M. Butterfly
“Un hermoso día veremos alzarse un hilo de humo en el horizonte”.
Cio-Cio San
“El orientalismo expresa y representa, desde un punto de vista cultural e incluso ideológico, esa parte como un modo de discurso que se apoya en instituciones, un vocabulario, unas enseñanzas, unas imágenes, unas doctrinas e incluso unas burocracias y estilos coloniales”.
De entrada debemos tener claro que Oriente ha sido la contraposición de Occidente para que este se auto defina en imagen, idea y hegemonía ante el otro que le es desconocido, interpretándolo en base a su beneficio, construyendo un imaginario, denominándolo orientalismo.
Podemos decir que el orientalismo es una interpretación de los occidentales sobre Oriente, una interpretación vista desde sus ojos, una realidad que no corresponde precisamente con la realidad de Oriente.
En la película de M. Butterfly nos muestran la relación entre oriente y occidente representada por los personajes Song (John Lone) y Gallimard (Jeremy Irons), exponiéndonos como Gallimard se ve envuelto en el imaginario de orientalismo, representado por Song quien a su vez le ofrece la imagen, que él quiere ver de oriente, una imagen de sumisión, recatamiento, misterio, extravagancia, de placeres, que exponen precisamente el imperialismo occidental.
M. Butterfly es una historia de secretos, polisemias e impenetrables recovecos.
El film es una especie de brujo demoníaco, que sabe comunicar la ansiedad del deseo, el "antropomorfismo", o sea, la calidad humana a los reflejos mágicos y divinizados de la imaginación.
En esta realización de 1993 vemos como la mente transforma la realidad que rodea al protagonista.
Pero en el momento mismo en que el frágil universo de éste se desmorona y lo hermético de su subjetiva percepción deja paso a la realidad, portadora de una verdad que le resulta insoportable, es entonces cuando la tragedia inevitable termina imponiéndose.
Sin duda es esta la película más atípica de la filmografía del canadiense David Cronenberg, un director acostumbrado a transitar los derroteros del cine fantástico y que en esta ocasión se enfrenta más que satisfactoriamente a esta adaptación de una conocida obra teatral.
Cronenberg añadió a la obra algunos elementos muy personales, su pasión por las atmósferas obsesivas, su extrema frialdad a la hora de describir las pasiones de sus personajes y su extrema economía narrativa.
M. Butterfly se basa en la obra de teatro del escritor norteamericano de origen chino David Henry Hwang,
Un celebrado drama que ganó el premio Tony a la mejor obra en 1988, y cuyo argumento se inspira en un caso real.
La frase de la obra de Hwang:
“Sólo un hombre sabe cómo debe actuar una mujer”
Fue la que disparó el interés de Cronenberg por llevar a cabo el respectivo proyecto cinematográfico.
La puesta en escena de la especial relación de amor que ocupa el centro de la historia en M. Butterfly, asume un ritmo moroso y se plasma en encuadres equilibrados y elegantes, acompañados por una exquisita y conmovedora música incidental en la banda sonora, compuesta por el talentoso Howard Shore, habitual colaborador de Cronenberg.
Son elevados, también, los aportes en cuanto a fotografía y dirección artística, rubros que sin dudas contribuyen a la excelencia de esta realización.
Es una película tan dura como diferente, tan imaginativa como turbadora.
M. Butterfly comienza en los años 60 en China cuando René Gamillard, un diplomático francés llega a la embajada francesa en Beijing.
Gamillard comienza asistir recurrentemente a la ópera China donde se enamora del personaje que interpreta el rol femenino.
El francés encuentra en Song, la manifestación más perfecta de una mujer.
Mientras su relación se desarrolla, el gobierno chino ordena a Song que sirva como espía.
Finalmente el francés traiciona a su país, siendo enjuiciado y condenado a prisión.
Es en este momento también cuando se da cuenta que la mujer de su vida no era en realidad lo que él esperaba evidentemente.
El final es uno de los momentos magistrales y mágicos que cualquier actor que se precie querría que quede inmortalizado en una cinta.
Jeremy Irons, al enamorarse de esa flemática y "levitante" muñeca china, ambigua, dignificable, pero suplantadora de las aristas contagiosas de un bello rostro femenino, nos lo demuestra a la perfección.
