Tacones Lejanos
“El temor trágico y la piedad pueden ser provocados por el espectáculo; pero también pueden surgir de la misma estructura y los incidentes de la trama, que es el mejor camino y muestra el mejor poeta.
La fábula debe ser pues tan bien ordenada, que aún sin ver lo que acontece, quien sólo oye el relato ha de sentirse lleno de horror y piedad ante los incidentes…, provocar este mismo efecto por medio del espectáculo es menos artístico y requiere la ayuda de la escenografía.
Sin embargo, aquellos que utilizan el espectáculo para colocar delante de nosotros lo que es simplemente monstruoso y que no produce temor, desconocen por completo el sentido de la tragedia…”
Aristóteles
“La redención a través de la muerte”
La película Tacones Lejanos es una vez más una historia de mujeres, de madres, contada a través de los ojos de sus propios hijos: Rebecca y Eduardo.
Diferentes madres, dos egoísmos instrumentalizados de diferente manera que dan lugar a dos seres distintos que están destinados a encontrarse.
De nuevo la mujer se convierte en la protagonista de la filmografía Almodovariana.
Si se analiza la representación femenina que se ha venido mostrando de manera tradicional en el cine patriarcal, la visión del cineasta irrumpirá cambiando el discurso, haciendo suyo el punto de vista femenino, reestructurando una visión no estereotipada de la persona, el rol y el actor.
Estudiar el cine de Almodóvar es abordar una nueva perspectiva personal de los personajes femeninos, alejados de las figuras cinematográficas tratadas como objetos, modelizadas y visualizadas como símbolos icónicos convencionales.
El espectador se identifica con Rebeca, mujer casada con un ser despreciable.
Manuel, machista, chulo, egoísta y “facha”, que la humilla hasta el punto de serle infiel con su propia madre, que la ridiculiza en público y en privado hasta el punto de tener como amante a la compañera de los noticiarios de Rebeca.
Un ser insensible que lejos de preguntarse por la razón de la desazón de su mujer, se limita a tacharla de “rara”.
Nos enfrentamos al estereotipo de la mujer maltratada psicológicamente por su marido, un problema de género habitual en la sociedad contemporánea, representado por un personaje que no ha conocido el amor verdadero, y quiere aquello que le hace daño.
Es la relación a la que está acostumbrada desde niña, doblemente abandonada, primero por su madre, más tarde por su marido.
Será la niñez la que marque su vida de adulto.
El personaje de Rebeca parece que ha nacido para sufrir, pero es de una manera “esperpéntica” como se libera de todas las ataduras.
Encuentra el amor en un travesti, que rompiendo con los estereotipos tiene una doble profesión: la de juez.
Eduardo es el juez Domínguez, el travestido Letal, figura masculina feminizada ambigua.
Almodóvar define de forma clara la personalidad de los personajes femeninos, y sin embargo, en este caso el de un hombre ambiguo, en conflicto por no haberse sabido adaptar al momento que le ha tocado vivir.
La identidad varonil deberá demostrar su condición frente a la avalancha de los recién conquistados derechos de la mujer, razón por lo que le cuesta ubicarse en la sociedad contemporánea.
En el mundo ambiguo donde evolucionan los personajes, Letal participa imitando a Becky, madre de Rebeca, por lo que cabría preguntarse si son una única persona con un desdoblamiento de la personalidad, o tal vez una sobre interpretación que evidencia lo inestable del personaje.
La antítesis es el juez, ejemplo de seriedad, formalismo, rigor, rectitud, etc., el cual como paradoja trabaja de travestido…
La personalidad de Beky es construida al inicio del largometraje.
Sufre al final de la película un arco de transformación importante: es redimida cristianamente de la culpa de no haberse ocupado de la hija con su autoinculpación en la muerte de Manuel.
Nos encontramos ante un ejemplo más de la redención del perdón a través del dolor.
En el caso concreto de Rebeca, su pasado marca fuertemente sus acciones y su personalidad.
En su infancia deseaba ardientemente estar con su madre, y se siente abandonada por esta.
