Deep Throat

“When you see the movie Deep Throat, you are watching me being raped.
It is a crime that movie is still showing; there was a gun to my head the entire time.”
Linda Lovelace

¿Es el porno el hermano menor del cine?
Gamberra y atrevida como pocas, quizás a ello se deba su fama y millonarias ganancias, aunque, lo más curioso se encuentra en la revolución social o “sexual” que provocó en su época, cuando copular era visto como algo perverso y cuando hablar de sexo abiertamente era algo parecido a cometer un delito.
Casi inmediatamente después de que el medio se inventara se empezaron a producir las primeras películas pornográficas.
William Kennedy Dickson, que trabajaba para Thomas Edison, inventó una máquina que podía mostrar, en un bucle infinito, una película previamente creada con la ayuda de una manivela y una fuente de iluminación externa.
Las secuencias que Dickson habría creado para esta máquina incluían algunas donde se mostraba a mujeres en la playa desnudándose o posando.
El softcore, o porno suave, había nacido.
Luego vendrían los Lumiere, su aportación a la idea de Dickson fue la de proyectar esas imágenes en una pantalla, lo cual implicaba la idea de una audiencia, y no la de un solo individuo viendo el contenido de una cinta.
No pasó mucho tiempo para que el nuevo invento contara, también, con contenido pornográfico.
Albert Kirchner tiene el honor de haberse convertido en el primer director de cine porno.
En 1895 filmó Le Coucher de la Marie, cinta que mostraba a una chica haciendo un strip tease.
El ejemplo de Kirtchner fue rápidamente emulado por muchos cineastas, de todas las latitudes, como México en el contexto latinoamericano.
No es de extrañar que cine y porno vayan de la mano desde sus inicios.
Al fin y al cabo, el cine y el porno comparten, muy en el fondo, la misma filia: el vouyerismo.
Meternos en la vida de los otros, conocer sus intimidades, adueñarnos de sus secretos, todo desde la comodidad de una cuarta pared que nos protege.
El cine es el arte voyerista por excelencia, el porno no es más que la misma idea llevada al extremo.
Pero si bien el cine se escribe con mayúsculas, el porno casi siempre ha vivido en una cómoda pseudo-clandestinidad.
Pero no siempre fue así.
Hubo una época donde las grandes marquesinas también las ocupaban las películas porno, una época donde, por un instante, el cine de felaciones y sexo duro, salía de la clandestinidad y peleaba por un lugar más visible, apelando incluso a los círculos de la alta sociedad, hambrienta de cosas nuevas.
Se trata del Porno Chic, término para denominar este periodo en que el porno intentó –sin éxito- volverse un género respetable dentro de la historia del cine.
Fue una época en el que los títulos porno se exhibían no sólo en cines clandestinos, sino en las grandes salas.
Una época en la que el porno dejó de ser cosa de hombres en gabardinas, lentes oscuros e intenciones masturbatorias.
Se trató en cierta forma de una moda que expresaba libertad, de acción y de pensamiento.
La alta sociedad norteamericana, incluyendo a muchas figuras del propio Hollywood, acudían a las premieres de estas cintas, sin pudor o pena alguna.
Ver porno, en un pantalla grande, era la moda.
Muchas cintas de esta época se volvieron películas de culto, pero tres de ellas destacan entre las demás, la pionera de este nuevo movimiento, Deep Throat, luego vendría Debbie Does Dallas, cinta que llevaría las fantasías masculinas sobre las porristas a niveles propios de un sueño húmedo y posteriormente la perversión consumida en The Devil in Miss Jones.
Antes de Deep Throat, el cine porno se limitaba a pequeños cortos donde se mostraban actos sexuales que se filmaban y distribuían en la total clandestinidad.
La gran aportación de Deep Throat al género fue la inclusión de una historia que servía como pretexto para todos los actos sexuales.
Era una historia que, además, permitía una buena cantidad de humor, y por supuesto, de felaciones.
El director de la cinta, Jerry Damiano, era un estilista que tenía un negocio propio junto con su esposa; al peinar a las mujeres de su barrio, se volvió una especie de confesor que escuchaba atento todos sus traumas y frustraciones.
Ahí aprendió que la mujer norteamericana promedio de la época vivía con una gran insatisfacción sexual, eso, aunado a su pasión por el cine, fue lo que lo llevó a experimentar en el porno.
En aquella época, hacer cine porno era la opción para los que no tenían estudios formales en cine, ni dinero como para financiar una gran producción.
Se trataba más de un ejercicio lúdico que perverso.
Los directores de aquel entonces hacían su trabajo con un romanticismo adolescente; tras la cámara, filmando a una pareja teniendo sexo, por momentos se sentían Godard o Fellini, decidiendo encuadres, dirigiendo luces, buscando tomas atractivas, aunque al final siempre se terminara con la toma clínica clásica: un pene penetrando vigorosamente a una vagina.
