The Broken Hearts Club: A Romantic Comedy

“Dicen que los corazones rotos buscan la belleza perdida.
Deambulan por el mundo y los hacen soñar con cualquier cosa; se sumergen en melodías preciosas y leen cosas conmovedoras.
Se expanden por todo el mundo sea cual fuere su religión, sexo o raza y jamás se les oye porque viven en el silencio.
Los corazones rotos se encuentran en todos los ambientes de cada calle y cada ciudad.
Son sobrecogedoramente hermosos y esconden cosas increíbles que piensan acerca de la vida”.

Ser gay o no ser gay, con todo lo que implica, esa es la cuestión.
Hay cabida para todos…
La familia que tú eliges.
Los amigos son la familia que tu escoges, en contraposición a aquella que te viene dada, y creo que esta película es un ejemplo de esta frase.
Nos encontramos ante una película de temática gay dirigida al público gay.
Todos los estereotipos marcados en la sociedad gay tienen aquí su representante.
La oferta es amplia, abusiva y sobrecargada, lógicamente.
El grupo que forman es heterogéneo y en ello quizás radique la gracia del film.
Esta película pretende reflejar (y lo hace) los estereotipos más comunes (y odiados - seguramente) de los homosexuales.
Esta película busca la igualdad y dar como normal algo que la mayoría ya entendemos como tal, gracias a que los intérpretes, todos, son actores heterosexuales, y en ello radica la matrícula de honor de esta película.
Los protagonistas se comparan más de una vez con las protagonistas de “Steel Magnolias”, debido a que no existe (para los protagonistas) una película en la que un grupo de homosexuales como el suyo está bien representado, pues, palabras de uno de los protagonistas, siempre son homosexuales luchando contra el SIDA, o parejas/amigos de homosexuales luchando contra el SIDA los que protagonizan films de este tipo.
Recordando que esta película es del 2000, pongamos en perspectiva este comentario de uno de ellos y veremos que es así, y esta película es una de las primeras en hablar de normalización y diversidad en el colectivo gay.
Es tierna y, aunque excesivamente gay, tal vez estaría bien que más de un heterosexual prejuicioso la viera.
The Broken Hearts Club: A Romantic Comedy, primera y última película escrita y rodada por Greg Berlanti, el único gay out of the closet.
Una cuestión destacable es esa elección del elenco, muy homogéneo, cuyos integrantes logran esquivar la típica caricatura del varón gay amanerado, con excelente interpretaciones de Timothy Olyphant, John Mahoney, Dean Cain, Andrew Keegan, Matt McGrath, Zach Braff, Ben Weber, Billy Porter, Justin Theroux, Mary McCormack y Nia Long, entre otros.
Es así como The Broken Hearts Club: A Romantic Comedy es una película sobre las vicisitudes de un grupo de amigos homosexuales que se consideran a sí mismos como una gran familia.
Entre ellos, los hay que viven en pareja, los que han sido abandonados por esta o quienes tienen el conflicto interior de sentir que su aspecto poco agraciado no les va a permitir llegar jamás a tener un compañero.
Lo que no analiza la película es ese afán de cierto entorno del mundo gay por el servilismo a la aparente belleza física.
Finalmente, también se encontrará entre ellos el atractivo amigo –Cole, interpretado por el Superman televisivo, Dean Cain-, que sabe que tiene las conquistas que desee en todo momento, aunque en realidad esta posibilidad no le impida ser él mismo, utilizado por una estrella televisiva que esconde su homosexualidad de manera pública.
Dennis (Timothy Olyphant), que se siente solo en ese mundo de amigos y aparente comodidad, y se plantea la posibilidad de viajar y establecerse en Europa.
Por su parte, Benji (Zach Braff) se liará con un “galletón” de gimnasio que le llevará al peligroso mundo de las drogas sintéticas.
Patrick está totalmente atormentado por su vulgar aspecto físico…
En definitiva, una galería de prototipos que con posterioridad han sido sobradamente explotados en múltiples películas y sitcoms televisivas, con la ventaja en este caso de que en la película alcanzan unas notables dosis de credibilidad cinematográfica.
El conjunto se disuelve en la moralidad de las pequeñas historias y frustraciones entrelazadas que protagonizan los distintos amigos, y en ellos se destacarán muchos momentos en los que hablar de sexo será moneda corriente, aplicando además a estas tertulias un toque de mordacidad –ver como todos ellos se confiesan ante la peluquera de turno-.
Berlanti despliega sus mejores cualidades como realizador al destacar en el estupendo uso del formato panorámico, o una notable destreza al intercalar en los primeros minutos las circunstancias que concurren en todos los personajes que se desplegarán por su metraje.
Para ello recurrirá al uso –en este caso impecable- de la pantalla dividida e igualmente fragmentada en diversos fundidos en negro, tras los cuales se irán describiendo algunos términos conocidos de la comunidad gay.
Pero en medio de la ironía y la generalizada sinceridad del grupo, algunos de sus componentes vivirán momentos duros y delicados, ante los que el conjunto de amigos deberán responder.
Esa es, en líneas generales, la principal característica de una película que transmite autenticidad y cotidianeidad en sus fotogramas y que, más allá de desarrollarse entre un conjunto de hombres homosexuales, de lo que habla es del derecho que todo ser humano tiene a ser feliz.
Afortunadamente, el entorno donde están ubicados permite ya dejar de lado el terrible eco del SIDA o el rechazo familiar.
En este sentido, la batalla está ganada, no así la guerra.
Ahora deben afrontar la de la vida.
Esta propia condición gay de todos ellos es la que crea el rasgo más inquietante que se deduce de su andadura vital; el miedo a la soledad o al amor no correspondido, que se expresa con un notable sentido de la melancolía.
Este rasgo tendrá su plena expresión a partir de la secuencia del funeral de Jack –al que acudirán todos sus amigos vistiendo las estridentes camisetas playeras que a él le gustaba lucir-, y en donde la cámara del realizador –acompañada por el evocador sonido musical de The Carpenters-, nos llevará a recorrer el estado emocional de todos los muchachos que deberían acudir a la celebración del “Hombre Púrpura” –la discreta y fiel pareja de Jack-.
El epílogo del film transcurre unos meses después, cuando Dennis decida marcharse para probar fortuna como fotógrafo de prensa.
En el club y lugar de reunión de siempre, sus amigos han improvisado una exposición de las imágenes que con el paso de los años el homenajeado ha venido elaborando a ellos mismos.
El ambiente es alegre –aparentemente-, pero un hálito de tristeza lo envuelve, mientras la cámara se centra en las fotografías, tomando el punto de vista del joven Kevin.
Con sus breves y emotivas palabras describirá lo que sus amigos han supuesto para su desarrollo como persona, dando paso –nuevamente con la música de The Carpenters a un plano fijo de la imagen en la que todos ellos se reunieron en una ocasión.
Un recuerdo que ya es parte del pasado y que quizá jamás volverá a repetirse.
Puede que con ello llegue su madurez existencial, pero la melancolía que desprenden sus imágenes hablan de esa pérdida de una determinada felicidad, y es mérito de su director y su espléndido “cast”, que ese sentimiento trascienda el mero estereotipo –que en ocasiones llega a bordear-, y transmita una sensación de verdad en el espectador.

“Dedicada a Mauro, Juan José, Rodolfo, Alvaro (RIP), Mauricio, July, Harry (RIP), y todos los demás que fueron mi club en los años de mi movida”.



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