Thirteen or So Minutes…

“El coito perfecto dura entre 7 y 13 minutos”

Yo tengo un pene y se pone duro, y eso está bien.
Camino por la calle y si veo a una chica que me gusta y se pone duro, eso está bien.
Y si camino y veo a un chico y pasa lo mismo que si veo a una chica.
Si mi pene se pone duro y quiero follar entonces todo está bien.
A la gente le gusta ponerse etiquetas a sí mismas, así de simple.
Pero no importa si es horrible, comercial, o aburrido, tu sabes lo que te enciende.
Así que:
¿Cuál es el gran problema?
Constantemente me preguntan si soy heterosexual, bisexual u homosexual.
Yo respondo que soy simplemente sexual.
Un oportunista sexual.
Thirteen or So Minutes… trata sobre Lawrence y Hugh quienes acaban de conocerse en un bar.
Los dos han tenido novias…
Los dos son heteros.
Trece minutos más tarde, sin embargo, algo ha pasado y las cosas han cambiado.
Los estímulos que producen la atracción se centran principalmente en características que, bien de forma natural o bien por costumbres socioculturales, diferencian a los sexos como el físico, signos de salud y juventud contra los signos de enfermedad y vejez, y cualidades externas por ejemplo, la forma de vestir.
Otros pilares básicos de la atracción sexual son la posesión de características deseables y la semejanza.
De hecho, los aspectos deseables se centran en la belleza física, el erotismo, la afectividad y habilidades sociales, y están relacionadas con liderazgo, competencia laboral y estatus socio-económico-cultural.
Probablemente, lo que produce mayor atracción personal en un primer momento es la similitud de actitudes, opiniones e intereses porque posiblemente aumenta las expectativas de reciprocidad de atracción al facilitar la interacción.
Aunque los gustos y preferencias sexuales de cada persona suelen ser muy variados en relación a otros individuos, una mezcla de buenas impresiones a los sentidos puede generar un "disparo" de atracción sexual que fue lo que pasó en este cortometraje.
Generalmente, la atracción sexual hace referencia a la capacidad para atraer el interés sexual de potenciales parejas.
En el ser humano se entiende como la habilidad para generar interés erótico en una persona.
Si bien la necesidad de afiliación es la que nos lleva a establecer relaciones interpersonales, el deseo sexual, originado de la necesidad de tener relaciones sexuales, es la que permite la aparición de la atracción sexual, base sobre la que se establece todo el fenómeno amoroso.
En un primer lugar, se trata de impulsos sexuales indiscriminados que nos empujan a buscar una pareja sexual, que se transforman, posteriormente, en atracción sexual selectiva por individuos concretos.
En Thirteen or So Minutes… se nos presenta una aparente atracción bisexual.
La mayoría de los planteamientos sobre la bisexualidad son realizados con una tendencia feminista o machista.
La mujer tiene menos inhibiciones al besar a otra mujer, incluso en los labios, en alabar las piernas, trasero o busto de otra o simplemente de tocarse, que entre los individuos varones.
Se dice que la bisexualidad es un don que solo unos cuantos tienen, ya que de esta forma se es capaz de querer y enamorarse no de un sexo, ni de un género, sino de un ser humano
Científicamente, la bisexualidad es un comportamiento y orientación sexual que involucra atracción física y/o romántica hacia personas de ambos sexos.
El término tiene el mismo origen que los que se refieren a las otras orientaciones sexuales, homosexualidad y heterosexualidad.
Dentro de la tradición occidental, se suele dar carta de naturaleza a la bisexualidad desde la antigua Grecia pues, según las fuentes existentes, este tipo de relaciones eran practicadas, incluso por los mismos reyes o gobernadores de Grecia, uno de ellos fue Alejandro Magno.
Dentro de las culturas occidentales europeas y angloamericanas, la ideología sexual dominante ha sido históricamente heterocentrista y patriarcal.
En esta doble vertiente, la sexualidad se ha considerado fundada en la reproducción, las mujeres han sido relegadas a funciones reproductoras y domésticas y a estructuras sociales de debilidad y la heterosexualidad se ha considerado la única opción saludable, legítima y natural.
Los comportamientos homosexuales masculinos, fuertemente reprobados e incluso castigados penalmente, han acarreado en ocasiones una feminización de los varones que los ostentaban, mientras que la homosexualidad femenina era prácticamente invisibilizada.
Por esta doble situación de rechazo social a la homosexualidad y rechazo en algunas comunidades gays y lésbicas de la bisexualidad, algunos estudios muestran la bisexualidad, tanto masculina como femenina, como un caso de homofobia internalizada.
La consideración de las prácticas homosexuales extramatrimoniales de varones casados con mujeres, así como la idea de que el ocultamiento de la propia homosexualidad debilita las reivindicaciones de los militantes LGBT, han sido utilizados también como argumentos de esta teoría de la homofobia internalizada.
A pesar de…
Cualquier persona puede estar confusa respecto a su orientación sexual independientemente de cuál sea ésta.
Por ejemplo, esa confusión puede aparecer cuando alguien que creía ser gay o lesbiana vive alguna experiencia en que se siente fuertemente atraído(a) por el sexo contrario; o de igual forma, un heterosexual, hombre o mujer, puede sentirse confuso (a) cuando se da cuenta de que también puede sentirse fuertemente atraído (a) por alguien de su mismo sexo.
Que exista esa confusión es algo natural y depende de muchos factores por ejemplo, la adolescencia, el haber permanecido mucho tiempo en ambientes con presencia de personas de su propio sexo, etc.
