Bandit Queen
"No sé qué has merecido para tener tan mala suerte".
En primer lugar, me gustaría preguntar:
¿Es difícil ser mujer?
Es una pregunta seguramente estúpida, pero debo formularla.
Yo soy hombre y, quizás por la forma en que me crió mi madre, no puedo comprender porqué las mujeres se sienten tan excluidas.
Yo las veo como alguien igual a mí, que pueden hacer lo mismo que yo y por lo tanto me pregunto:
¿Si pueden hacer lo mismo que yo, entonces porqué sufren tanto?
No creo que les dificulte ser mujer siempre, pero deben aborrecerlo en algunos momentos, si no el hecho físico/fisiológico, por lo menos la situación en las que se encuentran y por las que luchan, la mayoría de las veces, en completo silencio.
Una segunda reflexión que viene a mi mente es sobre la pobreza, y la iniciaré con otra simple pregunta:
¿Es eterna la pobreza?
Y me refiero a eterna en toda la extensión del significado de la palabra: que no tuvo un principio ni tendrá un final.
Es decir:
En primer lugar, me gustaría preguntar:
¿Es difícil ser mujer?
Es una pregunta seguramente estúpida, pero debo formularla.
Yo soy hombre y, quizás por la forma en que me crió mi madre, no puedo comprender porqué las mujeres se sienten tan excluidas.
Yo las veo como alguien igual a mí, que pueden hacer lo mismo que yo y por lo tanto me pregunto:
¿Si pueden hacer lo mismo que yo, entonces porqué sufren tanto?
No creo que les dificulte ser mujer siempre, pero deben aborrecerlo en algunos momentos, si no el hecho físico/fisiológico, por lo menos la situación en las que se encuentran y por las que luchan, la mayoría de las veces, en completo silencio.
Una segunda reflexión que viene a mi mente es sobre la pobreza, y la iniciaré con otra simple pregunta:
¿Es eterna la pobreza?
Y me refiero a eterna en toda la extensión del significado de la palabra: que no tuvo un principio ni tendrá un final.
Es decir:
¿A pesar de que se cambien los sistemas económicos, seguirá existiendo la pobreza?
¿O es acaso la pobreza una situación que llegó con las ciudades y la invención del dinero?
¿Que difícil ha de ser entonces, ser mujer pobre?
Sobre esas interrogantes visualizaremos la vida de Bandi Queen.
Todavía hay lugares en la tierra donde la realidad se confunde con la leyenda.
¿O es acaso la pobreza una situación que llegó con las ciudades y la invención del dinero?
¿Que difícil ha de ser entonces, ser mujer pobre?
Sobre esas interrogantes visualizaremos la vida de Bandi Queen.
Todavía hay lugares en la tierra donde la realidad se confunde con la leyenda.
Territorios separados de la planicie del pensamiento único y la aridez de la desesperanza, donde a pesar de las penurias y la miseria, o quizá por eso mismo algunas historias se cubren de un aura mítica.
Como ya todos sabemos, y los que no ya lo vamos a saber, en la legendaria India la sociedad está estratificada en castas.
Estas son hereditarias y no se mezclan entre sí, por lo que los de cada casta sólo contraen matrimonio con sus iguales.
En el último peldaño de un sistema que tiene algo más de dos mil castas, al fondo de unas escaleras que bajan al intestino gordo de las estrategias del poder, se encuentran los intocables, los “sin casta”, descendientes de los originales habitantes de la India: Los Parias.
Ambrose Bierce en su Diccionario del Diablo describe a los Aborígenes de la siguiente y sarcástica manera: Seres de escaso mérito que entorpecen el suelo de un país recién descubierto, pronto dejan de entorpecer; entonces, fertilizan.
Para los muy ingenuos hay que aclarar que los que mandan en India no es que sean unos fanáticos sin lectura, ni que se crean ni la mínima parte de ese cuento, sino que les viene perfectamente que esto se mantenga así en la mente de los que están por debajo de ellos.
Los sacerdotes hinduistas (ya dijo Marx que la religión es el opio del pueblo) se encargan de recordar que este sistema es revelación divina y por tanto inmutable.
Como ya todos sabemos, y los que no ya lo vamos a saber, en la legendaria India la sociedad está estratificada en castas.
Estas son hereditarias y no se mezclan entre sí, por lo que los de cada casta sólo contraen matrimonio con sus iguales.
En el último peldaño de un sistema que tiene algo más de dos mil castas, al fondo de unas escaleras que bajan al intestino gordo de las estrategias del poder, se encuentran los intocables, los “sin casta”, descendientes de los originales habitantes de la India: Los Parias.
Ambrose Bierce en su Diccionario del Diablo describe a los Aborígenes de la siguiente y sarcástica manera: Seres de escaso mérito que entorpecen el suelo de un país recién descubierto, pronto dejan de entorpecer; entonces, fertilizan.
Para los muy ingenuos hay que aclarar que los que mandan en India no es que sean unos fanáticos sin lectura, ni que se crean ni la mínima parte de ese cuento, sino que les viene perfectamente que esto se mantenga así en la mente de los que están por debajo de ellos.
Los sacerdotes hinduistas (ya dijo Marx que la religión es el opio del pueblo) se encargan de recordar que este sistema es revelación divina y por tanto inmutable.
Incuestionable, artrítico, rocoso, cabrón, e intolerante.
Se supone, que si uno cumple con las obligaciones de la casta en la que nace, en cuanto a tipo de trabajo, boda con iguales etc., en una futura reencarnación puede tener la dicha de ser miembro de una casta superior; y así va uno de cucaracha a elefante pasando por innumerables vidas, llegando en algunas a ser inclusive vendedor de coches usados, por lo que hay que tomárselo con calma.
