Querelle

"Querelle no se acostumbraba a la idea de ser un monstruo.
A pesar de su juventud, conocía el horror de estar solo, atrapado en un mundo de seres vivos"

La vida de una persona que con todos los medios posibles en esta sociedad intenta encontrar su identidad.
El marinero Georges Querelle, un ángel exterminador que ejerce un irresistible poder de fascinación y seducción sobre las personas con las que se cruza brindándoles una gran intensidad vital pero también la muerte.
Sartre diría de él que disfrutaba construyendo aberraciones cuya única meta era poner nerviosos a sus amigos más cercanos.
Las obras de Jean Genet, prodigios de ingeniería metafórica, llenas de imágenes impactantes pero nunca vulgares, consiguen conmover aún hoy en día a los lectores más maleados.
Genet, huérfano, ladrón, homosexual y proscrito, escribió en el curso de cinco años varios textos diversamente autobiográficos que llegarían a ser considerados obras maestras de la literatura de todos los tiempos.
Sórdida y hedonista, amoral y religiosa, Querelle de Brest, es quizá la única auténtica novela de Genet.
Escrita entre 1945 y 1946 es el texto más trasgresor y salvaje de este autor francés que desbordaría los límites de lo prohibido en la página en blanco.
Querelle de Brest, una novela de brumosas pasiones marineras, una historia sobre la homosexualidad en la que ninguno de los personajes es homosexual, era la cuarta novela de Jean Genet, escrita inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial.
En contra de la ética tradicional y con gran fuerza lingüística e imaginativa, el autor creó un mundo mágico de maldad que obedecía a sus propias leyes. Homosexualidad, asesinato, traición y nostalgia de la muerte son sus temas principales.
Esta obra, definida como "un punto crítico del análisis existencial del hombre moderno", fue considerada durante mucho tiempo no apta para filmar.
El productor Dieter Schidor se la ofreció a directores como Bernardo Bertolucci -que la rechazó por escabrosa-, Sam Peckinpah -que también dio un no por respuesta- y finalmente a Werner Schroeter, el cual había comenzado los preparativos en el año 1981.
Sin embargo, debido a los numerosos problemas económicos que estaba planteando y los continuos aplazamientos, la producción fue encomendada a Rainer Werner Fassbinder, quien sin dudarlo aceptó rodarla y la llevó a su terreno personal.
Querelle tiene que ver todo lo que hace desde dos ángulos:
Desde el que la sociedad califica de criminal -es decir, desde la miseria- no saca nada en limpio, así que tiene que engañar desde el otro.
Sólo de este modo puede dar un paso hacia delante.
Y pues, desde el plano de identidad sexual a través del crimen.
Fassbinder logró crear una obra radical, innovadora e inclasificable donde se daban cita la grandiosidad de los sentidos, la representación pura, una religiosidad mítica, una sensualidad coloríficada que rayó el kitsch, unos gestos, unas miradas que siempre significaban algo más.
Por todas estas razones, el Querelle de Fassbinder no admitía ni admite términos medios a la hora de ser valorado: o se le ama o se le odia.
Querelle, ese marinero acostumbrado a ser deseado (mira pero no toques), de pasado desconocido, que no encuentra lo que quiere porque no sabe qué quiere.
Sexualidad reprimida, que aflora en forma de violencia.
Querelle es un film 1982 dirigido por Rainer Werner Fassbinder, adaptado de la novela francesa del autor Jean Genet en 1947 “Querelle de Brest”.
Jean Genet fue un novelista, dramaturgo y poeta francés, cuya obra expresa una profunda rebelión contra la sociedad y sus costumbres.