Realiza una de sus más brillantes interpretaciones.
Su desaparición final es casi antológica.
Pero antes, convertido en víctima propiciatoria y, por supuesto, consciente de lo que él estima "amor puro" (no exento naturalmente de deseo sexual), no se redime ante ese otro "amor equívoco" con que el delirante streap-tease de su ex-amante trata de recuperarlo.
John Lone es diseccionado como un hermafrodita masoquista, trastornado, y digno de compasión, entre inolvidables melodías y exóticas óperas chinas.
Siendo poco patriótico y eximente de un pasado poco acorde con el nuevo régimen imperante en la China Comunista de Mao, y que lo impulsan a acometer semejante metamorfosis de personalidad,
M. Butterfly examina hasta qué punto la mente humana puede condicionar su propia percepción de la realidad, en una variación del tema de la división mente/cuerpo a la que el director es tan afecto.
Sin embargo, el filme introduce una serie de elementos: ambientación exótica, acontecimientos históricos, motivaciones políticas, que para entonces podían considerarse nuevos en la obra de Cronenberg y que mostraban claramente su evolución, en la que los horrores físicos se sustituyen por horrores psicológicos.
En esta exultante M. Buttterfly que circunscribe la debilidad de Cronenberg por los miedos internos, la transformación corporal del hombre y los oscuros fondos de la mente humana, una de sus creaciones más redondas, bellas y misteriosas, una historia que oprime, asfixia, subyuga el alma haciendo cómplices de su ambigüedad romántica a un espectador aferrado, intrigado por los pliegues de un imprescindible Jeremy Irons en el pellejo del diplomático francés misteriosamente enamorado, hechizado, por una enigmática diva de la ópera de Pekín, Song Liling
Una relación tortuosa que llevará a Rene Gallimard a las cloacas del dolor ardiente, el impulso que roza la locura hasta implantarse en la ceguera de un amor indescifrable.
Cronenberg dilata la psicología de sus criaturas sin manipulaciones ni opulencias, trepando por los sentimientos de una manera turbadora, con la atmósfera adecuada y los componentes concretos, encarcelando sus peones con mano elegante, mitificando el entorno de una China nocturna y clandestina, inundada de secretos regados por el comunismo, la histeria internacional de una guerra inmediata, la revolución cultural o el espionaje integrista, el mismo que da encuadre al espacio que Cronenberg aplica a su metamorfosis parasitada, infectando las entrañas de una espiral obstruida por el llanto de una enfermiza necesidad de dependencia.
La banda sonora, compuesta con maestría por el hoy celebre Howard Shore, comparte los acordes cinematográficos, con la obra de Giacomo Puccini, Madama Butterfly.
Y aquí el único error (garrafal) de la cinta.
Madama Butterfly tiene como escenario Japón y no China, pese a que se hacen correcciones a este respecto durante la cinta, no perdona el descuido y conduce a la confusión y mala interpretación de las obras en común, donde lo correcto musicalmente pudo ser Turandot, cuyo escenario es chino y no japonés.
Pero el drama es meramente M. Butterfly.
Madama Butterfly (Señora Mariposa) es una ópera en tres actos (originalmente en dos actos) con música de Giacomo Puccini y libreto de Giuseppe Giacosa y Luigi Illica basado en la obra para teatro de David Belasco, quien a su vez se inspiró en el libro de Pierre Loti, Madame Chrysanthéme y también por relatos como el de John Luther Long, sobre una geisha que se convierte al cristianismo en una pequeña misión norteamericana de Nagasaki.
El norteamericano John Luther Long escribió Madame Butterfly basándose en un informe de su hermano, que vivía en Japón.
David Belasco, basándose en esta historia, escribió una obra de teatro que tuvo gran éxito.
Puccini la vio en Londres y se dio cuenta de que era apta para la ópera, a pesar de que no entendía bien el inglés.
Pidió a sus libretistas Illica y Giacosa un libreto basado en aquel argumento.
Puccini deseaba sobre todo que dos elementos de la obra teatral quedasen en primer plano: el amor y la traición.
Había que llenar la pieza, pobre en acción, con mucha música que expresara estos sentimientos.