Aunque los occidentales nos solemos horrorizar con ese tipo de creencias primitivas, aquí también tenemos algo de eso.
Nacer pobre en la India debe ser definitivamente, culpa del karma.
Pero morirse de hambre es responsabilidad exclusiva del portador, que prefiere eso antes que comerse un nutritivo bistec de vaca sagrada.
Pero al menos para ellos es un asunto de elección, porque en el resto del mundo aunque no se crea en lo sagrado de la vaca, se cree en lo sagrado de la propiedad privada y los hambrientos no pueden estar mordiendo las vacas que pastan por ahí, así les guste el Big-Mac.
Por eso me encanta cuando la gente que explica así el hambre en la India: “es que no comen vaca”.
Esta estructura, fundamento de todo el organismo social, político y religioso de India, tiene su origen en los pueblos arios, que llegaron al sub continente hace más de 3.500 años.
Ellos introdujeron las castas (varna, color) en la zona, para separar a los conquistadores de la población nativa (¿suena familiar?).
En Los Vedas, (las escrituras sagradas más antiguas) aparece ya la división en cuatro grandes grupos: los brahmanes (sacerdotes), los kshatriyas (nobleza militar), los vaisyas (comerciantes burgueses) y los sudras (obreros).
Éstas castas se subdividen inagotablemente, siendo la de los intocables la más baja y despreciada, estando por debajo de las cucarachas de los campesinos, de quienes se considera que incluso su sombra es impura.
Así estaban las cosas cuando a finales de los años 70 irrumpió en el panorama hindú, el rostro de una pequeña y joven mujer que al mando de una banda de forajidos, empezó a sembrar terror y devoción a partes iguales en el interior del sub continente.
La policía ofrecía 10.400 dólares por su cabeza, aunque el pueblo llano, sobre todo los intocables, la encontraban bastante simpática.
No del todo una curiosidad, se le hizo hasta una película que saltó a la escena internacional en los festivales de Toronto y Cannes e incluso fue barajada para los Oscar, Bandit Queen (de Shekhar Kapur, 1994) es una de esas películas que debería haber visto más gente.
Es una cinta bien realizada, sin grandes alardes innecesarios, resuelta con oficio y que además muestra con dureza los hechos reales que cuenta.
Porque esta extraordinaria mujer existió en realidad.
Bandit Queen narra la historia de Phoolan Devi.
Devi se rebeló contra su destino como parte de una de las castas más bajas de la India.
Tras una infancia de vejaciones, lideró una violenta banda que sembró el terror en el norte del país entre 1981 y 1983, con 50 asesinatos y cientos de robos a sus espaldas.
Devi se entregó a la justicia en una ceremonia multitudinaria y pasó once años en la cárcel.
Dos años después de ser puesta en libertad por el Tribunal Supremo, ocupó un escaño en la Cámara Baja para representar desde allí a los desheredados.
La película de Kapur comienza cuando la niña, de 11 años, es vendida a su marido.
Lo que sigue, es una retahíla de violaciones, tortura y venganza filmada con mano bruta y apabullante energía.
Devi discutió, en su momento, fuertemente la exactitud del filme y luchó para conseguir su prohibición en la India, lógicamente porque exponía los detalles más infames de toda su existencia, toda su real y miserable vida.
Incluso amenazó con inmolarse en las afueras de un teatro si la película se exhibía.
Finalmente, se estableció una demanda en contra de los cineastas por alrededor de $60.000.
A pesar de todo, la película le trajo el reconocimiento internacional, justamente en ese momento, cuando ella volvió a ser acusada de asesinatos y otros cargos de su pasado bandido.
Las exageraciones y omisiones de esta cinta, subtitulada “La verdadera historia de Phoolan Devi”, la empujaron a contar sus recuerdos a la editorial francesa Robert Laffont-Fixot, que publicó su biografía en 1995 con el título “Mi vida”.
Aunque la película fue muy aclamada, parte de la crítica opina que es un retrato repugnante y simplista que busca el golpe de efecto y reduce el personaje a una vengadora víctima sexual.
Kapur, que luego dirigió a Cate Blanchett en Elizabeth (1998), esculpe la destacable actuación de Seema Biswas con toques de histrionismo que recuerdan a Bollywood.
Pero Bandit Queen está en las antípodas del universo colorista e indescriptiblemente extraño del cine “masala”, género cinematográfico que engloba a todos los demás géneros de cine en la India, incluyendo la comedia, el drama, el romance, el género de acción, el humor, y los números musicales.
Se supone, que si uno cumple con las obligaciones de la casta en la que nace, en cuanto a tipo de trabajo, boda con iguales etc., en una futura reencarnación puede tener la dicha de ser miembro de una casta superior; y así va uno de cucaracha a elefante pasando por innumerables vidas, llegando en algunas a ser inclusive vendedor de coches usados, por lo que hay que tomárselo con calma.
Aunque los occidentales nos solemos horrorizar con ese tipo de creencias primitivas, aquí también tenemos algo de eso.
Nacer pobre en la India debe ser definitivamente, culpa del karma.
Pero morirse de hambre es responsabilidad exclusiva del portador, que prefiere eso antes que comerse un nutritivo bistec de vaca sagrada.
Pero al menos para ellos es un asunto de elección, porque en el resto del mundo aunque no se crea en lo sagrado de la vaca, se cree en lo sagrado de la propiedad privada y los hambrientos no pueden estar mordiendo las vacas que pastan por ahí, así les guste el Big-Mac.
Por eso me encanta cuando la gente que explica así el hambre en la India: “es que no comen vaca”.
Esta estructura, fundamento de todo el organismo social, político y religioso de India, tiene su origen en los pueblos arios, que llegaron al sub continente hace más de 3.500 años.