Sus intérpretes son: Brad Davis (Querelle), Franco Nero (Teniente Seblon), Jeanne Moreau (Lysiane), Laurent Malet (Roger), Hanno Pöschl (Robert/Gil), Günther Kaufmann (Nono), Burkhard Driest (Mario), Dieter Schidor (Vic), Roger Fritz (Marcellin), Neil Bell (Theo), Karl Scheydt/Gilles Gavois/Michael McLernon (marineros), Robert van Ackeren/Wolf Gremm/Frank Ripploh (soldados), Werner Asam, Axel Bauer, Vitus Zeplichal, Karl-Heinz von Hassel, Volker Spengler, Harry Baer, Sa Lo, y Isolde Barth...
La adaptación surrealista de Fassbinder consigue alcanzar el nivel de dramatismo y abstracción de la novela original.
Fue el trabajo final de Fassbinder y, según sus propias palabras, la película más importante de su carrera como director de cine.
La obra Querelle es considerada en estos días como un icono del cine gay.
Íntegramente rodada en los estudios CCC de Berlin, en Scope y en inglés, el director dio lugar a una fantasía de estilo altamente expresionista sostenida por la teatralidad de las actuaciones de los actores; por un erotismo ante todo conceptual y nada explícito subrayado por la extrema dureza de los diálogos y por símbolos tales como afiladas navajas, pistolas y joyas en forma de anillos; por la inclusión continuada y aleatoria de intertítulos referidos directa o indirectamente a la película, los cuales funden al blanco; por una fotografía maravillosa, casi pictórica de tonos ocres, anaranjados, pardos, que baña con su sensación crepuscular a todo el film; por la abigarrada y espléndida partitura de Peer Raben; y por unos decorados de Rolf Zehetbauer que, caracterizados por una exagerada artificialidad, reproducen el encanto pecaminoso de un imaginario e irreal puerto de Brest flanqueado por torres en forma de falos y un faro-pene supradimensional.
Admirable por ser una película del año 82, sin prejuicios y con tanta carga erótica, donde, por cierto, hay alguna escena erótica que roza la pornografía.
Pero todo está llevado a un universo onírico, filosófico, bello, que borra la pretensión de polemizar con la homosexualidad.
La película se centra en un bello marinero Georges Querelle (Brad Davis), quien es también un ladrón y asesino, y ha recorrido con la tripulación todo el mundo.
Cuando su barco, el Vengeur, llega a Brest, él visita el burdel Feria, regentado por Lysiane (Jeanne Moreau), enamorada de Robert -el hermano de Querelle.
Querelle, quien ha estado realizando tráfico de opio con el dueño de Feria y un policía de Brest, asesina a su cómplice y compañero de tripulación Vic en un acto mezclado de deseo y violencia, tan habitual en las obras literarias de Genet, autor y protagonista, a su vez, de varios episodios delictivos juveniles.
Para suerte de Querelle, un capataz de la construcción de Brest llamado Theo muere asesinado por uno de sus miembros de su cuadrilla de obreros: Gil, como rechazo a las frecuentes humillaciones sociales y sexuales sufridas.
Gil se esconde de la policía, y Roger, quien está enamorado de Gil, establece un contacto con Querelle, quien promete ayudarte a escapar de la Brest.
La relación entre Gil y Querelle se convierte en una relación de amor.
Querelle siente una atracción especial por Gil, al considerarle del mismo rango que él: un asesino.
Sin embargo, Querelle traiciona a su amor por Gil avisando a la policía sobre el plan de fuga que le ha preparado y guardando el anonimato.
Otras escenas en paralelo, muestran al patrón de barco llamado Lieutenant Seblon (Franco Nero) enamorado de Querelle, por su perfección y su instinto asesino.
Protegiéndolo de la justicia.
El rodaje de Querelle planteó no pocos problemas.
En primer lugar, algunos de los actores de talla internacional que figuraban en el reparto se mostraban reacios a rodar algunas de las escenas más comprometidas.
Brad Davis, que daba vida al marinero protagonista, hizo saber a Fassbinder en alguna ocasión que no era partidario de la crudeza de algunas secuencias que iba a protagonizar, aunque como dice Harry Baer:
"En privado no parecía disgustarle el trato con el sexo masculino".
