Meet John Doe
"El primer John Doe murió hace 2000 años"
El carácter de un país es la suma total del carácter de sus pobres hombres…
La época de los grandes discursos.
Aunque con bastante pertinencia se sitúe la figura de Frank Capra como uno de los más relevantes cultivadores de la comedia en el periodo dorado del género en el cine norteamericano, esa definición en ocasiones oscurece su auténtica dotación.
Y es que, como por otra parte sucedió con otros cineastas con los que compartió el devenir de su filmografía, en Capra se articula ante todo un cultivador de dramas exacerbados, que combinaba con una inusual destreza con un barniz de comedia, logrando con ello unos resultados insólitos en la incardinación de sus elementos, y proporcionando a su obra el rasgo de personalidad más definitorio de su cine.
Es curioso constatar todo ello, en la medida que según su filmografía se iba espaciando y adentrando en el periodo desarrollado durante la II Guerra Mundial –y más allá de sus celebrados documentales de guerra-, se aprecia la aparición de un amargo influjo en su cine.
Parece por momentos como si su consustancial optimismo se peleara con una visión más desencantada de la existencia.
Esos contrapuntos tan marcados, tuvieron uno de sus exponentes más rotundos en Meet John Doe, en la que el cineasta italiano opta de forma clara por la inclinación hacia el drama, en detrimento de la vertiente de comedia con la que se inscribirán sus primeros minutos.
Y que es probable nos induzca a pensar que la verdadera razón que permitió el génesis de la película, fuera la de formular la implicación del cineasta dentro del contexto de denuncia contra los totalitarismos, que tantos y tantos cineastas norteamericanos expresaron en aquellos años en los que el nazismo alemán y el fascismo italiano ya mostraban sus atrocidades.
Sin embargo, ni el realizador ni su habitual colaborador Robert Riskin, limitan el epicentro de la película en dicha vertiente –aunque sí centre uno de sus ejes vectores-, ya que Meet John Doe puede ser degustada como una diatriba sobre el papel manipulador de la prensa –un tema que centra su primer tercio-, o una proclama sobre la nobleza del carácter y la personalidad norteamericana.
Ese parecer ser el objetivo principal del relato, y ya en los títulos de crédito ese collage de pinceladas sobre diferentes aspectos de la personalidad gringa, nos predispone a asistir a una diatriba sobre la supuesta nobleza de la misma –uno de los elementos que en el pasado sirvieron a los detractores del realizador, para ponerse anteojeras y no ver sus numerosas virtudes como cineasta, relegándolo al indigno apelativo de “la abuelita Capra”-.
Pero más allá del auto-sacrificio para la redención de la comunidad, una línea argumental sobre-explotada en la narrativa occidental, la película constituye un magnífico análisis sobre nuestras democracias.
La manera en que los periódicos y medios de comunicación crean la realidad, crean los productos a vender, y aíslan a las personas, las alejan incluso de sus propios valores, inculcándoles aquello que deben pensar o no.
Con todo el amor que Capra profesaba por el hombre medio, el hombre común, no deja que eso le ciegue, siguiendo con las metáforas bíblicas.
Esto pasa en esta película, la misma gente que encumbra a John Doe, gracias a lo que conoce de él en los medios, pasa a despreciarlo en la fracción de un segundo cuando los medios deciden dar la visión opuesta del personaje.
Frank Capra amaba profundamente a USA, pero, con todo lo amables que son sus películas, nunca dejó de alertar sobre aquello en lo que podía convertirse su país, Occidente en pleno si tenemos amplitud de miras.
En lo que podría convertirse si no se acierta a distinguir las derivas propias de un sistema, que para Capra, sin ser perfecto, por el momento es lo mejor que se nos ha ocurrido.
Entre esas derivas, según el director, la ambición de todos aquellos en contacto con el público: políticos y prensa.
Y el futuro, no podía ser de otra manera, en el público.
Meet John Doe fue la primera (y única) película producida por Frank Capra Productions y de su éxito dependía el futuro inmediato de la compañía.