Es mediante el asesinato del padrastro cuando el personaje se acerca más intensamente a la figura materna.
Pero el desenlace es negativo para la protagonista, al conseguirlo da paso a Manolo, el periodista que entrevista a su madre, y que luego se convertirá en amante de Becky y marido de Rebeca.
Así Rebeca es la hija abandonada por la madre.
Tiene una necesidad fuerte de cariño pues los dos padres están ausentes en su vida de manera permanente.
Su personaje se va construyendo a través de la película, rodeada de un universo, digamos que, ambiguo en la sexualidad cuyo origen se debe a varios hechos:
Un padre ausente, una velada insinuación de una posible relación lésbica entre su madre Becky y su secretaria, y por último, Letal, personaje travestido que llega a hacerle el amor con un aspecto formal de ambigüedad sexual embarazándola.
Tacones Lejanos es una película española de 1991, dirigida por Pedro Almodóvar.
Con Victoria Abril, Miguel Bosé, Marisa Paredes, Miriam Díaz Aroca, Javier Bardem, Ana Lizarán,Cristina Marcos, Féodor Atkine, Bibí Andersen, Nacho Martínez, entre otros.
La música es de Ryuichi Sakamoto, el músico japonés que ganó un Oscar por The Last Emperor.
Y míticas las dos canciones de mi siempre adorada cantante Luz Casal: “Piensa En Mí” y “Un Año De Amor”, especialmente la primera que la llevó a la fama mundial dos veces.
El vestuario no podía ser otro, evidentemente Chanel para La Abril y Giorgio Armani para Paredes.
En Tacones Lejanos hay pasión a raudales, sentimientos a flor de piel, melodramón en carne viva, humor, amor, odio y frescura, mucha frescura.
Los actores están perfectamente sintonizados con el mundo del manchego y no dudan en poner toda la carne en el asador, conscientes de que en cine español no volverían a catar muchos guiones de ese calibre.
Y por una vez, la escena de sexo no sobra, vaya, es un calentón importante.
Becky (Marisa Paredes), es la madre de Rebeca, es una mujer sofisticada, moderna, independiente, egoísta, artista y cantante en sus principios pop, creadora de tendencias.
Eduardo (Miguel Bosé), es el juez Domínguez y el travestido Letal, de figura masculina feminizada.
Curiosamente, Bosé es el hijo del torero español Luis Miguel González Lucas, conocido en los ruedos como Luis Miguel Dominguín.
Almodóvar hace un juego de palabras y personifica al padre de Bosé en el juez, la curiosidad viene a que en ese tiempo al cantante se le cuestionaba su sexualidad, mucho más después de actuar en esta cinta y nos hace entrever si tiene algo personal este hecho y su relación con su padre, en fin, es un cabo abierto a la libre interpretación.
Almodóvar demuestra con este personaje de nuevo que es un buen director de mujeres, o de hombres sin embargo poco definido y en conflicto.
Letal imita a Becky, personaje esperpéntico y hasta poco creíble.
La antítesis es un juez, ejemplo de seriedad, formalismo, rigor, rectitud, etc., el cual trabaja de travestido.
Este personaje es utilizado por Almodóvar para ridiculizar los estereotipos masculinos tradicionales, entre ellos, la imagen hombre/justicia.
El personaje representado por Miriam Díaz Aroca (Isabel) es el de presentadora traductora de sordomudos, estereotipo de chica guapa y tonta, aunque muestra su ambigüedad cuando cuenta en el interrogatorio las veces que se acostó con Manuel delante de la viuda con total naturalidad, sin atisbo de remordimiento, como si las normas saltaran por los aires al hacer visible la hipocresía social con absoluto realismo.
Es la clásica femme fatale o vamp, mujer mala por naturaleza, la perdición de los hombres, la otra chica del gánster (suelen tener una buena/tonta y otra de este estilo).
Son ambiciosas, peligrosas y fatales para el hombre que se encapricha de ellas.
Tienen cierta tendencia a la autodestrucción.