Los autores hicieron una ampliación (explotable desde el punto de vista musical) de la nostálgica espera de la japonesa.
Con Madama Butterfly, Puccini encuentra el (largo) punto culminante de su inspiración melódica.
Desde el punto de vista técnico domina todo lo que la música de su época ha logrado.
Une la poesía más delicada al dramatismo más vertiginoso.
En esta obra utiliza en parte sonidos «exóticos», sin tomar un solo giro de la música del Lejano Oriente.
Obtiene el sonido extraño por medio de la escala fundamental y de los acordes «aumentados».
De Madame Butterfly se han hecho particularmente conocidas algunas piezas; sobre todo, el aria para soprano «Un bel di vedremo», el dúo de amor del final del primer acto, el «dúo de las flores» de las dos voces femeninas, el expresivo coro que susurra, la breve aria de despedida de Pinkerton, la conmovedora escena de la muerte de Butterfly.
Se estrenó en el Metropolitan Opera House de New York, en presencia de Puccini, el 11 de febrero de 1907 con Geraldine Farrar y Enrico Caruso en los roles principales.
Posteriormente, debido a las connotaciones negativas del personaje yanqui Pinkerton con la geisha Cio-Cio San, la ópera fue suspendida en Estados Unidos durante los años de la Segunda Guerra Mundial por el enfrentamiento bélico suscitado después de Pearl Harbor.
La opera ha inspirado varias películas como Madama Butterfly de 1932 con Cary Grant y Sylvia Sidney, "Mi dulce Geisha" con Shirley MacLaine (1962), el musical Miss Saigón y en parte M. Butterfly.
La más célebre Cio-Cio San desde la postguerra ha sido Renata Tebaldi, seguida por Victoria de los Ángeles y Renata Scotto.
Maria Callas fue una Butterfly importante pero su aspecto físico conspiró contra lo insignificante del rol, lo mismo sucedió con Leontyne Price y Montserrat Caballé, aunque magníficas todas, vocalmente La Callas resulta insuperable.
Respecto al título del film M. Butterfly, M. es la abreviatura francesa para Monsieur.
«Muera dignamente quien no pueda seguir viviendo con dignidad»
Cio-Cio-San
Cio-Cio San
“El orientalismo expresa y representa, desde un punto de vista cultural e incluso ideológico, esa parte como un modo de discurso que se apoya en instituciones, un vocabulario, unas enseñanzas, unas imágenes, unas doctrinas e incluso unas burocracias y estilos coloniales”.
De entrada debemos tener claro que Oriente ha sido la contraposición de Occidente para que este se auto defina en imagen, idea y hegemonía ante el otro que le es desconocido, interpretándolo en base a su beneficio, construyendo un imaginario, denominándolo orientalismo.
Podemos decir que el orientalismo es una interpretación de los occidentales sobre Oriente, una interpretación vista desde sus ojos, una realidad que no corresponde precisamente con la realidad de Oriente.
En la película de M. Butterfly nos muestran la relación entre oriente y occidente representada por los personajes Song (John Lone) y Gallimard (Jeremy Irons), exponiéndonos como Gallimard se ve envuelto en el imaginario de orientalismo, representado por Song quien a su vez le ofrece la imagen, que él quiere ver de oriente, una imagen de sumisión, recatamiento, misterio, extravagancia, de placeres, que exponen precisamente el imperialismo occidental.
M. Butterfly es una historia de secretos, polisemias e impenetrables recovecos.
El film es una especie de brujo demoníaco, que sabe comunicar la ansiedad del deseo, el "antropomorfismo", o sea, la calidad humana a los reflejos mágicos y divinizados de la imaginación.
En esta realización de 1993 vemos como la mente transforma la realidad que rodea al protagonista.
Pero en el momento mismo en que el frágil universo de éste se desmorona y lo hermético de su subjetiva percepción deja paso a la realidad, portadora de una verdad que le resulta insoportable, es entonces cuando la tragedia inevitable termina imponiéndose.
Sin duda es esta la película más atípica de la filmografía del canadiense David Cronenberg, un director acostumbrado a transitar los derroteros del cine fantástico y que en esta ocasión se enfrenta más que satisfactoriamente a esta adaptación de una conocida obra teatral.
