la década siguiente, temáticamente su éxito abrió una brecha y destruyó tabúes intocables hasta entonces para el cine.
Para empezar no hay que olvidar que si la base es la tragedia escrita por Tennessee Williams, los adaptadores son el propio dramaturgo y Gore Vidal, ambos homosexuales y autores de una obra reivindicativa y provocadora.
Aquí la provocación viene de un pasado secreto y perturbador, y la posibilidad de borrarlo para siempre como manera de preservar la moral mayoritaria.
La película comienza con la imagen de un muro.
Todo el trabajo del doctor Cukrowicz (Mongomery Clift) será precisamente derribar muros en la mente de Catharine (Elizabeth Taylor) para hallar la verdad tras su trauma.
Uno de los descubrimientos más perturbadores son las intrincadas e insanas relaciones filiales que se dan entre madre e hijo: un Edipo invertido, madre absorbente e hijo idealizado hasta la adoración divina.
Fueran tormentosas o no las relaciones con los protagonistas, lo cierto es que Mankiewicz logra de sus actores interpretaciones inolvidables.
Clift estaba en su etapa de decadencia personal, marcado por el accidente que le desfiguró y por las drogas, pero su intervención es tan intensa y sobrecogedora como en todas sus obras de este período.
Pero son las dos protagonistas femeninas, que compitieron por el Oscar, las que dan dimensión de auténtica tragedia griega a la historia.
Hepburn es hierática y majestuosa, pero íntima en sus conversaciones con Clift, como si hablara sola.
Taylor está soberbia, se come la pantalla, derrocha fuerza dramática sin sobreactuar en ningún momento.
La película, producida por Spiegel, está rodada en Inglaterra, y es en la costa mediterránea española donde se rodaron los flashbacks sobre el último verano de Sebastian Venable.
El argumento se sitúa en una playa imaginaria llamada, Cabeza de Lobo, en un país al Sur de Europa sin especificar, es un país primitivo y salvaje, cuyos hambrientos habitantes son fáciles objetos del turismo sexual al que Sebastian se dedica con deleite, empleando como cebo para atraer a los jóvenes primero a su bellísima madre Violet (Katherine Hepburn), y cuando al envejecer ésta deja de ser objeto de deseo, a su prima.
Con un desarrollo absorbente, armónico y angustioso, de dureza casi brutal, Suddenly, Last Summer es una narración osada con protagonista ausente –Sebastian no es el primer muerto que protagoniza una película de Hollywood, pero sí el primer homosexual–; es un complejo estudio de caracteres y un acercamiento notable al pensamiento freudiano, centrado en las pasiones filiales y la contradicción entre apariencias y conveniencias por un lado y por otro unas conductas sin duda libres y transgresoras, pero también basadas en la superioridad de clase.
Descubrimos en Sebastian a un esteta al estilo de Wilde que desciende a lo más sórdido para colmar sus deseos eróticos.
En él hallamos a un ser caprichoso, egoísta y manipulador, un poeta refinado que sólo escribe un poema al año para glosar sus aventuras eróticas de cada verano. 
Un tirano que utiliza a los demás como víctimas de una cacería y los divide en presas y cebos.
La inusual ambientación y los decorados también forman parte de la exploración freudiana en las torturadas mentes de las dos mujeres, Violet y Catharine.
El espectral jardín de los Venable, las salas comunes de pesadilla del manicomio público y sobre todo las escenas rodadas en España, dominadas por una cegadora luz blanca a la que hace referencia la confesión de Catharine.
El psiquiatra no debe esforzarse demasiado para que poco a poco vayan cayendo los velos que nublan la verdad, para que los ojos deliberadamente ciegos de Violet no puedan cerrarse nunca más ante la verdad sobre su hijo, para que Catharine rememore todo el horror de la muerte brutal de su primo.