Ellos introdujeron las castas (varna, color) en la zona, para separar a los conquistadores de la población nativa (¿suena familiar?).
En Los Vedas, (las escrituras sagradas más antiguas) aparece ya la división en cuatro grandes grupos: los brahmanes (sacerdotes), los kshatriyas (nobleza militar), los vaisyas (comerciantes burgueses) y los sudras (obreros).
Éstas castas se subdividen inagotablemente, siendo la de los intocables la más baja y despreciada, estando por debajo de las cucarachas de los campesinos, de quienes se considera que incluso su sombra es impura.
Así estaban las cosas cuando a finales de los años 70 irrumpió en el panorama hindú, el rostro de una pequeña y joven mujer que al mando de una banda de forajidos, empezó a sembrar terror y devoción a partes iguales en el interior del sub continente.
La policía ofrecía 10.400 dólares por su cabeza, aunque el pueblo llano, sobre todo los intocables, la encontraban bastante simpática.
No del todo una curiosidad, se le hizo hasta una película que saltó a la escena internacional en los festivales de Toronto y Cannes e incluso fue barajada para los Oscar, Bandit Queen (de Shekhar Kapur, 1994) es una de esas películas que debería haber visto más gente.
Es una cinta bien realizada, sin grandes alardes innecesarios, resuelta con oficio y que además muestra con dureza los hechos reales que cuenta.
Porque esta extraordinaria mujer existió en realidad.
Bandit Queen narra la historia de Phoolan Devi.
Devi se rebeló contra su destino como parte de una de las castas más bajas de la India.
Tras una infancia de vejaciones, lideró una violenta banda que sembró el terror en el norte del país entre 1981 y 1983, con 50 asesinatos y cientos de robos a sus espaldas.
Devi se entregó a la justicia en una ceremonia multitudinaria y pasó once años en la cárcel.
Dos años después de ser puesta en libertad por el Tribunal Supremo, ocupó un escaño en la Cámara Baja para representar desde allí a los desheredados.
La película de Kapur comienza cuando la niña, de 11 años, es vendida a su marido.
Lo que sigue, es una retahíla de violaciones, tortura y venganza filmada con mano bruta y apabullante energía.
Devi discutió, en su momento, fuertemente la exactitud del filme y luchó para conseguir su prohibición en la India, lógicamente porque exponía los detalles más infames de toda su existencia, toda su real y miserable vida.
Incluso amenazó con inmolarse en las afueras de un teatro si la película se exhibía.
Finalmente, se estableció una demanda en contra de los cineastas por alrededor de $60.000.
A pesar de todo, la película le trajo el reconocimiento internacional, justamente en ese momento, cuando ella volvió a ser acusada de asesinatos y otros cargos de su pasado bandido.
Las exageraciones y omisiones de esta cinta, subtitulada “La verdadera historia de Phoolan Devi”, la empujaron a contar sus recuerdos a la editorial francesa Robert Laffont-Fixot, que publicó su biografía en 1995 con el título “Mi vida”.
Aunque la película fue muy aclamada, parte de la crítica opina que es un retrato repugnante y simplista que busca el golpe de efecto y reduce el personaje a una vengadora víctima sexual.
Kapur, que luego dirigió a Cate Blanchett en Elizabeth (1998), esculpe la destacable actuación de Seema Biswas con toques de histrionismo que recuerdan a Bollywood.
Pero Bandit Queen está en las antípodas del universo colorista e indescriptiblemente extraño del cine “masala”, género cinematográfico que engloba a todos los demás géneros de cine en la India, incluyendo la comedia, el drama, el romance, el género de acción, el humor, y los números musicales.
Todos ellos en una sola película, un cine que según Salman Rushdie, hace que la mismísima The Wizard Of Oz parezca "realismo de pila de cocina".
Shekhar Kapur ha demostrado ser un director con una fuerte personalidad artística, con la mirada puesta en personalidades femeninas que no se dejan someter, que consiguen salir a flote tomando las riendas de su vida y que asumen las consecuencias de sus propias decisiones.
Sin duda inclinará la balanza por historias reales —casi todas sus películas lo son—, pero siempre atento a la estética y el aspecto visual de la obra.
Debido a su carácter polémico de la cinta en cuestión, la sensibilización y la acusación de gran alcance de la sociedad india (por su machismo, la misoginia ritual, y las desigualdades del sistema de castas), que fue prohibida por los censores en la India debido a su desnudez, el sexo y la violencia.
Bandit Queen fue financiado por el canal británico Channel Four, y recibió elogios de la crítica en el Festival Internacional de Cine de Cannes en 1994, y en 1995 en el Festival de cine de Nueva York.
Phoolan Devi fue una bandolera y política socialista.
Nació en agosto de 1963 en una pequeña aldea de Uttar Pradesh, en el seno de una familia de la subcasta mallah, una de las más bajas de la India.
Era la segunda de una familia de cuatro niñas y un niño.
Cuando tenía unos 11 años su familia la entregó a un hombre de 35 años a cambio de una bicicleta y una cabra.
Este abusó sexualmente de ella de forma continuada, algunos relatos dicen que temía a su marido y que se negaba a vivir con él.
Él ya estaba casado, por lo que Phoolan fue relegada a las tareas del hogar.
Su marido y su suegra la trataron a palos y Phoolan hizo algo impensable en el código que rige el sometimiento de las mujeres más pobres de las aldeas indias: se escapó y volvió a casa de sus padres, donde fue rechazada por su osadía y repudiada por todo el pueblo.
Una mujer que deja a su marido era un tabú grave.
Su madre Moola, le dijo a Phoolan, que estaba tan avergonzada de ella que saltaría en un pozo para suicidarse.