Cronenberg añadió a la obra algunos elementos muy personales, su pasión por las atmósferas obsesivas, su extrema frialdad a la hora de describir las pasiones de sus personajes y su extrema economía narrativa.
M. Butterfly se basa en la obra de teatro del escritor norteamericano de origen chino David Henry Hwang,
Un celebrado drama que ganó el premio Tony a la mejor obra en 1988, y cuyo argumento se inspira en un caso real.
La frase de la obra de Hwang:
“Sólo un hombre sabe cómo debe actuar una mujer”
Fue la que disparó el interés de Cronenberg por llevar a cabo el respectivo proyecto cinematográfico.
La puesta en escena de la especial relación de amor que ocupa el centro de la historia en M. Butterfly, asume un ritmo moroso y se plasma en encuadres equilibrados y elegantes, acompañados por una exquisita y conmovedora música incidental en la banda sonora, compuesta por el talentoso Howard Shore, habitual colaborador de Cronenberg.
Son elevados, también, los aportes en cuanto a fotografía y dirección artística, rubros que sin dudas contribuyen a la excelencia de esta realización.
Es una película tan dura como diferente, tan imaginativa como turbadora.
M. Butterfly comienza en los años 60 en China cuando René Gamillard, un diplomático francés llega a la embajada francesa en Beijing.
Gamillard comienza asistir recurrentemente a la ópera China donde se enamora del personaje que interpreta el rol femenino.
El francés encuentra en Song, la manifestación más perfecta de una mujer.
Mientras su relación se desarrolla, el gobierno chino ordena a Song que sirva como espía.
Finalmente el francés traiciona a su país, siendo enjuiciado y condenado a prisión.
Es en este momento también cuando se da cuenta que la mujer de su vida no era en realidad lo que él esperaba evidentemente.
El final es uno de los momentos magistrales y mágicos que cualquier actor que se precie querría que quede inmortalizado en una cinta.
Jeremy Irons, al enamorarse de esa flemática y "levitante" muñeca china, ambigua, dignificable, pero suplantadora de las aristas contagiosas de un bello rostro femenino, nos lo demuestra a la perfección.
Realiza una de sus más brillantes interpretaciones.
Su desaparición final es casi antológica.
Pero antes, convertido en víctima propiciatoria y, por supuesto, consciente de lo que él estima "amor puro" (no exento naturalmente de deseo sexual), no se redime ante ese otro "amor equívoco" con que el delirante streap-tease de su ex-amante trata de recuperarlo.
John Lone es diseccionado como un hermafrodita masoquista, trastornado, y digno de compasión, entre inolvidables melodías y exóticas óperas chinas.
Siendo poco patriótico y eximente de un pasado poco acorde con el nuevo régimen imperante en la China Comunista de Mao, y que lo impulsan a acometer semejante metamorfosis de personalidad,
M. Butterfly examina hasta qué punto la mente humana puede condicionar su propia percepción de la realidad, en una variación del tema de la división mente/cuerpo a la que el director es tan afecto.
Sin embargo, el filme introduce una serie de elementos: ambientación exótica, acontecimientos históricos, motivaciones políticas, que para entonces podían considerarse nuevos en la obra de Cronenberg y que mostraban claramente su evolución, en la que los horrores físicos se sustituyen por horrores psicológicos.
En esta exultante M. Buttterfly que circunscribe la debilidad de Cronenberg por los miedos internos, la transformación corporal del hombre y los oscuros fondos de la mente humana, una de sus creaciones más redondas, bellas y misteriosas, una historia que oprime, asfixia, subyuga el alma haciendo cómplices de su ambigüedad romántica a un espectador aferrado, intrigado por los pliegues de un imprescindible Jeremy Irons en el pellejo del diplomático francés misteriosamente enamorado, hechizado, por una enigmática diva de la ópera de Pekín, Song Liling
Una relación tortuosa que llevará a Rene Gallimard a las cloacas del dolor ardiente, el impulso que roza la locura hasta implantarse en la ceguera de un amor indescifrable.