De alto poder de seducción y malas costumbres morales y físicas, su belleza y juventud se terminan marchitando hasta llegar a la enfermedad o la muerte como justo castigo a sus vidas disolutas.
Isabel es una variedad étnica de esta categoría.
El personaje de la película romperá el estereotipo, presentándose como un personaje bueno, también víctima de las rígidas normas sociales.
La madre de Eduardo es una señora autoritaria y egocéntrica, con poder sobre el hijo, la única manera de librarse de la tiranía por parte de Eduardo será llevar una doble vida.
Rebeca aunque es la asesina, despierta simpatía.
Su infancia está marcada por la ausencia de la madre y del padre, en contrapartida, elige un marido/padre que ejerce el rol clásico autoritario.
En este contexto se desarrolla una rivalidad dramática entre madre e hija, al más puro estilo freudiano, las cuales lucharán por el amor del hombre.
En un giro dramático se muestra una realidad esperpéntica: el asesinato noticiado en la televisión, se convierte en un nuevo un nudo de la trama que permite avanzar al guión.
Se comienza a vislumbrar cual es el paradigma: la competencia entre Rebecca y su madre y una constante comparación con ésta.
La protagonista contará todo lo que piensa a su madre en un juicio “ficticio” en el que qué se intercambian los papeles:
La hija se convierte en juez de la madre; ésta teme a su hija pues la enfrenta a la realidad, ha sido un pésimo modelo que abandonó a su criatura, el clima de melodrama se incrementa cuando a pesar de todo, la hija repite a la madre que la quiere.
Nos encontramos ante un planteamiento judeo-cristiano: la madre se redime salvando a la hija al auto inculparse.
Rebeca ayudará a su madre matando al segundo marido para que ésta pueda ir a México, de esta manera lavará sus culpas con la autoinculpación.
Los roles se cambian y la madre se mostrará finalmente como un ser infantil, inmadura, siendo la hija la que cuidará a su madre aun habiendo sido abandonada.
"De pequeña cuando vivíamos juntas, no podía dormirme hasta que no oía el ruido de tus tacones a lo lejos..."
La fábula debe ser pues tan bien ordenada, que aún sin ver lo que acontece, quien sólo oye el relato ha de sentirse lleno de horror y piedad ante los incidentes…, provocar este mismo efecto por medio del espectáculo es menos artístico y requiere la ayuda de la escenografía.
Sin embargo, aquellos que utilizan el espectáculo para colocar delante de nosotros lo que es simplemente monstruoso y que no produce temor, desconocen por completo el sentido de la tragedia…”
Aristóteles
“La redención a través de la muerte”
La película Tacones Lejanos es una vez más una historia de mujeres, de madres, contada a través de los ojos de sus propios hijos: Rebecca y Eduardo.
Diferentes madres, dos egoísmos instrumentalizados de diferente manera que dan lugar a dos seres distintos que están destinados a encontrarse.
De nuevo la mujer se convierte en la protagonista de la filmografía Almodovariana.
Si se analiza la representación femenina que se ha venido mostrando de manera tradicional en el cine patriarcal, la visión del cineasta irrumpirá cambiando el discurso, haciendo suyo el punto de vista femenino, reestructurando una visión no estereotipada de la persona, el rol y el actor.
Estudiar el cine de Almodóvar es abordar una nueva perspectiva personal de los personajes femeninos, alejados de las figuras cinematográficas tratadas como objetos, modelizadas y visualizadas como símbolos icónicos convencionales.
El espectador se identifica con Rebeca, mujer casada con un ser despreciable.
Manuel, machista, chulo, egoísta y “facha”, que la humilla hasta el punto de serle infiel con su propia madre, que la ridiculiza en público y en privado hasta el punto de tener como amante a la compañera de los noticiarios de Rebeca.
Un ser insensible que lejos de preguntarse por la razón de la desazón de su mujer, se limita a tacharla de “rara”.