Violet Venable es un típico personaje de Tennessee Williams: rica, decadente, de psicología alambicada y con una fuerte tensión erótica reprimida, en este caso incestuosa, que se traduce en un vínculo enfermizo con su único hijo.
Sebastian, el protagonista ausente en torno a cuya muerte gira la obra, iba acompañado de su madre a todas partes; Violet odia a su sobrina porque rompió la relación idílica entre ellos y la prima pasó a ocupar el puesto de la madre, por una razón además muy dura para el amor propio de la señora: Sebastian quería una mujer joven y atractiva a su lado por una razón que se va intuyendo a lo largo del metraje y que sólo al final se hace explícita.
Catharine no sólo tiene la juventud y la belleza que Violet ya no posee y usurpa el privilegiado puesto de acompañante oficial de Sebastian, sino que además es una joven humilde cuyos modales llanos su aristocrática tía desprecia.
La joven no ha sido enseñada a reprimir su sexualidad y sus emociones; tiene la misma pulsión erótica de su tía pero ella la deja aflorar.
Su comportamiento histérico, que se ha desencadenado tras el trauma de la muerte no aclarada de Sebastian, la ha llevado a un internamiento psiquiátrico que el doctor Cukrowicz, personaje que representa el punto de vista del espectador, testigo de este drama familiar, debe decidir si es beneficioso para ella o si se trata de una forma de reprimir a una joven díscola y silenciar secretos que no deben salir a la luz.
Es posible que Williams se inspirara para esta historia en el célebre caso real de la actriz Frances Farmer, hospitalizada y lobotomizada pocos años antes por motivos no muy claros.
La película, altamente teatral y basada en la construcción de una atmósfera malsana y opresiva por medio del diálogo y el primer plano, nos va conduciendo hacia un clímax final en el que se desvelará el secreto familiar inaceptable para Violet.
Por otro lado, analicemos los temas o los tópicos más evidentes de la película:
En la historia del cine, al igual que en medicina, por igual se han hecho oír con disonante fortaleza tanto las voces de los grandes admiradores como las de los más fieros detractores de la Psiquiatría como especialidad médica, siendo el Psicoanálisis de Sigmund Freud (y el de sus discípulos), los sanatorios psiquiátricos tipo manicomio y los tratamientos radicales de las enfermedades mentales los temas más controvertidos y frecuentemente criticados.
Las instituciones psiquiátricas: 
Los manicomios tradicionales, auténticos presidios cuando no oscuras sedes y cámaras de las torturas más abyectas, se presentan aquí por Mankiewicz con toda su crudeza.
Resultan especialmente dramáticas las visitas que la Taylor realiza a las salas generales de recreo para los dementes masculinos y femeninos.
El gerente hospitalario: 
Dentro de la medicina asistencial, con frecuencia se presentan aquellos dilemas éticos típicos de la medicina privada, donde el interés económico pudiera influir decisivamente sobre las decisiones terapéuticas a tomar por los facultativos clínicos.
En este aspecto, destacamos la impecable representación que el actor secundario Albert Dekker hace del Dr. Hockstader, director del Asilo Estatal "Lions View".
La homosexualidad: 
En una acción que pivota sobre la enfermedad mental y los trastornos psiquiátricos, el misterioso tratamiento que todos los personajes dan a las inclinaciones sexuales del difunto Sebastian Venable (insinuado, pero nunca mostrado) no hace más que acrecentar el debate que todavía hoy en día se mantiene abierto sobre la homosexualidad.
No olvidemos que existen muchos países en el mundo que siguen considerando a dicha tendencia sexual como una auténtica patología.
La ambientación: 
Especialmente asfixiante resulta la atmósfera que se respira en la mansión sureña de la Sra. Venable, rodeada por un jardín tan exuberante y primitivo como el del Paraíso Original (con plantas cuyas hojas y brotes a buen seguro comieron en su día los extinguidos dinosaurios), así como en las salas y pasillos del asilo psiquiátrico estatal, en las blancas y empinadas calles del pueblo de Cabeza de Lobo, en las celdas y en la biblioteca del convento de Saint Mary, donde primeramente permanecía recluida la Srta. Holly.