La razón era que Phoolan insistía en desafiar su condición de mujer, de pobre y de paria, lo que irónicamente le granjeó el odio de otras mujeres, que no podían entender que ella se sublevara ante lo que ellas soportaban dócilmente.
Pero esto solo sería el abreboca de una vida de esas destinadas por fuerzas inexplicables a la tragedia.
Más tarde, su primo, miembro de una rama de la familia siempre enfrentada al entorno de Devi, la denunció a la policía por robo y en la comisaría, durante tres días en la cárcel, fue golpeada y violada repetidas veces por la policía y los demás prisioneros en una celda infestada de ratas.
La experiencia la marcó físicamente, y encendió su odio hacia los hombres que habitualmente denigraban a las mujeres.
Cuando fue liberada de la cárcel, fue más rechazada por su pueblo y su familia.
Tras salir de la prisión Devi se dedicó a ganarse la vida mediante robos menores hasta que fue capturada por una cuadrilla de dacoits (bandoleros o asaltantes de caminos).
En julio de 1979 Phoolan Devi había sido secuestrada por una cuadrilla de ladrones y, una vez más, ultrajada por el jefe del clan.
Entre los bandidos estaba Vikram, quien llegaría ser su gran amor y seguramente la persona con la que había conocido sus únicos momentos de auténtica dicha.
Él fue quien la empujó definitivamente y sin retorno hacia la clandestinidad.
Fue Vikram quien arremetió contra su cabecilla por los abusos, lo mató y liberó a Devi.
En India, la fama de Phoolan y Vikram adquirió dimensiones míticas.
Ambos eran de castas inferiores y se habían rebelado contra el sistema con la misma violencia con la que estas castas pretendían subyugarlos, pero la felicidad de Phoolam no duró demasiado
Una de las primeras acciones de Devi en dicha cuadrilla sería la de asaltar la aldea de su antiguo marido, asesinándolo y exhibiendo su cadáver a todos los aldeanos.
Posteriormente la actividad de la banda de dacoits consistiría en asaltar aldeas pobladas por miembros de castas superiores y en secuestrar a terratenientes para exigir un rescate por su liberación.
Al parecer, tras cada crimen, Devi visitaba un templo de Durga para agradecer a la diosa su protección.
La entrada en la cuadrilla de varios miembros de una casta superior (los tahkur o kshatriya) comenzó a causar tensiones en el grupo, que culminaron con el asesinato de Vikram (él también pertenecía a la casta mallah) y el secuestro y nueva violación de Devi.
Secuestrada por una banda rival de takhures, una casta que desprecia a los mallahs, estuvo retenida durante un mes en la aldea de Behmai donde fue violada, escupida y golpeada sistemáticamente cada noche por los hombres del pueblo, arrastrada desnuda por las calles, golpeada y torturada por 23 largos días antes de ser liberada, mientras la otra parte del pueblo miraba indiferente hacia otro lado.
La golpearon y la insultaron en los días que siguieron, la pasearon por otros pueblos, Phoolan no puede recordar cuantos.
En las aldeas, le ponían delante de los hombres y le llamaba puta "mallah", acusándola de haber asesinado a Vikram.
La arrojaban al suelo, y le decían a la gente que hicieran con ella lo que quisieran.
Esta tortura duró más de tres semanas y durante toda la experiencia, se confiaba a Durga, pidiéndole fuerza y liberación, siempre preguntándose cuando y como terminaría todo aquello.
Cuando ya llevaba 23 días así, la llevaron al pueblo thakur de Behmai, donde Sri Ram (el jefe de la banda) la llevaba de una cuerda como a un perro.
Tenía moratones y suciedad de la cabeza a los pies.
El cruel verdugo arrastraba su lánguido cuerpo por el centro de la población, donde un grupo de hombres thakur se habían reunido, y le ordenó que fuese a buscar agua para él al pozo.
Cuando se negó a hacerlo, la golpeó sin piedad, destrozando la única ropa que llevaba, una sábana, dándole patadas una y otra vez.
Finalmente y para terminar con el acoso, fue al pozo a cumplir con lo que se le pedía, mientras los thakur se mofaban de ella y la escupían.
Pocas humillaciones pueden resultar más ultrajantes para una mujer en la India que la exposición de su cuerpo en público; eso es casi peor que una violación.
Después, la echaron del pueblo a patadas.
Phoolan se volvió cuando salía de la aldea y espetó a los lugareños:
Shekhar Kapur ha demostrado ser un director con una fuerte personalidad artística, con la mirada puesta en personalidades femeninas que no se dejan someter, que consiguen salir a flote tomando las riendas de su vida y que asumen las consecuencias de sus propias decisiones.
Sin duda inclinará la balanza por historias reales —casi todas sus películas lo son—, pero siempre atento a la estética y el aspecto visual de la obra.
Debido a su carácter polémico de la cinta en cuestión, la sensibilización y la acusación de gran alcance de la sociedad india (por su machismo, la misoginia ritual, y las desigualdades del sistema de castas), que fue prohibida por los censores en la India debido a su desnudez, el sexo y la violencia.
Bandit Queen fue financiado por el canal británico Channel Four, y recibió elogios de la crítica en el Festival Internacional de Cine de Cannes en 1994, y en 1995 en el Festival de cine de Nueva York.
Phoolan Devi fue una bandolera y política socialista.
Nació en agosto de 1963 en una pequeña aldea de Uttar Pradesh, en el seno de una familia de la subcasta mallah, una de las más bajas de la India.
Era la segunda de una familia de cuatro niñas y un niño.
Cuando tenía unos 11 años su familia la entregó a un hombre de 35 años a cambio de una bicicleta y una cabra.
Este abusó sexualmente de ella de forma continuada, algunos relatos dicen que temía a su marido y que se negaba a vivir con él.