Nos enfrentamos al estereotipo de la mujer maltratada psicológicamente por su marido, un problema de género habitual en la sociedad contemporánea, representado por un personaje que no ha conocido el amor verdadero, y quiere aquello que le hace daño.
Es la relación a la que está acostumbrada desde niña, doblemente abandonada, primero por su madre, más tarde por su marido.
Será la niñez la que marque su vida de adulto.
El personaje de Rebeca parece que ha nacido para sufrir, pero es de una manera “esperpéntica” como se libera de todas las ataduras.
Encuentra el amor en un travesti, que rompiendo con los estereotipos tiene una doble profesión: la de juez.
Eduardo es el juez Domínguez, el travestido Letal, figura masculina feminizada ambigua.
Almodóvar define de forma clara la personalidad de los personajes femeninos, y sin embargo, en este caso el de un hombre ambiguo, en conflicto por no haberse sabido adaptar al momento que le ha tocado vivir.
La identidad varonil deberá demostrar su condición frente a la avalancha de los recién conquistados derechos de la mujer, razón por lo que le cuesta ubicarse en la sociedad contemporánea.
En el mundo ambiguo donde evolucionan los personajes, Letal participa imitando a Becky, madre de Rebeca, por lo que cabría preguntarse si son una única persona con un desdoblamiento de la personalidad, o tal vez una sobre interpretación que evidencia lo inestable del personaje.
La antítesis es el juez, ejemplo de seriedad, formalismo, rigor, rectitud, etc., el cual como paradoja trabaja de travestido…
La personalidad de Beky es construida al inicio del largometraje.
Sufre al final de la película un arco de transformación importante: es redimida cristianamente de la culpa de no haberse ocupado de la hija con su autoinculpación en la muerte de Manuel.
Nos encontramos ante un ejemplo más de la redención del perdón a través del dolor.
En el caso concreto de Rebeca, su pasado marca fuertemente sus acciones y su personalidad.
En su infancia deseaba ardientemente estar con su madre, y se siente abandonada por esta.
Es mediante el asesinato del padrastro cuando el personaje se acerca más intensamente a la figura materna.
Pero el desenlace es negativo para la protagonista, al conseguirlo da paso a Manolo, el periodista que entrevista a su madre, y que luego se convertirá en amante de Becky y marido de Rebeca.
Así Rebeca es la hija abandonada por la madre.
Tiene una necesidad fuerte de cariño pues los dos padres están ausentes en su vida de manera permanente.
Su personaje se va construyendo a través de la película, rodeada de un universo, digamos que, ambiguo en la sexualidad cuyo origen se debe a varios hechos:
Un padre ausente, una velada insinuación de una posible relación lésbica entre su madre Becky y su secretaria, y por último, Letal, personaje travestido que llega a hacerle el amor con un aspecto formal de ambigüedad sexual embarazándola.
Tacones Lejanos es una película española de 1991, dirigida por Pedro Almodóvar.
Con Victoria Abril, Miguel Bosé, Marisa Paredes, Miriam Díaz Aroca, Javier Bardem, Ana Lizarán,Cristina Marcos, Féodor Atkine, Bibí Andersen, Nacho Martínez, entre otros.
La música es de Ryuichi Sakamoto, el músico japonés que ganó un Oscar por The Last Emperor.
Y míticas las dos canciones de mi siempre adorada cantante Luz Casal: “Piensa En Mí” y “Un Año De Amor”, especialmente la primera que la llevó a la fama mundial dos veces.
El vestuario no podía ser otro, evidentemente Chanel para La Abril y Giorgio Armani para Paredes.
En Tacones Lejanos hay pasión a raudales, sentimientos a flor de piel, melodramón en carne viva, humor, amor, odio y frescura, mucha frescura.
Los actores están perfectamente sintonizados con el mundo del manchego y no dudan en poner toda la carne en el asador, conscientes de que en cine español no volverían a catar muchos guiones de ese calibre.
Y por una vez, la escena de sexo no sobra, vaya, es un calentón importante.