Ooops!
Franco Nero se negó en un principio a pronunciar la frase referida a que:
"Sus manos formaban senos en su pecho"
Aunque finalmente la dijo sin problemas ante la monumental bronca gratuita en que el director echó un pobre electricista.
En cambio, sí que se salió con la suya cuando se negó a dar el beso final en la boca que debería de dar a Querelle, beso que fue sustituido por un abrazo, pues argumentó que de haberlo dado, la imagen que de él tenía la comunidad italiana se habría resentido.
Del mismo modo, el actor Günter Kaufmann tenía que rodar una escena de sexo con Brad Davis en la que debía verse un primer plano de su cara que reflejara toda la perversión que exigía el personaje de Nono.
Tras ser repetida varias veces la toma, Fassbinder mandó poner a todo volumen una canción que tenía por estribillo un repetitivo:
"Soy el negro alemán... Soy el negro alemán".
Kaufmann se enfureció tanto que al final ofreció la expresión que buscaba el director, el cual le espetó:
"¡Siempre lo he dicho!
Con vosotros solo hay una forma de actuar.
Poneros ante la alternativa de ser despellejados vivos para que actuéis como nunca lo habéis hecho".
También hubo dificultades con el guión y su coautor Burkhard Driest, que daba vida al policía corrupto del Feria.
Éste quería introducir numerosos primeros planos de penes erectos a lo largo de la película, pero Fassbinder le dijo en su cara que era un "macho cretino", que la visión de la homosexualidad que planteaba era demasiada barata para su gusto.
Por último, hacia el final del rodaje, Rainer se empeñó en reducir el calendario previsto en tres días e imprimió un ritmo frenético que hubo de ser seguido por todos los componentes del equipo.
Se puso a dirigir prácticamente de memoria e improvisó cambios en el guión que no hacían más que confundir a la cámara y a sus ayudantes.
Dado que en el rodaje no se había seguido un orden cronológico, no había en todo el plató quien fuera capaz de seguir lo que estaba haciendo.
El último día de rodaje, mientras rodaba una escena tras otra, fue despidiendo a los actores una vez éstos concluían sus intervenciones.
A destacar escenas como aquella en la que Querelle termina degollando a un compañero y tras caer al suelo la sangre brota a borbotones, o aquella en la pierde deliberadamente a los dados (sic) para ser "violado" por el dueño del burdel.
Magníficas tomas.
Como dije, Querelle es sin duda una de las cumbres del cine de los años 80.
Estéticamente fascinante, moralmente transgresora, cinematográficamente arrebatadora, Querelle sigue siendo a día de hoy un film valiente, cruel y demoledor.
No solo plasma a la perfección el mundo barroco, angustioso, cruel y desesperado de Genet si no que lo funde con las inquietudes de Fassbinder, (que curiosamente, después de hacer esta incontestable y mortuoria obra maestra solo podía esperarle el suicidio), su tendencia al exceso, al melodrama, a la sexualidad como vía de liberación y escape del ser humano...
Querelle toca cuestiones muy hondas que seguramente eran las que preocupaban y obsesionaban al director.
El poder desasosegante de la belleza, el turbador de la sexualidad.
Y no sólo éstas.
Fassbinder también nos habla de la vejación, del disimulo, la cercanía y ambigüedad entre el sentimiento de amistad y el de amor, la indiferencia ante el crimen, las motivaciones para matar o mentir, las razones tan turbias por las que en algún momento podemos ser amados o rechazados, la fascinación del incesto, las justificaciones para enmascarar o hacer soportable la sexualidad cuando ésta es problemática, la posibilidad de la bisexualidad.
Esta película se ha quedado ya como pura arqueología cinematográfica, como documento histórico de una forma de rodar intelectual y pretenciosa.

“A la soledad moral del asesino se une la soledad del artista que no puede admitir autoridad alguna excepto la de otro artista”



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