Desde esa misma lógica general, lo mismo puede suceder con la persona bisexual.
El director y escritor William Branden Blinn, nos trae un cortometraje en pleno 2008, para hablarnos de este tema.
Sus protagonistas: Carlos Salas (Hugh) y Nick Soper (Lawrence) realizan este planteamiento:
Qué pasa si nos dejamos llevar por nuestra “pequeña cabeza” y al final de toda esa locura… nos gustó!
Esta película increíblemente hermosa ofrece al espectador una colisión frontal contra lo desconocido, algo que no debería haber ocurrido, ha ocurrido.
Dos hombres han escuchado el llamado de la naturaleza, la belleza de otra persona, el deseo hacia la otra persona.
Como ellos comentan, dos hombres están descubriendo algo en ellos.
Una nueva emoción...
Rechazado o aceptado…
Desconfiado o reconocido...
Se demuestra con maestría que un cierto valor humanitario es mantenerse abierto a la propia pulsación.
Que la vida es un sinónimo del azar, de la falta de certezas.
Para dar atención a la posibilidad de descubrir nuevos sentimientos es una clave para la existencia y, probablemente, un caso en contra de la violencia.
Los actores y la dirección son muy dotados.
También hay una pista muy eficaz de erotismo tenue.
En caso de ser impuesto, obligatorio verlo, y una recompensa a los demás.
Es así como dos hombres heterosexuales, tienen relaciones sexuales y hablan de ello, pasados los mejores 13 minutos de sus vidas.
A uno le gusta más que al otro y ambos hablan de sus sentimientos entre si y tratan de convencerse que todo está bien.
El film no es explícito, el sexo no es visto, es oído.
De ahí que la mayoría de las personas fantasea con un acto sexual a través de los sentidos, a través de la mente, y físicamente fantasea con más de media hora de goce sexual.
El 13, es el número de la mala suerte por excelencia, el que algunas personas no se atreven ni a nombrar por pura superstición, pero adquiere un significado mucho más positivo en el terreno sexual.
13 minutos es lo que debe durar el coito perfecto, según un grupo de sexólogos americanos.
Un estudio publicado en 'Journal of Sexual Medicine', realizado entre los miembros de la Sociedad de Investigación y Terapia Sexual en Estados Unidos y Canadá, indica cuáles son los tiempos normales del acto sexual.
Los sexólogos que han participado, con una media de 26 años de experiencia viendo a 23 pacientes semanales, coinciden en que entre tres y siete minutos, "la relación es adecuada", aunque "el coito deseable se extiende entre los siete y los 13 minutos".
Si desde la penetración hasta que el hombre eyacula pasan menos de tres minutos, el acto es "demasiado corto".
Por el contrario, si este momento llega entre 15 y 30 minutos después de haber empezado, los expertos creen que es una relación "demasiado larga".
Estos tiempos revelan que en cuestión de sexo, la realidad no supera la ficción.
La cultura popular y los mensajes sociales han generado estereotipos sobre la actividad sexual que no son reales.
Muchos hombres y mujeres fantasean con penes más grandes, con erecciones más largas y, sobre todo, con coitos que duren toda la noche.
Estas expectativas pueden provocar insatisfacción en los individuos que no las logran.
Los autores creen que los resultados de este estudio tienen importantes implicaciones en la medicina sexual, tanto en la prevención como en el tratamiento de los trastornos relacionados con la eyaculación.
Estamos tan presionados por las falsas creencias que rodean al sexo que muchos hombres que tardan cuatro minutos en eyacular se angustian pensando que tienen algún problema, cuando resulta que es un tiempo normal.
De hecho, las últimas encuestas realizadas sobre el tema indican que tan sólo un 14% de los varones querría que su coito durara menos de 10 minutos.
Al 50% le gustaría aguantar por lo menos media hora y un 36% no se queda conforme si eyacula antes de la hora.
Las mujeres también fantasean con relaciones más largas, sin contar los preliminares.
El 52% de ellas no se queda conforme con menos de 30 minutos de placer en la cama; el 29% es aún más exigente y pide 60 minutos, mientras que sólo un 18% acepta de buen grado durar menos de 10 minutos.
En cualquier caso, retomando el tema del corto, muchas personas simplemente prefieren referirse a sus relaciones sexuales como forma de expresar sus sentimientos afectivos, y no es poco frecuente encontrar parejas de hombres en las que prefieren no hablar del rol activo o pasivo de cada uno, sino de expresar su amor, sin más.
En general podríamos decir que depende de cada persona ser y considerarse activo, pasivo, o ambas cosas.
Y, ciertamente, no es eso lo importante en una verdadera relación.
Fomentaría un raciocinio más claro sobre estos temas si las personas no fueran clasificadas como heterosexuales ni homosexuales, sino individuos que han tenido cierta cantidad de experiencias heterosexuales y cierta cantidad de homosexuales. 
En vez de usar estos términos como sustantivos indicativos de la persona, o incluso como adjetivos para describirlas, debiesen mejor ser empleadas para describir la naturaleza de las relaciones sexuales en sí, o al estimulo al que el individuo responde.
Aún falta mucho caminar para llegar (si es que llegamos) a aquella sociedad utópica que nos plantea un mundo feliz, donde el hombre y la mujer sean iguales y cada quien ejerza la sexualidad que quiera sin dañar a nadie.
No debemos aspirar a la libertad oprimiendo al prójimo, sino viviendo la vida de la forma que elegimos y pensando cómo queremos.

"Nuestras acciones nunca deben impedir que los demás actúen y piensen libremente, como nosotros lo hacemos”.
(Bertrand Russell)



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