Damiano escribió el guión de Deep Throat luego de conocer las habilidades de aquella chica llamada Linda Lovelace.
Originalmente llamada Linda Boreman (interesante apellido), se convirtió en la primera y más popular de las porn stars.
Con apenas 21 años, Lovelace ya había hecho algunos cortos de sexo duro. 
Manejada por su esposo y casi proxeneta, Chuck Traynor, es este último el que la contacta con Damiano.
“¿Qué sabe hacer?”, pregunta el director, “Da buenas mamadas”, responde Chuck.
Damiano se sorprende de la impresionante habilidad de Lovelace quien puede tragar, sin chistar, un pene completo de más de 20 centímetros, además de que es una swallower (no explicaré el término).
Damiano entiende que su película debe girar en torno a este hecho, y es así como se le ocurre la disparatada historia de Deep Throat.
Los diálogos son pueriles, las habilidades histriónicas de Lovelace dejan mucho que desear y la trama se agota rápidamente.
El show estaba en el sexo, no sólo en las imposibles pero reales habilidades felatorias de Lovelace, sino también en el hecho de que la chica tenía el vello púbico rasurado, un tabú de la época.
El ingenio del director, no sólo se consignó en la original trama, sino en el montaje de las venidas, una edición que mostraba, al momento de la eyaculación, tomas de un cohete despegando y de un volcán en erupción.
Más explicito (y fálico) era imposible.
Pero ninguno de los involucrados pensó que la cosa se volvería un fenómeno de culto y una máquina de hacer dinero.
Deep Throat es la película más rentable en la historia del cine, su costo de producción fue de aproximadamente $25,000 dólares, sus ganancias están estimadas en $600 millones, y eso que aún no la sacan en BluRay.
El principal culpable del éxito de la cinta fue el gobierno de los Estados Unidos, quien comenzó una cacería de brujas contra los involucrados en la misma, además de la confiscación de las copias en los cines.
Los argumentos del gobierno eran todo un manual de conservadurismo: que si la pornografía dañaba la mente de quien la veía, que si la película desorientaba a las mujeres al promover el orgasmo oral, incluso anal y no el vaginal (que era el adecuado según ellos), además –obvio- de ser materiales que promovían la obscenidad y las malas costumbres.
Lo cierto es que Deep Throat proponía algo que era (y desgraciadamente sigue siendo) subversivo para la época: la idea de que la mujer podía tener placer en el sexo, y peor aún, que el sexo no se limitaba a la simple relación coital.
El resultado fue un éxito sin precedente, todo mundo quería ver la película que el gobierno se empeñaba en prohibir.
La cantidad de dinero que se recaudaba era tal que los encargados de las salas de cine ya no se molestaban en contar los billetes, mejor los pesaban.
Pero el gobierno no dio marcha atrás, y encontraron el punto débil de Damiano: la cinta fue financiada por la mafia.
El director fue a la cárcel, así como también el actor Harry Reems, quien no podía entender que lo encarcelaran simplemente por el hecho de haber aparecido en una película.
El éxito financiero obligó a la filmación de varias secuelas y algunas otras cintas con Lovelace como protagonista (Linda Lovelace for President).
Pero todo en esta vida se acaba, y la industria porno necesita siempre caras nuevas, frescas y jóvenes.
Cuando el reinado de Lovelace se terminó, vino lo que probablemente sea el final más anti climático para una carrera dentro del porno: Linda se convirtió en una activista en contra de la industria, advirtiendo a las jovencitas de los peligros de dedicarse al porno y asegurando que, cada vez que alguien ve sus películas, lo que en realidad observa es como la violaban.
Lovelace, otrora diosa de la felación, quien contenta succionaba penes y que estaba siempre lista para recibir el orgasmo masculino, se convertía en una conservadora recalcitrante, victimizada, y acusadora de la industria, achacando a ellos su desgracia.
Linda Boreman falleció tristemente en el 2002 a los 53 años al ser desconectada de las máquinas que la mantenían con vida tras sufrir un grave accidente automovilístico.
Pasó las últimas décadas de su vida llena de problemas de salud y prácticamente en el olvido.
Irónicamente, el filme pornográfico considerado hard core pasó a formar parte de la cultura popular estadounidense durante los años de la revolución sexual en la década de los setenta.
También se le adjudica a esta cinta ser la causante de haber modificado los hábitos y comportamientos sexuales de la sociedad norteamericana de la época. 
No es de extrañar.
A mediados del siglo XX en Estados Unidos sucedieron muchos acontecimientos de carácter sexual, sádico, masoquista, incluso de naturaleza criminal y psicopática, en muchas esferas y circunstancias históricas que han llevado a esa nación a un completo desquiciamiento, tanto moral, como ideológico.