Él ya estaba casado, por lo que Phoolan fue relegada a las tareas del hogar.
Su marido y su suegra la trataron a palos y Phoolan hizo algo impensable en el código que rige el sometimiento de las mujeres más pobres de las aldeas indias: se escapó y volvió a casa de sus padres, donde fue rechazada por su osadía y repudiada por todo el pueblo.
Una mujer que deja a su marido era un tabú grave.
Su madre Moola, le dijo a Phoolan, que estaba tan avergonzada de ella que saltaría en un pozo para suicidarse.
La razón era que Phoolan insistía en desafiar su condición de mujer, de pobre y de paria, lo que irónicamente le granjeó el odio de otras mujeres, que no podían entender que ella se sublevara ante lo que ellas soportaban dócilmente.
Pero esto solo sería el abreboca de una vida de esas destinadas por fuerzas inexplicables a la tragedia.
Más tarde, su primo, miembro de una rama de la familia siempre enfrentada al entorno de Devi, la denunció a la policía por robo y en la comisaría, durante tres días en la cárcel, fue golpeada y violada repetidas veces por la policía y los demás prisioneros en una celda infestada de ratas.
La experiencia la marcó físicamente, y encendió su odio hacia los hombres que habitualmente denigraban a las mujeres.
Cuando fue liberada de la cárcel, fue más rechazada por su pueblo y su familia.
Tras salir de la prisión Devi se dedicó a ganarse la vida mediante robos menores hasta que fue capturada por una cuadrilla de dacoits (bandoleros o asaltantes de caminos).
En julio de 1979 Phoolan Devi había sido secuestrada por una cuadrilla de ladrones y, una vez más, ultrajada por el jefe del clan.
Entre los bandidos estaba Vikram, quien llegaría ser su gran amor y seguramente la persona con la que había conocido sus únicos momentos de auténtica dicha.
Él fue quien la empujó definitivamente y sin retorno hacia la clandestinidad.
Fue Vikram quien arremetió contra su cabecilla por los abusos, lo mató y liberó a Devi.
En India, la fama de Phoolan y Vikram adquirió dimensiones míticas.
Ambos eran de castas inferiores y se habían rebelado contra el sistema con la misma violencia con la que estas castas pretendían subyugarlos, pero la felicidad de Phoolam no duró demasiado
Una de las primeras acciones de Devi en dicha cuadrilla sería la de asaltar la aldea de su antiguo marido, asesinándolo y exhibiendo su cadáver a todos los aldeanos.
Posteriormente la actividad de la banda de dacoits consistiría en asaltar aldeas pobladas por miembros de castas superiores y en secuestrar a terratenientes para exigir un rescate por su liberación.
Al parecer, tras cada crimen, Devi visitaba un templo de Durga para agradecer a la diosa su protección.
La entrada en la cuadrilla de varios miembros de una casta superior (los tahkur o kshatriya) comenzó a causar tensiones en el grupo, que culminaron con el asesinato de Vikram (él también pertenecía a la casta mallah) y el secuestro y nueva violación de Devi.
Secuestrada por una banda rival de takhures, una casta que desprecia a los mallahs, estuvo retenida durante un mes en la aldea de Behmai donde fue violada, escupida y golpeada sistemáticamente cada noche por los hombres del pueblo, arrastrada desnuda por las calles, golpeada y torturada por 23 largos días antes de ser liberada, mientras la otra parte del pueblo miraba indiferente hacia otro lado.
La golpearon y la insultaron en los días que siguieron, la pasearon por otros pueblos, Phoolan no puede recordar cuantos.
En las aldeas, le ponían delante de los hombres y le llamaba puta "mallah", acusándola de haber asesinado a Vikram.
La arrojaban al suelo, y le decían a la gente que hicieran con ella lo que quisieran.
Esta tortura duró más de tres semanas y durante toda la experiencia, se confiaba a Durga, pidiéndole fuerza y liberación, siempre preguntándose cuando y como terminaría todo aquello.
Cuando ya llevaba 23 días así, la llevaron al pueblo thakur de Behmai, donde Sri Ram (el jefe de la banda) la llevaba de una cuerda como a un perro.
Tenía moratones y suciedad de la cabeza a los pies.
El cruel verdugo arrastraba su lánguido cuerpo por el centro de la población, donde un grupo de hombres thakur se habían reunido, y le ordenó que fuese a buscar agua para él al pozo.
Cuando se negó a hacerlo, la golpeó sin piedad, destrozando la única ropa que llevaba, una sábana, dándole patadas una y otra vez.
Finalmente y para terminar con el acoso, fue al pozo a cumplir con lo que se le pedía, mientras los thakur se mofaban de ella y la escupían.
Pocas humillaciones pueden resultar más ultrajantes para una mujer en la India que la exposición de su cuerpo en público; eso es casi peor que una violación.
Después, la echaron del pueblo a patadas.
Phoolan se volvió cuando salía de la aldea y espetó a los lugareños:
«Volveré».
Pero no era más que una mujercita india de apenas un metro sesenta de estatura, de casta baja, miserable y analfabeta, y nadie pareció tomarse muy en serio la amenaza.
Cuando ésta consiguió ser liberada, organizó una cuadrilla de mallahs y, como líder de la misma, dirigió nuevos ataques contra castas superiores.
Aunque se afirma que Devi tan solo atacaba a las castas elevadas y repartía el botín, las autoridades indias insisten en que estas afirmaciones son tan solo parte de la leyenda romántica del personaje.
En febrero de 1981, durante la incursión a la aldea de Behmai, los hombres tomaron el pueblo mientras Devi se paseaba lentamente por la plaza, el mismo lugar donde un año antes la gente se había congregado para mofarse de aquella piltrafa.