Becky (Marisa Paredes), es la madre de Rebeca, es una mujer sofisticada, moderna, independiente, egoísta, artista y cantante en sus principios pop, creadora de tendencias.
Eduardo (Miguel Bosé), es el juez Domínguez y el travestido Letal, de figura masculina feminizada.
Curiosamente, Bosé es el hijo del torero español Luis Miguel González Lucas, conocido en los ruedos como Luis Miguel Dominguín.
Almodóvar hace un juego de palabras y personifica al padre de Bosé en el juez, la curiosidad viene a que en ese tiempo al cantante se le cuestionaba su sexualidad, mucho más después de actuar en esta cinta y nos hace entrever si tiene algo personal este hecho y su relación con su padre, en fin, es un cabo abierto a la libre interpretación.
Almodóvar demuestra con este personaje de nuevo que es un buen director de mujeres, o de hombres sin embargo poco definido y en conflicto.
Letal imita a Becky, personaje esperpéntico y hasta poco creíble.
La antítesis es un juez, ejemplo de seriedad, formalismo, rigor, rectitud, etc., el cual trabaja de travestido.
Este personaje es utilizado por Almodóvar para ridiculizar los estereotipos masculinos tradicionales, entre ellos, la imagen hombre/justicia.
El personaje representado por Miriam Díaz Aroca (Isabel) es el de presentadora traductora de sordomudos, estereotipo de chica guapa y tonta, aunque muestra su ambigüedad cuando cuenta en el interrogatorio las veces que se acostó con Manuel delante de la viuda con total naturalidad, sin atisbo de remordimiento, como si las normas saltaran por los aires al hacer visible la hipocresía social con absoluto realismo.
Es la clásica femme fatale o vamp, mujer mala por naturaleza, la perdición de los hombres, la otra chica del gánster (suelen tener una buena/tonta y otra de este estilo).
Son ambiciosas, peligrosas y fatales para el hombre que se encapricha de ellas.
Tienen cierta tendencia a la autodestrucción.
De alto poder de seducción y malas costumbres morales y físicas, su belleza y juventud se terminan marchitando hasta llegar a la enfermedad o la muerte como justo castigo a sus vidas disolutas.
Isabel es una variedad étnica de esta categoría.
El personaje de la película romperá el estereotipo, presentándose como un personaje bueno, también víctima de las rígidas normas sociales.
La madre de Eduardo es una señora autoritaria y egocéntrica, con poder sobre el hijo, la única manera de librarse de la tiranía por parte de Eduardo será llevar una doble vida.
Rebeca aunque es la asesina, despierta simpatía.
Su infancia está marcada por la ausencia de la madre y del padre, en contrapartida, elige un marido/padre que ejerce el rol clásico autoritario.
En este contexto se desarrolla una rivalidad dramática entre madre e hija, al más puro estilo freudiano, las cuales lucharán por el amor del hombre.
En un giro dramático se muestra una realidad esperpéntica: el asesinato noticiado en la televisión, se convierte en un nuevo un nudo de la trama que permite avanzar al guión.
Se comienza a vislumbrar cual es el paradigma: la competencia entre Rebecca y su madre y una constante comparación con ésta.
La protagonista contará todo lo que piensa a su madre en un juicio “ficticio” en el que qué se intercambian los papeles:
La hija se convierte en juez de la madre; ésta teme a su hija pues la enfrenta a la realidad, ha sido un pésimo modelo que abandonó a su criatura, el clima de melodrama se incrementa cuando a pesar de todo, la hija repite a la madre que la quiere.
Nos encontramos ante un planteamiento judeo-cristiano: la madre se redime salvando a la hija al auto inculparse.
Rebeca ayudará a su madre matando al segundo marido para que ésta pueda ir a México, de esta manera lavará sus culpas con la autoinculpación.
Los roles se cambian y la madre se mostrará finalmente como un ser infantil, inmadura, siendo la hija la que cuidará a su madre aun habiendo sido abandonada.
"De pequeña cuando vivíamos juntas, no podía dormirme hasta que no oía el ruido de tus tacones a lo lejos..."



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