Esta fue la primera cinta que superó el estigma del género, ya que fue mostrada a un público más amplio y ocupó la portada de la revista Time, que la consideró la película más popular de la historia del cine pornográfico.
Quizás gracias a esta popularidad, el título pasó a formar parte de otro fenómeno de los setenta, el escándalo político Watergate, que acabó con la presidencia de Richard Nixon.
En resumen, Deep Throat de 1972, es probablemente la película pornográfica más exitosa e influyente de todos los tiempos, fue extraordinariamente rentable, considerando el bajo presupuesto de producción en relación con las ganancias, la cual recaudó entre 40 y 50 millones de dólares que hoy equivalen a 978 millones de dólares aproximadamente.
La trama consiste llanamente en que la protagonista no consigue llegar al orgasmo, por lo que acude a la consulta de un sexólogo.
Éste, después del reconocimiento médico, le dice que, por una mutación genética, tiene el clítoris en la garganta.
La protagonista conseguirá tener una vida sexual plena mediante la práctica de la felación, lo que explica el título de la película.
El resultado es una obra que gira en torno al universo femenino intentando escapar de sus limitaciones físicas, personales o sociales (¿acaso no como un liberal más de momento?).
Vemos un filme construido con un afán y coherencia que resultaron más que sorprendentes.
Ya desde un inicio el director nos presenta el universo limitado de Linda encajonado en un rincón desde el cual contempla a Helen, su compañera de habitación, que por el contrario disfruta de los placeres de un cunilinguo sin ningún problema. 
Personaje que pone en alarma su frustración a pesar de mayores intentos por alcanzar el placer que la rodea y del que todos los “buenos americanos" disfrutan.
Su presentación como elemento disonante en la satisfecha nación no deja de ser efectiva a pesar de las malas actuaciones (punto débil del género).
Lo que se sucede entonces alrededor del ejercicio de su profunda garganta hecha vagina es una sucesión de momentos absurdos que condensan ese aire fresco y libertino que iría aumentando rápidamente en la sociedad americana.
Linda se somete a los más coquetos caprichos y obtiene a cambio el ansiado campaneo de todo su ser con fuegos artificiales para celebrarlo.
Pero su pícaro cuento sobre los descubrimientos del placer bucal de Linda sigue siendo el emblema no sólo de sus obsesiones sino también de una era de cambios y renovaciones que el mismo espectador straight puede asumir como auténticos.
Un clásico de la moralidad suspendida y a su estilo una pequeña obra maestra.
Una de las habilidades más valoradas en las actrices porno es la técnica conocida como “deep throat”.
Desde la mítica película en cuestión hasta nuestros días un sinfín de actrices, han demostrado una soltura con estas prácticas que ya quisiera para sí el mejor de los faquires.
Una técnica que ha evolucionado hasta la creación de nuevos subgéneros (Facefucking, Gagging, Throatfuck…) y que también ha desatado una dura “competición” por ver quién era capaz de engullir la totalidad de penes más célebres del panorama, algo así como el Everest de las mamadas.
Bobbi Bliss, Obsession y Alana Moore son algunas que han coronado la cumbre, otras en cambio, han sucumbido en el ahogo o en el intento.
Deep Throat es un tipo de sexo oral sobre el pene (tanto del tipo felación como irrumación, en la que se estimulan los órganos genitales con los labios y la lengua) que consiste en introducir el pene erecto por la boca de la pareja hasta llegar a la garganta, y realizar profundos y repetidos movimientos de vaivén, es decir, sacar y volver a meter el pene repetidamente en la boca de la pareja, con el fin de estimular el glande.
La regla del término también implica o permite eyacular dentro de la boca o en este caso la garganta.
Es difícil evitar que se produzca un reflejo de arcada al llegar el pene a la garganta, pero se puede llegar a controlar ejercitando el acto, tal como lo afirma, de manera “didáctica”, la actriz pornográfica amateur Heather Harmon.
Con su esposo ha editado una serie de vídeos (llamada Deepthroat) en los que ella explica la técnica y realiza numerosas felaciones profundas.
La banda sonora de la película fue estrenada en 1972.
Hoy en día existen pocos ejemplares, el álbum contiene tanto pistas instrumentales como vocales, así como los pequeños pedazos de diálogo de la película.
Para finalizar les comento que la cinta conserva una extraña mezcla entre ingenuidad (al final Linda encuentra al amor de su vida y decide casarse, ¿en qué otra película porno pasa eso?) y como no, hardcore.
Ingenuidad que con el tiempo sería arrebatada por dos hechos históricos: la llegada del cine casero (video) y la aparición del SIDA.
El porno tuvo entonces que regresar al anonimato que lo vio nacer.

La fiesta, como era de esperarse, tenía que "acabar".


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