De pronto reconoció a un jovencito que se había ensañado especialmente con ella y que en sus repetidas violaciones, de paso, le atizaba unas buenas tundas acompañadas de escupitajos.
«Hoy no pareces tan valiente», increpó Devi al aterrorizado muchacho.
Y le descerrajó un tiro en la rodilla, donde más duele.
Después, mandó a sus hombres que cargaran con él, eligió quizás al azar o puede que recordara algunos rostros entre sus pesadillas a otros 21 hombres del pueblo y los condujo a la orilla del río.
Allí fueron asesinados y así en la India nació una leyenda.
Posteriormente Devi negó haber participado en la matanza.
En una oportunidad se le pregunto:
Pero no era más que una mujercita india de apenas un metro sesenta de estatura, de casta baja, miserable y analfabeta, y nadie pareció tomarse muy en serio la amenaza.
Cuando ésta consiguió ser liberada, organizó una cuadrilla de mallahs y, como líder de la misma, dirigió nuevos ataques contra castas superiores.
Aunque se afirma que Devi tan solo atacaba a las castas elevadas y repartía el botín, las autoridades indias insisten en que estas afirmaciones son tan solo parte de la leyenda romántica del personaje.
En febrero de 1981, durante la incursión a la aldea de Behmai, los hombres tomaron el pueblo mientras Devi se paseaba lentamente por la plaza, el mismo lugar donde un año antes la gente se había congregado para mofarse de aquella piltrafa.
De pronto reconoció a un jovencito que se había ensañado especialmente con ella y que en sus repetidas violaciones, de paso, le atizaba unas buenas tundas acompañadas de escupitajos.
«Hoy no pareces tan valiente», increpó Devi al aterrorizado muchacho.
Y le descerrajó un tiro en la rodilla, donde más duele.
Después, mandó a sus hombres que cargaran con él, eligió quizás al azar o puede que recordara algunos rostros entre sus pesadillas a otros 21 hombres del pueblo y los condujo a la orilla del río.
Allí fueron asesinados y así en la India nació una leyenda.
Posteriormente Devi negó haber participado en la matanza.
En una oportunidad se le pregunto:
¿Qué piensa de la venganza?
¿Es un acto lícito en determinadas circunstancias?
A la que contestó:
A la que contestó:
“La vida es una cuestión de acción y reacción; a mí me hicieron cosas terribles y no me iba a quedar con los brazos cruzados”.
Después de la matanza de Behmai, Devi fue declarada enemigo público número uno en India y entre las artimañas para obligarla a entregarse hasta sus padres fueron arrestados.
Pero sólo después de más de 3000 arrestos, rendiciones y ajusticiamiento Devi decidió empezar a negociar su entrega.
En estos momentos es cuando comienza a conocérsela como la Reina de los Bandidos y se comercializan las muñecas de Devi caracterizada como la diosa Durga.
Durga es una de las personalidades más terribles de Parvati, la consorte de Shiva, el dios de la trimurti o Santísima Trinidad de la cosmología hindú que destruye el Universo y vuelve a crearlo a partir de la energía que se desprende de su danza tandava.
A Durga se la representa encabalgada a lomos de un tigre y portando un arma en cada uno de sus 10 brazos con las que abate a los demonios.
Entre 1981 y 1983 la banda de Devi atacó trenes, autobuses y aldeas y mantuvo en jaque al Ejército y la policía indios, que fueron incapaces de atraparla entre las cañadas de Madhya Pradesh, el gran estado norteño de la India.
En muchos de los pueblos que estos dacoits tomaron, Devi se subía a un tejado con un megáfono y ordenaba a los más ricos que sacaran todas sus joyas y rupias a la calle.
Luego tomaba gran parte del botín y repartía el resto entre los desheredados de la aldea.
Todos esos asaltos le valieron una fama de Robin Hood entre los campesinos, alguien que robaba a los ricos para dárselo a los pobres, aunque no fuera del todo exacto.
Pero sobre todo le granjeó una reputación de vengadora, de Durga, entre las mujeres más débiles.
«En la India, si eres pobre y te violan, vas a la policía y en la comisaría te violan de nuevo», decía.
En 1983 las autoridades indias no habían conseguido capturar a Devi, por lo que el gobierno de Indira Gandhi decidió llegar a un acuerdo con la banda.
Por su parte, la cuadrilla de Devi estaba muy mermada a consecuencia de las muertes de varios miembros en enfrentamientos armados y la propia Devi se encontraba enferma.
En febrero de 1983 Devi hizo públicas sus condiciones de entrega:
Se entregaría tan solo a la policía de Madhya Pradesh, ya que no confiaba en la policía de Uttar Pradesh.
No sería condenada a muerte.
Los miembros de su cuadrilla no serían condenados a más de 8 años en prisión.
Su hermano debería recibir un trabajo como funcionario.
Su familia debería ser escoltada hasta la ceremonia de entrega, dándole una mejor posición en la estructura social.
En esos dos años de negociaciones la policía y la milicia hindú había quedado en ridículo cientos de veces, incapaces de dar con su paradero, por lo que la respuesta del gobierno fue sin titubeos: todo lo que Devi pida.
En la ceremonia de rendición entrego su fusil ante los retratos de Mahatma Gandhi y la diosa Durga.
A la ceremonia asistieron aproximadamente 10.000 personas y Devi y su cuadrilla fueron detenidos por 300 policías.
Devi fue acusada de 48 crímenes, incluyendo bandolerismo, asesinato y secuestro.
Sin embargo la causa principal de su detención, la masacre de Behmai, no fue resuelta en el juicio al estar muertos todos los testigos y negar Devi su responsabilidad en las muertes.
Tras pasar 11 años en las cárceles de Gwalior y Tihar, Devi se benefició de un indulto parcial y salió de prisión en 1994.