El ojo de Dios: 
Que todo lo ve y que siempre permanece condenando los terribles pecados de los Venable: incesto, homosexualidad, hedonismo, avaricia, ambición, locura..., la suficiente y necesaria carga teológica tan frecuente en los relatos dramáticos de Tennessee Williams.
Las "curaciones" psiquiátricas: 
La lobotomía, uno de esos inventos criminales de los médicos que hizo furor como avance científico y puso de moda a los neurocirujanos allá por las décadas de los años 30, 40 y 50, del siglo XX, sobre todo en EE.UU.
Con poquísima base científica y después de decenas de miles de lobotomías realizadas, comenzaron a darse cuenta que el cerebro humano es un área muy delicada y que andar toqueteando en su interior con instrumentales médicos dejaba a los pacientes idiotizados para el resto de sus días, amén de relegados a meros "conejillos de indias o monos de laboratorio".
La lobotomía en la película se queda a un lado, como llano y simple macguffin hitchcockniano.
Empleando sedación mediante inyecciones de Pentothal ("el suero de la verdad" que él mismo afirma no existir) junto a una especial técnica de regresión psicológica, el Dr. Cukrowicz consigue curar la amnesia histérica que padece su paciente Cathy Holly.
Pero es precisamente esa regresión colectiva la que hará rebrotar y agravará ese mismo trastorno mental histeriforme que padecía la Sra. Venable desde la muerte de su hijo.
Estaríamos ante dos casos diferentes de un típico trastorno amnésico disociativo, un recuerdo reprimido a largo plazo motivado por un trauma psicológico o emocional.
No debemos confundirlo con la llamada amnesia postraumática, que siempre tiene un origen orgánico, normalmente un traumatismo craneoencefálico.
El pueblo de Cabeza de Lobo: 
Existe al sur de la comarca de Sierra Mágina (Jaén), limítrofe con la provincia de Granada, el encantador pueblecito de Huelma, por este nombre también conocido al haberse descubierto allí una de las más valiosas joyas atribuidas a los primitivos íberos ("La Cabeza de Lobo"), en las ruinas de un santuario del siglo IV antes de Cristo.
En la película de Mankiewicz también aparece un pueblo marinero situado en la costa de España, con casas encaladas y escarpadas callejuelas que culminan en un cerro coronado por las ruinas de un antiguo templo.
Allí es asesinado y "devorado" Sebastian ante la impotencia de su prima Cathy Holly.
En unas escenas previas al drama, se puede leer perfectamente el cartel del restaurante donde ambos degustan su última comida: "Bar Miramar".
La ambientación en el país que entonces gobernaba como dictador el General Franco, mostrando miseria, homosexualidad y canibalismo (¡junto al incesto, dos de los más grandes temas tabúes para el ser humano!) seguro que atrajo a los censores como la miel a las moscas.
El complejo de Agripina: 
Precisamente hablando de incesto, esta película también lo sugiere veladamente cuando nos presenta la enfermiza fijación de la madre por el hijo (Violet incluso llega a abandonar a su marido moribundo para irse a vivir a una cabaña al lado de su idolatrado Sebastian, cuando éste viajó al Tibet decidió a tomar los hábitos budistas).
Sebastian Venable: 
Admirador de Bizancio, refinado coleccionista de antigüedades y de valiosas obras de arte, incansable viajero, teólogo capaz de descubrir a Dios en la cruel huida hacia el Océano Pacífico de las recién nacidas tortugas de Las Galápagos, durante toda la película nunca nos revelará su rostro.
Existen fotografías del rodaje donde sí podemos verle de cuerpo entero junto a Elizabeth Taylor, pero su nombre no aparece entre los créditos del film.