Pero no solo eso, según el propio Capra estaban también en juego las perspectivas a largo plazo de la independencia productor-director que llevaba defendiendo públicamente en una serie de artículos en revistas desde 1936 bajo el lema "un hombre-una película", adelantándose así a lo que se conocería más tarde como cine de autor.
Meet John Doe, oda a la ética y los principios, es una película de 1941 dirigida y producida por Frank Capra, protagonizada por Gary Cooper y Barbara Stanwyck.
El carácter de un país es la suma total del carácter de sus pobres hombres…
La época de los grandes discursos.
Aunque con bastante pertinencia se sitúe la figura de Frank Capra como uno de los más relevantes cultivadores de la comedia en el periodo dorado del género en el cine norteamericano, esa definición en ocasiones oscurece su auténtica dotación.
Y es que, como por otra parte sucedió con otros cineastas con los que compartió el devenir de su filmografía, en Capra se articula ante todo un cultivador de dramas exacerbados, que combinaba con una inusual destreza con un barniz de comedia, logrando con ello unos resultados insólitos en la incardinación de sus elementos, y proporcionando a su obra el rasgo de personalidad más definitorio de su cine.
Es curioso constatar todo ello, en la medida que según su filmografía se iba espaciando y adentrando en el periodo desarrollado durante la II Guerra Mundial –y más allá de sus celebrados documentales de guerra-, se aprecia la aparición de un amargo influjo en su cine.
Parece por momentos como si su consustancial optimismo se peleara con una visión más desencantada de la existencia.
Esos contrapuntos tan marcados, tuvieron uno de sus exponentes más rotundos en Meet John Doe, en la que el cineasta italiano opta de forma clara por la inclinación hacia el drama, en detrimento de la vertiente de comedia con la que se inscribirán sus primeros minutos.
Y que es probable nos induzca a pensar que la verdadera razón que permitió el génesis de la película, fuera la de formular la implicación del cineasta dentro del contexto de denuncia contra los totalitarismos, que tantos y tantos cineastas norteamericanos expresaron en aquellos años en los que el nazismo alemán y el fascismo italiano ya mostraban sus atrocidades.
Sin embargo, ni el realizador ni su habitual colaborador Robert Riskin, limitan el epicentro de la película en dicha vertiente –aunque sí centre uno de sus ejes vectores-, ya que Meet John Doe puede ser degustada como una diatriba sobre el papel manipulador de la prensa –un tema que centra su primer tercio-, o una proclama sobre la nobleza del carácter y la personalidad norteamericana.
Ese parecer ser el objetivo principal del relato, y ya en los títulos de crédito ese collage de pinceladas sobre diferentes aspectos de la personalidad gringa, nos predispone a asistir a una diatriba sobre la supuesta nobleza de la misma –uno de los elementos que en el pasado sirvieron a los detractores del realizador, para ponerse anteojeras y no ver sus numerosas virtudes como cineasta, relegándolo al indigno apelativo de “la abuelita Capra”-.
Pero más allá del auto-sacrificio para la redención de la comunidad, una línea argumental sobre-explotada en la narrativa occidental, la película constituye un magnífico análisis sobre nuestras democracias.
La manera en que los periódicos y medios de comunicación crean la realidad, crean los productos a vender, y aíslan a las personas, las alejan incluso de sus propios valores, inculcándoles aquello que deben pensar o no.
Con todo el amor que Capra profesaba por el hombre medio, el hombre común, no deja que eso le ciegue, siguiendo con las metáforas bíblicas.
Esto pasa en esta película, la misma gente que encumbra a John Doe, gracias a lo que conoce de él en los medios, pasa a despreciarlo en la fracción de un segundo cuando los medios deciden dar la visión opuesta del personaje.
Frank Capra amaba profundamente a USA, pero, con todo lo amables que son sus películas, nunca dejó de alertar sobre aquello en lo que podía convertirse su país, Occidente en pleno si tenemos amplitud de miras.
En lo que podría convertirse si no se acierta a distinguir las derivas propias de un sistema, que para Capra, sin ser perfecto, por el momento es lo mejor que se nos ha ocurrido.
Entre esas derivas, según el director, la ambición de todos aquellos en contacto con el público: políticos y prensa.
Y el futuro, no podía ser de otra manera, en el público.