Tras salir de la cárcel Devi se casó con un constructor adinerado y se estableció por un tiempo en Nueva Delhi.
Sin embargo ésta relación fue bastante turbulenta y Devi interpuso varias denuncias contra su marido por malos tratos.
En 1996 regresó a Uttar Pradesh y se presentó a las elecciones como diputada por el Partido Samajwadi, socialista, por el municipio de Mirzapur.
El Partido Bharatiya Janata(representante de las castas más altas) y el Kshatriya Swabhimaan Andolan Samanvay (KSASC) comenzaron una fuerte campaña en contra de Devi, pese a lo cual fue elegida como diputada.
Las mujeres celebraron el triunfo en las calles: se trató de la primera vez que un representante genuino de las castas pobres triunfó en el Parlamento.
Explicó que lo de Behmai representaba "la ira de todos aquellos pertenecientes a las castas inferiores".
Su imagen de ángel vengador, y su voluntad de convertirse en abogada de los oprimidos, le valieron el reconocimiento del pueblo indio.
Por su singular pasado, esta mujer es tan amada como odiada en la India.
Su vida siempre corrió peligro y, desde que fue elegida diputada, ella vivió rodeada de policías y agentes apostados frente a su casa.
En 1998 fue nominada para el Premio Nobel de la Paz y, en 1999, renovó su escaño.
El 25 de julio de 2001 Devi de 37 años, fue atacada mientras regresaba de una ceremonia a Durga, por tres asaltantes enmascarados que le dispararon cinco balazos cuando salía de su auto y se dirigía a la puerta de su casa en el corazón de la capital india.
Devi, recibió tres balazos en la cabeza y dos en el cuerpo, fue trasladada al hospital, donde ingresó muerta,
El presidente indio, KR Narayanan, dijo que se sintió estremecido al enterarse de la muerte de Devi y condenó el "cobarde y brutal ataque".
El principal acusado del asesinato, Sher Singh Rana, se entregó a la policía y justificó el crimen como venganza por la matanza de Behmai.
En 2004 Rana se escapó de la cárcel, siendo capturado en 2006.
Ese mismo año el KSASC honraba a Rana por haber limpiado el honor de su casta con el asesinato de Devi.
La policía, sin embargo, ha situado el origen del atentado en los enfrentamientos entre los partidos políticos de Uttar Pradesh, donde el Bharatiya Janata Party (BJP), la formación que ocupa el Gobierno de la nación y que representa a las castas más altas, mantiene una lucha encarnizada con el Partido Samajwadi de Devi.
También hay quien apunta a su marido.
Devi había puesto cuatro denuncias contra él por malos tratos y se dice que quería el divorcio.
Se esclarezcan o no algún día las circunstancias del asesinato, la leyenda de la Reina de los Bandidos no hará más que crecer gracias a un final también legendario.
El caso se cerró casi inmediatamente, declarándose como una venganza personal según la versión del asesino, pero Phoolan, que durante toda su vida política recibió amenazas de muerte, había sido desprovista recientemente de la mayoría de su escolta cortesía del mandante partido derechista, y una solicitud de porte de armas le había sido negada hacía apenas un mes antes debido a su prontuario policial.
En más de una ocasión Phoolan declaró que ella era lo que era, porque ella había logrado escapar de su pasado y legalizar su protesta hasta llevarla al parlamento.
Después de la matanza de Behmai, Devi fue declarada enemigo público número uno en India y entre las artimañas para obligarla a entregarse hasta sus padres fueron arrestados.
Pero sólo después de más de 3000 arrestos, rendiciones y ajusticiamiento Devi decidió empezar a negociar su entrega.
En estos momentos es cuando comienza a conocérsela como la Reina de los Bandidos y se comercializan las muñecas de Devi caracterizada como la diosa Durga.
Durga es una de las personalidades más terribles de Parvati, la consorte de Shiva, el dios de la trimurti o Santísima Trinidad de la cosmología hindú que destruye el Universo y vuelve a crearlo a partir de la energía que se desprende de su danza tandava.
A Durga se la representa encabalgada a lomos de un tigre y portando un arma en cada uno de sus 10 brazos con las que abate a los demonios.
Entre 1981 y 1983 la banda de Devi atacó trenes, autobuses y aldeas y mantuvo en jaque al Ejército y la policía indios, que fueron incapaces de atraparla entre las cañadas de Madhya Pradesh, el gran estado norteño de la India.
En muchos de los pueblos que estos dacoits tomaron, Devi se subía a un tejado con un megáfono y ordenaba a los más ricos que sacaran todas sus joyas y rupias a la calle.
Luego tomaba gran parte del botín y repartía el resto entre los desheredados de la aldea.
Todos esos asaltos le valieron una fama de Robin Hood entre los campesinos, alguien que robaba a los ricos para dárselo a los pobres, aunque no fuera del todo exacto.
Pero sobre todo le granjeó una reputación de vengadora, de Durga, entre las mujeres más débiles.
«En la India, si eres pobre y te violan, vas a la policía y en la comisaría te violan de nuevo», decía.
En 1983 las autoridades indias no habían conseguido capturar a Devi, por lo que el gobierno de Indira Gandhi decidió llegar a un acuerdo con la banda.
Por su parte, la cuadrilla de Devi estaba muy mermada a consecuencia de las muertes de varios miembros en enfrentamientos armados y la propia Devi se encontraba enferma.
En febrero de 1983 Devi hizo públicas sus condiciones de entrega:
Se entregaría tan solo a la policía de Madhya Pradesh, ya que no confiaba en la policía de Uttar Pradesh.
No sería condenada a muerte.
Los miembros de su cuadrilla no serían condenados a más de 8 años en prisión.
Su hermano debería recibir un trabajo como funcionario.