El esqueleto del ángel: 
Dentro del frondoso jardín que un día plantó Sebastian alrededor de la mansión de los Venable, observamos la existencia de una escultura que simboliza la muerte, representando un esqueleto alado.
El traje de baño: 
Un llamativo traje de baño de color blanco, que se vuelve transparente al mojarse en el agua, es el reclamo sexual escogido por el pérfido Sebastian para que se ponga su prima Cathy en la playa.
La atracción de los hombres está asegurada.
Destacamos la presencia de este color como el favorito de Sebastian: sus trajes son siempre blancos, al igual que sus camisas y sus corbatas, y su madre porta ropas de luto de color blanco, en memoria de su malogrado hijo.
El tabaquismo:
Catherine Holly fuma compulsivamente; tan solo el humo del tabaco penetrando y saliendo de sus pulmones parece calmarla.
Podría resultar contradictoria, y hasta políticamente incorrecta en una película actual la representación de todas esas escenas presentes en Suddenly, Last Summer en las que el propio Dr. Cukrowicz administra "terapéuticamente" nicotina a su paciente como ansiolítico (llegándole a regalar su propio paquete de cigarrillos), pero señores, esto es Hollywood.
Al parece, Williams escribió la obra después de que le ocurriera un hecho real, cuando su hermana Rose, afectada de esquizofrenia paranoide, fuera lobotomizada con permiso de sus padres al no responder a los tratamientos farmacológicos.
Tennessee jamás perdonó tal hecho a sus padres y las consecuencias que supuso, ya que Rose quedó idiotizada para el resto de su vida.
Cuando se estrenó en teatro causó una gran polémica, que se incrementó cuando se estrenó en cine.
Fue alabada por la crítica y el público, y se convirtió en un filme muy avanzado para su tiempo.
Para los Oscar de 1959, alcanzó solo 3 nominaciones: 2 para mejor actriz (Katharine Hebpurn y Elizabeth Taylor), y 1 nominación a la mejor dirección artística para William Kellner.
A mi parecer, darle el Oscar a una sería dejar por fuera a la otra, y ambas debieron recibirlo por empate, tal y como le sucedió a la mismísima Hepburn con su Lion In Winter y Barbra Streisand con Fanny Girl tiempo después.
Ese año la mejor película giraba en torno a Ben-Hur, Anatomy of a Murder, Room at the Top, The Diary of Anne Frank y The Nun's Story, grandes títulos que para entonces la Academia había dejado las 10 nominaciones a mejor película ya varios años atrás y que ahora están de regreso.
Los directores: William Wyler – Ben-Hur, Jack Clayton – Room at the Top, Billy Wilder – Some Like It Hot, George Stevens – The Diary of Anne Frank y Fred Zinnemann – The Nun's Story.
No hay más que decir, los arrolladores resultados los conocemos todos, grandes películas y grandes directores, pero considero que fue una gran omisión dejar por fuera Suddenly, Last Summer.
Hablando de las actuaciones, aquí nos encontramos con dos impresionantes actrices Katharine Hepburn y Elizabeth Taylor una lucha histriónica, única y campal, donde ninguna cede y las dos avanza hacia el abismo.
Montgomery Cliff es un gran actor y aquí está muy bien, pero yo creo que en realidad su papel se limita a ser el interlocutor de las dos mujeres, para darles así pie a que realicen el magnífico trabajo que ambas hacen.
Hepburn no tenía nada que demostrar, ya lo había hecho en numerosas ocasiones, era y aún sus monólogos, disertando sobre la crueldad de la vida y la cosificación del hombre retratado como simple mortal para divertimento de ese megalómano personaje, acompañados de la aristócrata pose de la actriz y de su anoréxica expresión de locura, vuelven a presentárnosla como a la mejor intérprete del siglo XX.
Liz Taylor, sin arrugarse un pelo ante la veteranía de su “tía”, está impresionante, espléndida, demostrando por qué se la consideraba, y con todo merecimiento, un peso pesado de la industria.
Liz choca frontalmente con Hepburn.