Meet John Doe fue la primera (y única) película producida por Frank Capra Productions y de su éxito dependía el futuro inmediato de la compañía.
Pero no solo eso, según el propio Capra estaban también en juego las perspectivas a largo plazo de la independencia productor-director que llevaba defendiendo públicamente en una serie de artículos en revistas desde 1936 bajo el lema "un hombre-una película", adelantándose así a lo que se conocería más tarde como cine de autor.
Meet John Doe, oda a la ética y los principios, es una película de 1941 dirigida y producida por Frank Capra, protagonizada por Gary Cooper y Barbara Stanwyck.
La película versa sobre un vagabundo que se convierte en un líder de opinión gracias a los manejos de una joven periodista y un empresario con ambiciones políticas.
La película fue un éxito comercial y fue nominada a un Premio de la Academia al Mejor guión original (para Richard Connell y Robert Presnell Sr.).
Si bien la película es menos conocida que otros clásicos de Capra, hasta el día de hoy está muy bien considerada.
Ocupa el puesto número #49 en AFI's 100 años... 100 inspiraciones.
Rodada en un blanco y negro aún no tan genial como sus posteriores y famosos claroscuros, George Barnes imprimió su particular sello al respecto y el reputado Dimitri Tiomkin puso su particular nota musical al asunto...
Capra era un soñador y un romántico, y utilizó una fórmula infalible en todas o al menos, en la mayoría de sus películas:
El mendigo convertido en filántropo, vive con la cabeza llena de pájaros soñando con el beisbol.
La periodista que monta todo el tinglado tiene una familia soñadora y filantrópica que ayuda a los vecinos.
Todos los buenos de la película nos caen bien por sus sueños.
Los malos, en cambio lo son por su ambición.
El defecto de los discursos es que los buenos son buenos por lo que dicen, no por lo que hacen.
Quizá Capra percibió esa falla y por eso llevó la película a un desenlace donde el protagonista que no se ha vinculado al movimiento hasta ese momento tiene que tomar una decisión trascendental.
Esa vuelta de tuerca consigue que la historia salga del discurso y se convierta en puro cine.
Siendo como es, una propuesta densa y brillante –probablemente uno de los títulos más valiosos del cine de su autor-, Meet John Doe interesa mucho más por cómo se expone cinematográficamente, que en su propia configuración como relato.
Es algo, que de una vez por todas debería tenerse bien presente a la hora de valorar las cualidades de Capra como cineasta.
Su capacidad para alternar drama y comedia casi de un plano a otro y su capacidad para definir a sus personajes, los tintes dramáticos poco a poco devoran los matices de comedia con que se envuelven sus primeros fragmentos -y que, pese a todos, nunca dejarán de tener acto de presencia-, preocupada por su compromiso y advertencia en contra de la llegada de tentaciones totalitarias a una sociedad democrática por la norteamericana.
La película estaba destinada a luchar contra las fuerzas fascistas pro nazis presentes en América.
Los peligros de una nación complaciente (con hambre en medio de una tierra de abundancia) siendo manipulada y tomada por las fuerzas neofascistas y el Tercer Reich de Hitler (una realidad en los primeros años de la década de los 40) se contrarrestan en la película con las acciones del “hombrecillo” corriente.
Curiosamente, la película es ya de dominio público, es decir, ha expirado su copyright.
Si bien puede ocurrir lo mismo que con You Can’t Take It With You, también de dominio público y que durante años fue emitida por cadenas de televisión sin pagar derechos de autor.
Pero resulta que la Corte Suprema de Estados Unidos consideró que se basaba en otro material que seguía estando protegido, como el guión, la música etc., así que de dominio público nada.
En fin:
La película fue un éxito comercial y fue nominada a un Premio de la Academia al Mejor guión original (para Richard Connell y Robert Presnell Sr.).
Si bien la película es menos conocida que otros clásicos de Capra, hasta el día de hoy está muy bien considerada.
Ocupa el puesto número #49 en AFI's 100 años... 100 inspiraciones.
Rodada en un blanco y negro aún no tan genial como sus posteriores y famosos claroscuros, George Barnes imprimió su particular sello al respecto y el reputado Dimitri Tiomkin puso su particular nota musical al asunto...