Su familia debería ser escoltada hasta la ceremonia de entrega, dándole una mejor posición en la estructura social.
En esos dos años de negociaciones la policía y la milicia hindú había quedado en ridículo cientos de veces, incapaces de dar con su paradero, por lo que la respuesta del gobierno fue sin titubeos: todo lo que Devi pida.
En la ceremonia de rendición entrego su fusil ante los retratos de Mahatma Gandhi y la diosa Durga.
A la ceremonia asistieron aproximadamente 10.000 personas y Devi y su cuadrilla fueron detenidos por 300 policías.
Devi fue acusada de 48 crímenes, incluyendo bandolerismo, asesinato y secuestro.
Sin embargo la causa principal de su detención, la masacre de Behmai, no fue resuelta en el juicio al estar muertos todos los testigos y negar Devi su responsabilidad en las muertes.
Tras pasar 11 años en las cárceles de Gwalior y Tihar, Devi se benefició de un indulto parcial y salió de prisión en 1994.
Tras salir de la cárcel Devi se casó con un constructor adinerado y se estableció por un tiempo en Nueva Delhi.
Sin embargo ésta relación fue bastante turbulenta y Devi interpuso varias denuncias contra su marido por malos tratos.
En 1996 regresó a Uttar Pradesh y se presentó a las elecciones como diputada por el Partido Samajwadi, socialista, por el municipio de Mirzapur.
El Partido Bharatiya Janata(representante de las castas más altas) y el Kshatriya Swabhimaan Andolan Samanvay (KSASC) comenzaron una fuerte campaña en contra de Devi, pese a lo cual fue elegida como diputada.
Las mujeres celebraron el triunfo en las calles: se trató de la primera vez que un representante genuino de las castas pobres triunfó en el Parlamento.
Explicó que lo de Behmai representaba "la ira de todos aquellos pertenecientes a las castas inferiores".
Su imagen de ángel vengador, y su voluntad de convertirse en abogada de los oprimidos, le valieron el reconocimiento del pueblo indio.
Por su singular pasado, esta mujer es tan amada como odiada en la India.
Su vida siempre corrió peligro y, desde que fue elegida diputada, ella vivió rodeada de policías y agentes apostados frente a su casa.
En 1998 fue nominada para el Premio Nobel de la Paz y, en 1999, renovó su escaño.
El 25 de julio de 2001 Devi de 37 años, fue atacada mientras regresaba de una ceremonia a Durga, por tres asaltantes enmascarados que le dispararon cinco balazos cuando salía de su auto y se dirigía a la puerta de su casa en el corazón de la capital india.
Devi, recibió tres balazos en la cabeza y dos en el cuerpo, fue trasladada al hospital, donde ingresó muerta,
El presidente indio, KR Narayanan, dijo que se sintió estremecido al enterarse de la muerte de Devi y condenó el "cobarde y brutal ataque".
El principal acusado del asesinato, Sher Singh Rana, se entregó a la policía y justificó el crimen como venganza por la matanza de Behmai.
En 2004 Rana se escapó de la cárcel, siendo capturado en 2006.
Ese mismo año el KSASC honraba a Rana por haber limpiado el honor de su casta con el asesinato de Devi.
La policía, sin embargo, ha situado el origen del atentado en los enfrentamientos entre los partidos políticos de Uttar Pradesh, donde el Bharatiya Janata Party (BJP), la formación que ocupa el Gobierno de la nación y que representa a las castas más altas, mantiene una lucha encarnizada con el Partido Samajwadi de Devi.
También hay quien apunta a su marido.
Devi había puesto cuatro denuncias contra él por malos tratos y se dice que quería el divorcio.
Se esclarezcan o no algún día las circunstancias del asesinato, la leyenda de la Reina de los Bandidos no hará más que crecer gracias a un final también legendario.
El caso se cerró casi inmediatamente, declarándose como una venganza personal según la versión del asesino, pero Phoolan, que durante toda su vida política recibió amenazas de muerte, había sido desprovista recientemente de la mayoría de su escolta cortesía del mandante partido derechista, y una solicitud de porte de armas le había sido negada hacía apenas un mes antes debido a su prontuario policial.
En más de una ocasión Phoolan declaró que ella era lo que era, porque ella había logrado escapar de su pasado y legalizar su protesta hasta llevarla al parlamento.
Pero aún cuando ella creía haber escapado su pasado, su pasado se negó dejarla escapar a ella.
En India, a pesar de que la Constitución prohíbe la discriminación, cada hora dos intocables son asesinados, dos de sus casas incendiadas y tres de sus mujeres violadas, pero esto a nadie le importa.
Al menos no mientras no se les ocurra malograr a una de sus benditas vacas sagradas.
«El origen de todo, y por supuesto, de las creencias de los pobres que vieron en mí una especie de redentora, es la tremenda miseria e injusticia que esas gentes sufren en la India.
Aquí ocurren una serie de cosas terribles, y cuando yo actuaba en contra del orden establecido, brotaba ese intento de deificarme, causado, sobre todo, por la desesperación de las castas más bajas».
Phoolan Devi.
En India, a pesar de que la Constitución prohíbe la discriminación, cada hora dos intocables son asesinados, dos de sus casas incendiadas y tres de sus mujeres violadas, pero esto a nadie le importa.
Al menos no mientras no se les ocurra malograr a una de sus benditas vacas sagradas.
«El origen de todo, y por supuesto, de las creencias de los pobres que vieron en mí una especie de redentora, es la tremenda miseria e injusticia que esas gentes sufren en la India.
Aquí ocurren una serie de cosas terribles, y cuando yo actuaba en contra del orden establecido, brotaba ese intento de deificarme, causado, sobre todo, por la desesperación de las castas más bajas».
Phoolan Devi.



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