Taylor retrata a su primo como un ser hambriento de hombres por alimentarse a base de píldoras y ensaladas.
Habla de ellos como de los platos de un menú: este es apetitoso; ese otro delicioso...
Una menciona su virtud y castidad; la otra su homosexualidad y depravación.
Por eso la segunda está loca; la moralidad de la época no tolera una mente lasciva.
Los largos primeros planos sobre los rostros de los tres protagonistas al final sólo los soportan los grandes actores y esos ojos, esas miradas...
¡Tremendos los tres!
Se dice que con esta película, el director Joseph L. Mankiewicz consiguió de Dame Elizabeth Rosemond Taylor Hilton Wilding Todd Fisher (hasta aquí la cuenta de esposos) la que probablemente sea la mejor actuación de su carrera.
El personaje de Sebastian está presente durante toda la película pero, en realidad, no aparece nunca excepto en unas pocas escenas al final y sin que se le vea nunca la cara.
Sin embargo, su nombre se menciona tantas veces y se habla tanto de él por parte de todos los demás personajes, que sientes una animadversión inmediata hacia él.
Sebastian Venable, como Rebecca de Winter, es un personaje fantasma esculpido por el testimonio de los otros, los que enloquecieron y quedaron calcinados a su paso.
Pero de estas extrañas criaturas de ficción, que únicamente existen en la memoria de otras criaturas de ficción, sólo tenemos el fascinante relato de las cosas que hicieron, los trajes que vistieron, las palabras citadas de las cosas que dijeron, las estancias en las que estuvieron, los oscuros jardines que construyeron, los fuegos que encendieron, un crescendo imposible de culminar con una imagen que no esté condenada a decepcionarnos.
En ocasiones, no hay imagen que se pueda medir con mil palabras.
Williams juega con un protagonista invisible; un muerto que, por diferentes motivos, no deja de atormentar a los vivos y les arrebata el centro de interés.
Todos los implicados en la película estaban pasando por algún tipo de angustia personal, y eso se nota.
Clift, que estaba pasando un mal momento, debido a los fármacos que estaba tomando, tras su doloroso accidente de coche.
Pero no solamente él, ese “todos” afectados por una vida atormentada dentro y fuera de la pantalla eran: Katherine Hepburn que estaba preocupada por Spencer Tracy; Elizabeth Taylor se acababa de casar con Eddie Fisher y aún recordaba la muerte de su anterior marido Mike Todd; el director Joseph L. Mankieiwicz sufría una enfermedad en la piel y tenía que llevar guantes, etc.
Curiosamente, los personajes más odiosos de la película son dos que no están enfermos, simplemente son egoístas, cobardes, rastreros y miserables.
Son la madre y hermano de Catherine, representados por la ganadora del Oscar Mercedes McCambridge y Gary Raymond.
Dos personajes verdaderamente repugnantes.
¿Se habrá fijado el Sr. Clint Eastwood en esta insoportable familia para su Million Dollar Baby?
En fin, es evidente en quién estaba pensando Tennessee Williams cuando los escribió, no hay nada como la familia...
Destaco como lo mejor de la película el duelo a muerte entre Hepburn y Taylor en la escena en la que se encaran en el hospital y el relato final de Liz Taylor, insuperable; al comenzar el relato Violet abre el libro de poemas, al terminar Catherine de narrar lo sucedido, Violet cierra ese capítulo tan tormentoso que nunca se decidió a leer pero que siempre estaba ahí, en esas hojas blancas, color tan adorado por el omnipresente Sebastian. 
Así como la entrada y la salida de la película por la soberbia ganadora de 4 Oscar como mejor actriz principal Miss Katherine Hepburn.
Mankiewicz, uno de los más admirables directores contemporáneos, ha centrado el estilo del film sobre los personajes, es decir, sobre la dirección de los actores. 