Cronenberg dilata la psicología de sus criaturas sin manipulaciones ni opulencias, trepando por los sentimientos de una manera turbadora, con la atmósfera adecuada y los componentes concretos, encarcelando sus peones con mano elegante, mitificando el entorno de una China nocturna y clandestina, inundada de secretos regados por el comunismo, la histeria internacional de una guerra inmediata, la revolución cultural o el espionaje integrista, el mismo que da encuadre al espacio que Cronenberg aplica a su metamorfosis parasitada, infectando las entrañas de una espiral obstruida por el llanto de una enfermiza necesidad de dependencia.
La banda sonora, compuesta con maestría por el hoy celebre Howard Shore, comparte los acordes cinematográficos, con la obra de Giacomo Puccini, Madama Butterfly.
Y aquí el único error (garrafal) de la cinta.
Madama Butterfly tiene como escenario Japón y no China, pese a que se hacen correcciones a este respecto durante la cinta, no perdona el descuido y conduce a la confusión y mala interpretación de las obras en común, donde lo correcto musicalmente pudo ser Turandot, cuyo escenario es chino y no japonés.
Pero el drama es meramente M. Butterfly.
Madama Butterfly (Señora Mariposa) es una ópera en tres actos (originalmente en dos actos) con música de Giacomo Puccini y libreto de Giuseppe Giacosa y Luigi Illica basado en la obra para teatro de David Belasco, quien a su vez se inspiró en el libro de Pierre Loti, Madame Chrysanthéme y también por relatos como el de John Luther Long, sobre una geisha que se convierte al cristianismo en una pequeña misión norteamericana de Nagasaki.
El norteamericano John Luther Long escribió Madame Butterfly basándose en un informe de su hermano, que vivía en Japón.
David Belasco, basándose en esta historia, escribió una obra de teatro que tuvo gran éxito.
Puccini la vio en Londres y se dio cuenta de que era apta para la ópera, a pesar de que no entendía bien el inglés.
Pidió a sus libretistas Illica y Giacosa un libreto basado en aquel argumento.
Puccini deseaba sobre todo que dos elementos de la obra teatral quedasen en primer plano: el amor y la traición.
Había que llenar la pieza, pobre en acción, con mucha música que expresara estos sentimientos.
Los autores hicieron una ampliación (explotable desde el punto de vista musical) de la nostálgica espera de la japonesa.
Con Madama Butterfly, Puccini encuentra el (largo) punto culminante de su inspiración melódica.
Desde el punto de vista técnico domina todo lo que la música de su época ha logrado.
Une la poesía más delicada al dramatismo más vertiginoso.
En esta obra utiliza en parte sonidos «exóticos», sin tomar un solo giro de la música del Lejano Oriente.
Obtiene el sonido extraño por medio de la escala fundamental y de los acordes «aumentados».
De Madame Butterfly se han hecho particularmente conocidas algunas piezas; sobre todo, el aria para soprano «Un bel di vedremo», el dúo de amor del final del primer acto, el «dúo de las flores» de las dos voces femeninas, el expresivo coro que susurra, la breve aria de despedida de Pinkerton, la conmovedora escena de la muerte de Butterfly.
Se estrenó en el Metropolitan Opera House de New York, en presencia de Puccini, el 11 de febrero de 1907 con Geraldine Farrar y Enrico Caruso en los roles principales.
Posteriormente, debido a las connotaciones negativas del personaje yanqui Pinkerton con la geisha Cio-Cio San, la ópera fue suspendida en Estados Unidos durante los años de la Segunda Guerra Mundial por el enfrentamiento bélico suscitado después de Pearl Harbor.
La opera ha inspirado varias películas como Madama Butterfly de 1932 con Cary Grant y Sylvia Sidney, "Mi dulce Geisha" con Shirley MacLaine (1962), el musical Miss Saigón y en parte M. Butterfly.
La más célebre Cio-Cio San desde la postguerra ha sido Renata Tebaldi, seguida por Victoria de los Ángeles y Renata Scotto.
Maria Callas fue una Butterfly importante pero su aspecto físico conspiró contra lo insignificante del rol, lo mismo sucedió con Leontyne Price y Montserrat Caballé, aunque magníficas todas, vocalmente La Callas resulta insuperable.
Respecto al título del film M. Butterfly, M. es la abreviatura francesa para Monsieur.
«Muera dignamente quien no pueda seguir viviendo con dignidad»
Cio-Cio-San



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