Dr. Jekyll and Mr. Hyde

Con 3 nominaciones al Oscar de 1941, a la mejor fotografía B&N, mejor montaje, y mejor banda sonora (dramática), Victor Fleming (con Spencer Tracy, Ingrid Bergman y Lana Turner) nos trae la obra literaria de Robert Louis Stevenson: “Dr. Jekyll & Mr. Hyde”. La película no es en absoluto fiel al relato de Stevenson, pero la idea esencial, que es lo que importa, ya está descrita con acierto.
Hay miles de representaciones teatrales y adaptaciones cinematográficas de la obra, así como innumerables referencias en la cultura popular.
La propia frase “Jekyll y Hyde” se usa para referirse a un comportamiento polarizado o a cambios de humor bruscos, y se llama científicamente “El Trastorno Bipolar”.
La mayor parte de las adaptaciones de la obra omiten la figura de identificación del lector de Utterson para contar la historia desde el punto de vista de Jekyll y Hyde, eliminando el aspecto misterioso del libro sobre quién es la figura de Hyde.
De hecho, no hubo ninguna adaptación importante de la obra que fuese suficientemente fiel al trabajo del autor del libro Robert Louis Stevenson hasta ahora, aunque la mayoría de ellas incluyeron elementos románticos en la trama.
Hablando de esta novela, se ha convertido en una pieza central del concepto de la cultura occidental del conflicto interior del ser humano entre el bien y el mal.
También ha sido considerada como "una de las mejores descripciones del período victoriano por su perforante descripción de la dicotomía fundamental del siglo XIX: Respetabilidad externa y lujuria interna."
Y su tendencia a la hipocresía social.
Se han sugerido varias influencias para el interés de Stevenson sobre el estado moral que separa al pecador de su propia moral.
Entre ellas se encuentran:
La figura de William Brodie, aparente modelo de ciudadano del siglo XVIII, rector de una comunidad y concejal del Ayuntamiento.
De día era un ejemplo de conducta cívica, pero de noche se convertía en jugador y ladrón, y llegaba a cometer hurtos sin despertar las sospechas de nadie.
Ni siquiera estaban enteradas sus dos amantes, con quienes tuvo cinco hijos.
Los géneros literarios que los críticos han utilizado para calificar la novela incluyen: la alegoría religiosa, la fábula, la novela policíaca, literatura de doppelgänger (vocablo alemán para el doble fantasmagórico de una persona viva), cuentos diabólicos escoceses o la novela gótica.
Se discute si es un relato de ciencia ficción, debido a que la transformación se produce por la alteración de las sales de la poción.
Stevenson nunca llega a decir cuáles son exactamente los placeres que Hyde obtiene en sus incursiones, limitándose a decir que se trata de algo de una naturaleza mala, lujuriosa y aborrecible para la moral religiosa victoriana.
Sin embargo, varios científicos a finales del siglo XIX, desde la perspectiva del darwinismo social también empezaban a estudiar otras supuestas influencias “biológicas” en la moral humana incluyendo: alcoholismo, drogadicción, homosexualidad, desórdenes de personalidad múltiple y atavismos.
La división interior de Jekyll ha sido vista por algunos críticos como análoga a cismas que existen en la sociedad británica.
Las divisiones incluyen las divisiones sociales de la clase, las divisiones políticas entre Irlanda e Inglaterra, y las divisiones entre fuerzas religiosas y seculares.
Es señalable, por otra parte, que casi nunca se ha destacado el parentesco entre el asunto central del relato y las posteriores doctrinas freudianas sobre el desdoblamiento del "ello", sobrecargado de pulsiones sexuales y agresivas desbocadas, y el débil "yo", de estructura endeble, ante el mismo.
Lo deslumbrante, desconcertante, del relato de Stevenson, es que la historia de estos dobles inquietantes, constituye, a grandes rasgos -como anticipamos- un adelanto de lo que Freud presentó como modelo del psiquismo dos décadas después.
Pero no es ésta la única razón para leer y analizar la novela, también impresionan en gran medida, las descripciones de Londres, de su atmósfera sobrecargada.
La confusión casi laberíntica por las callejas en que se esfuma Mr. Hyde cuando -a hurtadillas- penetra por la misteriosa puerta de la casona.
En tal panorama se difuminan los contornos de los objetos habituales cuando la niebla se arrastra por los tenebrosos callejones y solamente las hieráticas farolas de gas ofrecen su pálida y macilenta luz.
En la película esta una escena “fuerte” para la época y es la obsesión sexual del personaje, que se desata en la metamorfosis con esas imágenes, totalmente rotundas, de los caballos desbocados, las dos mujeres al galope y él encima: impresionante.
Ahora que vivimos una era de películas de terror lamentables, los actuales directores del género harían muy bien en echar un vistazo a los estupendos relatos creados años atrás, para comprobar que el cine vive de guiones y buenas interpretaciones, los cuales nunca podrán ser sustituidos por sangrientos efectos especiales y jovencitas semidesnudas.


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