En este drama casi onírico era impertinente la preocupación por el realismo, y Mankiewicz ha prescindido de él, salvo que queramos interpretar como realistas las escenas en que aparecen los pacientes del manicomio.
Ha rehuido, igualmente, toda espectacularidad fotográfica: el jardín de plantas primitivas de Sebastián Venable es un escenario opaco y difuminado, y la playa española aparece sólo a través de una niebla confusa, en unas composiciones en las que siempre el término de referencia visual es el rostro de Elizabeth Taylor, no los atisbos de recreación del episodio; los adaptadores -Williams y Gore Vidal- y el Director tuvieron el buen sentido de no recurrir en su narración al flashback, a la retrospección.
En cambio, Mankiewicz se dedicó a conferirle un espléndido halo sensual y patético al personaje que interpreta Elizabeth Taylor.
Como amante del cine clásico, me encuentro en ocasiones harto de los típicos filmes americanos, donde los finales felices, la abstinencia hasta el matrimonio y las familias felices me colman la paciencia.
Tanta hipocresía de uno de los países más violentos me parece a veces un tanto desagradable.
Este película sin embargo (al igual que varias más que la bellísima Elizabeth protagonizó) muestran el otro lado de la moneda, donde la violencia, la mentira y toda la mierda humana se hacen visibles.
Suddenly, Last Summer fue un film bastante polémico en el momento de su estreno, y aun hasta el día de hoy, sorprende debido a su eficaz sugestividad y decadente esencia.
Puede que sea un desenlace sensacionalista y exagerado, es posible que a los apóstoles de la normalización gay les moleste esta visión torturada y sórdida del deseo homosexual en las antípodas de los zerolos y del aburguesamiento homogeinizador de estos tiempos.
Es 1959 –o 1937, año en que se sitúa la acción– y la realidad es así de dura y sórdida; las referencias son Jean Genet cuya obra expresa una profunda rebelión contra la sociedad y sus costumbres, André Paul Guillaume Gide defensor de los derechos de los homosexuales, Jean Nicolas Arthur Rimbaud… no una revista de novela gay.
Lo cierto es que Williams, Vidal y Mankiewcz echan el resto y nos acercan a la locura en la persecución siempre hacia arriba, hacia la nada, de Sebastián por parte de los muchachos españoles, por calles blancas que suben en espiral, hasta unas ruinas abandonadas que no son otra cosa que un altar para el holocausto y el sacrificio, en las visiones de la Muerte en la cara de la anciana que ríe, en el sonido obsesivo y monótono de los instrumentos que tañen los chicos, en el canibalismo como algo más que una sugerencia en el recuerdo de la inmolación del poeta.
Pero no hay castigo, no hay moraleja alguna.
Lo importante no es cómo vivió y murió Sebastián, sino que por fin se pueda decir en voz alta, renacer gracias a la verdad, de la que depende la salud de la mente y el alma, lo que a la madre enamorada le cuesta la razón y a la prima manipulada resulta un tanto anacrónico, que en la actualidad el conflicto central de la obra resulte ser que la madre no acepte la atracción de su hijo por los hombres y la convierta en algo que debe ser silenciado a toda costa, pero hasta hace muy poco tiempo esta era la realidad que rodeaba a la homosexualidad.
Fiel a la visión que se tenía de este tema en la época, el guión asocia ser gay con promiscuidad, inadaptación social, relación edípica con la madre, corrupción de menores en playas del tercer mundo, violencia y otros aspectos sórdidos.
Incluso dando esta visión escabrosa y moralista, el tema se consideraba demasiado atrevido para la censura de la época, aunque ya por muy poco tiempo. 
El cine y la sociedad de 1959 estaban a punto de dejar de cerrar los ojos ante una realidad que no se podría ocultar más tiempo, como de hecho anuncia este film en el que la verdad acaba saliendo a la luz un día, de repente, en el último verano.

"Quizás el amor sea algo así como utilizar a las personas, y quizás el odio sea el no utilizarlas."



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