Capra era un soñador y un romántico, y utilizó una fórmula infalible en todas o al menos, en la mayoría de sus películas:
El mendigo convertido en filántropo, vive con la cabeza llena de pájaros soñando con el beisbol.
La periodista que monta todo el tinglado tiene una familia soñadora y filantrópica que ayuda a los vecinos.
Todos los buenos de la película nos caen bien por sus sueños.
Los malos, en cambio lo son por su ambición.
El defecto de los discursos es que los buenos son buenos por lo que dicen, no por lo que hacen.
Quizá Capra percibió esa falla y por eso llevó la película a un desenlace donde el protagonista que no se ha vinculado al movimiento hasta ese momento tiene que tomar una decisión trascendental.
Esa vuelta de tuerca consigue que la historia salga del discurso y se convierta en puro cine.
Siendo como es, una propuesta densa y brillante –probablemente uno de los títulos más valiosos del cine de su autor-, Meet John Doe interesa mucho más por cómo se expone cinematográficamente, que en su propia configuración como relato.
Es algo, que de una vez por todas debería tenerse bien presente a la hora de valorar las cualidades de Capra como cineasta.
Su capacidad para alternar drama y comedia casi de un plano a otro y su capacidad para definir a sus personajes, los tintes dramáticos poco a poco devoran los matices de comedia con que se envuelven sus primeros fragmentos -y que, pese a todos, nunca dejarán de tener acto de presencia-, preocupada por su compromiso y advertencia en contra de la llegada de tentaciones totalitarias a una sociedad democrática por la norteamericana.
La película estaba destinada a luchar contra las fuerzas fascistas pro nazis presentes en América.
Los peligros de una nación complaciente (con hambre en medio de una tierra de abundancia) siendo manipulada y tomada por las fuerzas neofascistas y el Tercer Reich de Hitler (una realidad en los primeros años de la década de los 40) se contrarrestan en la película con las acciones del “hombrecillo” corriente.
Curiosamente, la película es ya de dominio público, es decir, ha expirado su copyright.
Si bien puede ocurrir lo mismo que con You Can’t Take It With You, también de dominio público y que durante años fue emitida por cadenas de televisión sin pagar derechos de autor.
Pero resulta que la Corte Suprema de Estados Unidos consideró que se basaba en otro material que seguía estando protegido, como el guión, la música etc., así que de dominio público nada.
En fin:
¡Viva la cultura!
Para los que desconocen, el nombre John Doe es el que se utiliza en Estados Unidos en acciones legales para mantener los nombres reales en el anonimato, o porque se desconoce el nombre real del individuo.
Aplica para mujeres Jane Doe o para bebes, Baby Doe.
Así con los cadáveres desconocidos también se usa dicho nombre.
“Esta es la carta que ha llegado esta mañana a mi poder, un reflejo de lo que llamamos mundo civilizado:
Querida señorita Mitchel.
Hace cuatro años me despidieron de mi trabajo y aún no he podido encontrar otro empleo.
Al principio estaba enfadado con la administración porque el desempleo que padecemos es culpa de esos políticos rastreros.
Cuando miro alrededor parece como si el mundo se derrumbara.
Así que en protesta me suicidaré saltando desde la azotea del ayuntamiento.
Para los que desconocen, el nombre John Doe es el que se utiliza en Estados Unidos en acciones legales para mantener los nombres reales en el anonimato, o porque se desconoce el nombre real del individuo.
Aplica para mujeres Jane Doe o para bebes, Baby Doe.
Así con los cadáveres desconocidos también se usa dicho nombre.
“Esta es la carta que ha llegado esta mañana a mi poder, un reflejo de lo que llamamos mundo civilizado:
Querida señorita Mitchel.
Hace cuatro años me despidieron de mi trabajo y aún no he podido encontrar otro empleo.
Al principio estaba enfadado con la administración porque el desempleo que padecemos es culpa de esos políticos rastreros.
Cuando miro alrededor parece como si el mundo se derrumbara.
Así que en protesta me suicidaré saltando desde la azotea del ayuntamiento.



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